El último domingo de cada mes, en la ciudad de Miami, se realiza una caravana de autos, pequeña, pero consistente, para protestar en contra del bloqueo embargo que Estados Unidos de América ha impuesto al pueblo de Cuba desde 1962.

A lo largo de ese tiempo, las medidas de la infame e injustificada acción, ha cambiado su intensidad, y lamentablemente ha sido para arreciar el oneroso empeño del gigantesco país, quien unilateralmente se autodenomina adalid de la democracia.

Siempre participo en esos eventos y durante los mismos hago declaraciones en Radio Miami, el medio que ayudé a fundar, aunque la mayoría de las veces por razones de espacio, no son publicadas, cediendo el lugar a otras de diferente enfoque.

Sin embargo, en honor a la diversidad y a la realidad de los hechos, es bueno insistir en ciertos ángulos que potencialmente tienen una mayor universalidad que el mensaje airado expresado por un grupo de personas de origen cubano, que sistemáticamente intentan con injurias acallar la altisonante voz de los participantes en esas manifestaciones públicas. Fundamentalmente acusándolos de castristas y agentes del gobierno de Cuba.

La protesta en contra del bloqueo embargo no es sólo una petición del gobierno cubano, quien apela a los organismos internacionales y a los más de 200 países registrados, rechazando con sólidos argumentos la arbitraria medida

Durante mi mayor actividad pública a favor del respeto a la soberanía de Cuba y del resto de los países, siempre y cuando no existan violaciones criminales y abusos físicos en contra de sus ciudadanos, he abogado por deslindar, con el cuidado de un neurocirujano, las gestiones del gobierno cubano de las luchas ciudadanas que, coincidentemente con las primeras, abogan a favor del cese inmediato de ese crimen de lesa humanidad que se comete en contra del pueblo cubano por Estados Unidos de América desde el año 1962.

Existen cubanos emigrados, muy pocos en mi experiencia, que aprueban del programa político y los aspectos esenciales del sistema cubano y hay una mayoría absoluta que desaprueba del embargo bloqueo. Especialmente en la ciudad de Miami la mayoría de los cubanos, deslindan su apego por el país que los vio nacer, del gobierno que critican a veces o del cual callan sus opiniones ante determinados sucesos quizás para mantener distancia de políticas que a penas entienden ni les interesa conocer.

Pero como las medidas del bloqueo embargo afectan la vida ciudadana de familiares y amigos de cientos de miles de emigrados, mientras el poder político e ideológico cubano permanece incólume, esos ciudadanos se oponen fervientemente a dicha arbitrariedad. El gobierno de Cuba, en medio de las agresiones, se ha dado incluso el lujo de cambiar e implementar nuevos programas de gobierno, al margen de la política estadounidense. Y hacemos la aclaración, aunque parezca de Perogrullo, porque la razón que dio origen al bloqueo embargo fue precisamente el derrocamiento del poder revolucionario. Sin embargo, ese poder continúa rigiendo los destinos del país en medio de las dificultades continúa su camino.

Las manifestaciones públicas, quizás no sean de una gran efectividad políticamente hablando en los corredores de Washington. Incluso por su magnitud no son argumento alguno a la hora de cabildear a favor del levantamiento del bloqueo ante la Casa Blanca o el Congreso. Pero son un deber ético y una obligación moral para quienes creemos honestamente en la soberanía y la libertad de las naciones dentro del contexto de las relaciones internacionales.

Y los emigrados cubanos, deben meditar sobre su efectividad si ellos cooperasen y pusieran su mejor empeño por hacerlas más nutridas. Para ser efectivos a eses fin deben tener presente que las caravanas de autos mensuales y todas las demás que puedan hacerse, no son con el propósito de halagar al gobierno cubano y tampoco de ofender a quienes defienden el bloqueo embargo.

A la única instancia que hay que pedir permiso para protestar en las calles estadounidenses o de cualquier otro país, es a las autoridades que rigen el orden dentro de esas fronteras nacionales.

El emigrado cubano que ama a su país y a sus conciudadanos, debe actuar al margen de su concordancia o desacuerdo con los intereses del gobierno en la Isla y actuar acorde con sus valores del más sentido compromiso ético social. Debe hacerlo, al margen que ese gobierno agradezca en buena lid el gesto de ver tanto cubano amante de su nación, defendiéndola frente a las injusticias de un país tan poderoso como Estados Unidos de América. Bienvenido el agradecimiento pero el objetivo es Cuba y no la complacencia o el rechazo a la política de ningún gobierno.

Lamentablemente la mayoría emigrada cubana siempre sospecha y asegura que quienes asisten a esas protestas están vinculadas al gobierno de turno cubano, porque al margen de las razones económicas que, en esencia, lo llevaron a emigrar, arrastran un remanente político de crítica acerva hacia el poder del estado y guardan sentimientos de oposición más o menos manifiestos.

Es cierto que la mayoría de los manifestantes tradicionales tienen algún tipo de simpatía por el gobierno, (por las razones que sean), pero la culpa de esto es sólo responsabilidad de quienes no participan, y cuya presencia en dichas protestas ayudaría a poner presión para que termine semejante pesadilla, lo cual se traduciría en un enorme beneficio para ellos.

Solamente terminando con esa noche abusivamente oscura de la historia de Washington, frente a un país cuyo único delito es abogar por un sistema diferente al existente en esta región de Norteamérica, esos emigrados podrán viajar libremente y hacer lo que les plazca sin que las autoridades de un país extranjero les impongan onerosas normas de conducta. Además, de ese modo van a contribuir para que las condiciones materiales mejoren para todos quienes han decidido permanecer en la Isla o simplemente no han podido emigrar.

Esto es una observación repetida de mi parte. Es un sueño quizás. El idealismo y los deberes políticos morales han podido presionar más en mí que ningún otro factor económico, partidista, ideológico, religioso o cultural.

Ojalá un día pueda ver marchar en nutrido grupo de decenas de miles a cubanos por las calles de Washington, pidiendo el fin del bloqueo, la cesación del embargo y su derecho a regresar a su tierra, a esas calles estrechas, que tal parecen diseñadas para que ningún vecino se aleje, donde cada mañana reciban fragancias nunca olvidadas y la vibración de sus más vívidos y reales recuerdos. Y ojalá, en ese instante ninguno piense que complacemos institución alguna en esa marcha, excepto a los amores ya magnificados por el recuerdo, del cual nos alejamos un día nublado que muchos no queremos recordar.