A Eduardo Chibás  en el aniversario de su muerte

Traducido del más allá por  Max Lesnik

Hoy 16 de agosto se cumple otro aniversario de la trágica muerte del líder  del Partido del Pueblo Cubano Eduardo Chibás. Acabamos de llegar  de La Habana en breve  estancia de unos pocos  días  con motivo del  noventa cumpleaños  de  Fidel, celebración emotiva que se llevó  a cabo  en el teatro Carlos  Marx con la presentación en escena  de una  obra teatral de Juan Carlos  Cremata  interpretada por el grupo  infantil  “a Colmenita”, evocando a José Martí  y a  Fidel, a la cual  tuvimos   el  alto honor  de  haber sido  invitados en representación de la Alianza Martiana de  Miami.

Sin apenas tiempo para sacudirnos  el  polvo  del  camino y menos para escribir  como sería  mi deseo  unas líneas en recordación  de  quien  fuera nuestro mentor  político  de  mis  años  juveniles, y no queriendo pasar  la  fecha  sin evocar  la  memoria  de  Eduardo  Chibás en el  aniversario  de  su  muerte, vamos  a dar  lectura  a lo que  escribió en el día  de  hoy en el  diario  Granma  de  La  Habana

Pedro Antonio García con el título de  “Chibás :  Mas allá  de la  polemica”. Dice así el diario oficial del Partido y gobierno revolucionario cubano:

“En medio de una enconada polémica con un ministro del gobierno de Carlos Prío, a quien acusaba de corrupción sin que pudiera presentar pruebas de ello, el senador Eduardo Chibás, jefe del Partido Ortodoxo, se disparó un tiro frente a los micrófonos mientras finalizaba su alocución radial. Tras una agonía de once días, falleció el 16 de agosto de 1951. Su entierro fue una manifestación de duelo popular, la más grande durante la neocolonia. Desde entonces, este político ha sido tema recurrente en debates historiográficos y artículos periodísticos.

Lamentablemente las valoraciones sobre tal personalidad están permeadas por la apología o la satanización. Chibás no fue un ser perfecto. Emocional hasta la médula, en ocasiones pecó de injusto y le otorgaba veracidad a una fuente sin verificarla ni contrastarla, por lo que cometió graves errores políticos. Ingenuo a veces, como perdonaba con facilidad los agravios hechos a su persona, pensaba que los agraviados por él adoptarían igual actitud.

Lo que sí no se entiende es que quienes lo satanizan, en franco maniqueísmo, no reconozcan virtud alguna en él, incluso nieguen sus actitudes antimperialistas. Olvidan sus cruzadas contra algunos monopolios yanquis radicados en Cuba, entre ellas, su enfrentamiento contra la mal llamada Compañía Cubana de Electricidad, por el abusivo aumento de las tarifas.

Cuando presentó un recurso contra ese aumento, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) votó por mayoría a favor del consorcio estadounidense. Chibás denunció, primero en la radio y luego en Bohemia (6 de marzo de 1949), que ciertos magistrados habían “violado la Ley antipatrióticamente, sirviendo los intereses ilegítimos, imperialistas y anticubanos del pulpo eléctrico”.

Los magistrados aludidos se querellaron contra el líder ortodoxo. Un tribunal lo condenó a seis meses de cárcel.

Confinado al Castillo del Príncipe, convocó al pueblo a intensificar la lucha contra las arbitrariedades de “la Compañía Anticubana de Electricidad…, la Cuban Telephone Company y el consorcio de las tres S” (las empresas petroleras Standard Oil, Shell y Sinclair). Y desde su celda ganó la batalla.

También se opuso a los empréstitos concertados con la banca norteamericana. A la revista Bohemia (10 de abril de 1949), declaró: “Lucharemos por impedir que los presentes gobernantes hipotequen de nuevo la república. Estamos al borde de una gran batalla contra las grandes corporaciones imperialistas, batalla que el Partido del Pueblo Cubano librará con entusiasmo y decisión por la independencia económica de nuestra Patria”.

Después, en carta abierta al presidente Carlos Prío (Bo­hemia, 31 de julio de 1949), afirmaba: “Sabes bien que los empréstitos constituyen el instrumento de penetración del imperialismo, el arma favorita de la ‘política del dólar’ para sojuzgar económicamente a los pueblos de nuestra América”.

Chibás, es bueno aclarar, no fue marxista. Incluso tenía grandes prejuicios contra la Unión Soviética, a la vez que consideraba a Lenin paradigma de revolucionario. Defensor de la propiedad privada y la economía de mercado, pretendía solucionar el problema cubano con un desarrollo capitalista independiente, dentro de los marcos de la legalidad burguesa y con una importante intervención del Estado. Su Programa de Gobierno (Bohemia, 25 de abril de 1948) se basaba más en la ética y la honradez administrativa que en una transformación radical de la economía del país.

Chibás propugnaba la nacionalización de los servicios públicos (gas, electricidad, teléfonos, transporte ferroviario, etcétera), la eliminación de la discriminación racial, la organización de los pequeños agricultores en cooperativas de producción, distribución y consumo; y una Reforma Educacional que in­cluía la alfabetización del casi 30 % de iletrados existentes en el país y la enseñanza primaria obligatoria. Su “Reforma Agraria” era muy tímida: reparto de las tierras del Estado y establecimiento de impuestos a los latifundistas por los terrenos baldíos; en último caso, la confiscación de estos se haría mediante compensación inmediata.

Sus prejuicios hacia el movimiento comunista cubano, del cual fue un acervo crítico, no le impidieron coincidir con él en ciertas batallas. Dentro de los políticos burgueses, el líder ortodoxo fue quien denunció con más fuerza los asesinatos de Jesús Menéndez y Aracelio Iglesias, a quienes llamó “destacados dirigentes de la clase trabajadora”. Igualmente condenó la clausura del diario Hoy, órgano de los comunistas, en 1950, por parte del presidente Prío.

Es necesario colocar a Eduardo Chibás en su justo lugar. Como dijo Jesús Montané, moncadista y expedicionario del Granma, “cuando pocos parecían creer, él levantó la fe. Cuando parecía que el espíritu patriótico de los cubanos sería sepultado en la marea de la corrupción y el entreguismo, él encendió en los corazones, con su prédica ardiente, el ansia de vivir y sacrificarse por Cuba”.

Y hasta mañana miércoles  amigos  de El  Duende que con mi gallo me voy cantando a  mi tumba fría. Bambarambay.

1 eduardo_chivas 3 Es necesario colocar a Eduardo Chibás en su justo lugar

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