Foto: Archivo de Granma

«Tu causa, tu ideal, dejó de ser la causa y la idea de un Partido, para convertirse en la causa, en la idea y en la ilusión de todo un pueblo», dijo el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz el 16 de enero de 1959 ante la tumba de Eduardo Chibás, líder del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), fallecido el 16 de agosto de 1951.

Con un disparo fatal por la vergüenza, que llamó su último aldabonazo, cerró su vida Chibás de cuya muerte se cumplen 72 años.

Tras una larga agonía de 11 días, al dispararse un tiro en el abdomen el 5 de agosto ante los micrófonos de la emisora radial CMQ mientras dirigía una alocución contra la política deshonesta del presidente Carlos Prío, falleció el político que centró su lucha contra la corrupción en el lema «Vergüenza contra dinero».

Su entierro fue la mayor manifestación de duelo popular registrada hasta entonces en el país y las palabras de homenaje en su tumba fue una de las primeras acciones del triunfante jefe del Ejército Rebelde.

A sólo 16 días de derrocar la dictadura batistiana a la que se enfrentó Chibás, Fidel afirmó ante su tumba:

«Entre los jóvenes que seguían a Chibás se reclutaron principalmente nuestros combatientes.  Si no hubiese existido aquella juventud, si no hubiese existido aquella prédica, si no se hubiese sembrado aquella semilla, el 26 de julio no hubiese sido posible.  El 26 de julio fue, pues, la continuación de la obra de Chibás, el cultivo de la semilla que él sembró en nuestro pueblo.

«Sin Eduardo Chibás no hubiese sido posible la Revolución Cubana. Nos faltó su presencia física, todos le echamos de menos, todos no decíamos más que una frase: “Si Eduardo Chibás estuviera vivo, si Eduardo Chibás estuviera junto a su pueblo” y lo decíamos con amargura, lo decíamos como si hubiésemos perdido la esperanza y, sin embargo, Eduardo Chibás no nos había abandonado, Eduardo Chibás estaba con el pueblo, Eduardo Chibás estaba presente, su obra estaba latente en el pueblo, y sobre esa base se edificó la Revolución triunfante que hoy está en el poder».

En los jóvenes de la llamada Generación del Centenario, que nació tras el golpe de Estado de Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952, era un rasgo común la huella que habían dejado la ejecutoria y prédicas del líder ortodoxo contra las deformaciones y vicios de la República neocolonial.

Chibás encarnaba entonces la honradez y la honestidad y había acusado públicamente en 1950 al ministro de Educación del gobierno de Prío del robo de grandes sumas de dinero del presupuesto nacional, pero como no pudo obtener pruebas de su denuncia, acudió al suicidio para lavar su honor.

Igualmente estuvo Chibás en el célebre documento dirigido a la nación, conocido como el Manifiesto del Moncada, escrito por el poeta de la Generación del Centenario Raúl Gómez García, donde se proclamaba:

«Se levanta el espíritu nacional desde lo más recóndito del alma de los hombres libres. Se levanta para proseguir la revolución inacabada de Céspedes en 1868, que continuó Martí en 1895, y actualizaron Guiteras y Chibás en la época republicana. En la vergüenza de los hombres de Cuba se asienta el triunfo de la Revolución Cubana. La Revolución que no ha triunfado todavía. Por la dignidad y el decoro de los hombres de Cuba, esta Revolución triunfará».

Eduardo René Chibás y Rivas nació en Santiago de Cuba el 26 de agosto de 1907 y murió La Habana poco antes de cumplir 44 años. Fue un relevante político cubano destacado en la lucha contra la dictadura de Gerardo Machado y la denuncia de la corrupción en la Cuba prerrevolucionaria.

A los 17 años matriculó la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana y fue miembro del Directorio Estudiantil Universitario. Con 18 años participa en la manifestación del 17 de diciembre de 1925 para exigir la libertad de Julio Antonio Mella y, al ser detenidos por la fuerza pública en el Parque Central se enfrenta a los uniformados gritándoles «¡Una Constitución escrita con la sangre de Maceo y Martí debe ser respetada!».

Es expulsado de la Universidad por sus actividades contra la prórroga de poderes impuesta por Machado, y luego de la caída del dictador tuvo gran influencia en la Comisión Ejecutiva y el Gobierno de los Cien Días.

En 1938 ingresó en el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico). Fue delegado a la Constituyente y Representante a la Cámara en 1940, fustiga al gobierno de Fulgencio Batista por prestarse al agiotismo, la bolsa negra y los asesinatos políticos y lo califica de «una catástrofe nacional de gigantescas proporciones».

Desengañado del autenticismo por la inmoralidad pública y la corrupción funda el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) bajo la consigna “Vergüenza contra Dinero” y crea la hora radial La Voz de las Antillas, donde defiende los intereses del pueblo cubano.

«Aquí junto a esta tumba -dijo Fidel a pocos días del triunfo- que está llena de recuerdos para todos nosotros y que hoy no simboliza sólo a aquel gran paladín que cayera cuando más lo necesitábamos, sino también a aquellos que cayeron en la lucha y que tanto los necesitamos hoy:  Eduardo Chibás, Pelayo Cuervo Navarro y Juan Manuel Márquez.  Ningún homenaje, pues, más sincero, más ferviente y más espontáneo».