Radio-miami.org le publica a la colega mexicana Patricia Barba el siguiente artículo 10 de junio no se olvida.., una fecha que siempre debe ser recordada por México y el mundo
“Los terroristas, secuestradores y delincuentes estaban integrados por hombres y mujeres que provienen de hogares disfuncionales y con «un alto grado de homosexualidad». (Luis Echeverría Álvarez).
En la conmemoración de esta fecha aciaga y representativa de la esencia del autoritarismo y la escandalosa violación de todos los derechos en aras de defender los privilegios de unos cuantos por parte de una camarilla delictiva disfrazada de «clase política», es imprescindible realizar una profunda reflexión respecto de los últimos acontecimientos en los que un sector privilegiado y la camarilla que lo servía, furiosos por la pérdida del paraíso de corrupción e impunidad en que vivían a costa del hambre y el sufrimiento de grandes mayorías marginadas, intentan regresar a ese tenebroso statu quo, el de Díaz Ordaz, de Luis Echeverría, de López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.
La frase «10 de junio no se olvida» encierra más que la sola conmemoración. Implica un permanente compromiso de parte de esa gran mayoría que aquél histórico 1 de julio de 2018 decidimos, por fin, ponerle un hasta aquí al cúmulo infame de abusos y extrema descomposición política que casi logró destruirnos como nación. Implica el trabajo de escuchar pero con un sentido de escepticismo racional, un nivel de análisis lógico y sustentado en evidencias e información de buena fuente y con base en todo esto, hacer lo que sea necesario para contrarrestar la guerra de cuarta generación y golpe «blando» que desde hace décadas, especialmente desde 2005 se viene preparando en contra de un proyecto de país distinto al esperpento que hasta aquella fecha nos venía victimizando.
En el creciente universo de medios digitales y alternativos, se torna a veces complicado separar las convicciones de lo que se publica debido, entre otros factores, a una confusión conceptual. En otras palabras, cuando un medio recibe apoyo monetario (principalmente) de una persona o institución y su existencia depende totalmente de ello, es difícil reportar con apego a la realidad. En ese caso, lo idóneo es tener independencia para entregar a los lectores y escuchas las noticias tal como ocurren y acompañarlas con un análisis inteligente y racional. En este sentido, cabe citar aquí un «mantra» que sostienen algunos comunicadores y periodistas que se quieren presentar como imparciales y objetivos: «nuestra obligación es criticar al ‘poder’…». Tal vez esto también se derive de décadas en las que los medios convencionales existían para hacer propaganda y adoctrinar a la sociedad, repitiendo mentiras miles de veces hasta convertirlas en verdades pese a la brutal realidad de crímenes, violaciones de derechos humanos, impunidades y demás horrores. En este caso por supuesto que es moralmente obligado «criticar al poder». No obstante, también es nuestra responsabilidad establecer una clara distinción de lo que ocurre ahora pero sin basarnos en nuestras preferencias políticas sino en los hechos y si los hechos coinciden con nuestros ideales eso no significa que estemos siendo «parciales» o estemos faltando a la verdad. Y aquí pongo un ejemplo: si nuestra convicción consiste en considerar injusto y moralmente inaceptable que haya 16 mega-ricos que en la mayoría de los casos han incrementado sus fortunas con base en robos a la nación (a la gente, los ciudadanos) mientras millones son reducidos a la miseria y, en contraste hay quienes sostienen que es «normal» que miles de desposeídos mueran por inanición y enfermedades curables no atendidas y que se lo «merecen» por «huevones» o «mediocres», tendríamos que hacer uso de nuestro más elemental raciocinio (sentido común aunque no sea muy común, desafortunadamente) para darnos cuenta de que el Proyecto de Nación enarbolado en este caso por el Presidente López Obrador va encaminado a erradicar la injusticia, la inequitativa distribución de la riqueza y, por ende, a crear un clima en el que ni la violencia ni el crimen organizado tengan cabida. Esto eventualmente conduciría a la reconstrucción del tejido social y a la convivencia armónica.
Finalmente, el hecho de que exista coincidencia entre la convicción del periodista o comunicador con un Proyecto de Gobierno que beneficiará a la gran mayoría y afectará (en mínima medida) a los grandes mega-millonarios, no significa que la actividad de dicho periodista o periodistas carezca de veracidad y ética. Finalmente, antes de ser comunicadores (de a pie, convencionales, alternativos, etc.) somos ciudadanos y a todos nos interesa que en nuestro país exista justicia para todos y todos tengamos las mismas oportunidades para buscar la felicidad. Sin duda alguna, los que fueron reprimidos el 10 de junio de 1971 por órdenes de Echeverría, luchaban exactamente por estos mismos ideales. La forma en la que podemos honrar su memoria es continuar su misma lucha pero por la vía pacífica y defender lo que aquél 1 de julio de hace casi dos años logramos.











