
ALGO DE MI
A principio de 1963, iba por el mismísimo centro del Downtown de Miami acompañando a un amigo en un convertible del año que le había comprado su padre, cuando alguien que me conocía me grito: «¡Lázaro, qué bueno, ¿Revolución Social en America Latina, eh?» La persona me gritó eso porque yo me la pasaba diciendo por todas partes que había que hacer una revolución social latinoamericana y que se abolieran todos los parlamentos existentes. La verdad es que me importaba tres bledos lo que pensaban de mí mis amigos reaccionarios, ya que yo pensaba que había que crear un sistema de justicia social que cambiara las injustas estructuras que prevalecían en todo el continente.
Siempre, desde que tengo uso de razón, me he sentido socialista, siempre he defendido a los pobres, a los desvalidos, a los obreros y campesinos y por eso, siempre he sido atacado por la extrema izquierda comunista y la extrema derecha cavernícola. En un tiempo me acusaban de ser agente de la CIA y por el otro lado de ser un infiltrado de la Seguridad del Estado, la verdad es que me importaba tres pitos porque no era ni uno ni lo otro.
En Miami y en La Habana era parte de una organización estudiantil que luchaba en contra de la implantación del comunismo en la isla. La mayor parte de sus miembros eran bastante derechistas, aunque no extremistas. Discutía mucho con ellos, pero me toleraban, incluso, cuando estuve junto a ellos en un campo de entrenamiento en Rep. Dominicana en 1963. Todos éramos muy jóvenes y la mayor parte de ellos, miembros de una organización católica llamada Agrupación Católica Universitaria, ACU, dirigida por el Padre Llorente que había sido maestro de Fidel en el Colegio Belén de La Habana, y quienes años después, se volvieron a encontrar en el Palacio de la Revolución.
Yo no nací en una familia muerta de hambre, pero tampoco en una casa de opulentes. Iba mucho a la finca de mi abuelo, cerca del pueblo y allí aprendí a ser un campesino. Trabajé en una pequeña fábrica de tabaco que tenía mi hermano y allí aprendí a ser un obrero. Estudié la primaria en una escuela pública y allí aprendí lo que era la educación gratuita. Por eso, no creo que nadie me venga a hacer un cuento de mi origen burgués, aunque al pasar el tiempo, en la Capital cubana y en Miami, hice muy buenos amigos burgueses.
El andar con comunistas y burgueses me ha hecho más abierto a las ideas y a no ser un intolerante. En Miami, fui amigo de millonarios reaccionarios y en La Habana, todos mis amigos han sido comunistas. Me siento muy libre y muy contento con lo que soy, y no soy una oncita de oro para caerle bien a todos. Digo lo que pienso sin importarme que van a decir. Siempre he querido mi Patria y a su pueblo. Lo siento por aquellos que me atacan o me atacaban, pero yo, como dijo y cantó Silvio Rodríguez…“Yo me muero como viví”, y al que le quede el saco, que se lo ponga.
Yo me muero como viví
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