Recordando mis años juveniles en La Habana de mediados del pasado Siglo XX, estando ya entrando el invierno de noviembre se anunciaba a bombo y platillo el arribo del gran circo “Ringling Bros. and Barnun&Bailey Circus”procedente de Estados Unidos que arribaba a la capital habanera para presentar ante el respetable y acogedor publico cubano lo que era dado en llamarse entonces “El más grande espectáculo del mundo”.
El circo Ringling con sus feroces y rugientes leones, sus arriesgados trapecistas del aire y coloridos payasos era acogido por los habaneros con gran entusiasmo, puesto que con su espectáculo grandioso, de sorpresas insospechadas venia todos los años por esa época a romper la cotidianidad de una vida que un día tras otro día solo ofrecía “más de lo mismo”.
Me dicen que el circo Ringling” ha dejado de existir por falta de asistencia de público, algo que ya en los últimos años venía ocurriendo, atraídos los espectadores por otros escenarios que les resultan más atractivos y mas baratos , especialmente el que les brinda la política norteamericana que también tiene sus fieras, equilibristas de altura y locuaces payasos con sus ocurrencias indecibles que hacen desternillar al público de contagiosa risa.
¿A qué viene toda esta referencia nostálgica sobre el circo Ringling? Pues que acaba de regresar a Estados Unidos su presidente Donald Trump y su numerosa comitiva oficial después de una extensa gira por varias naciones del continente asiático. Confieso que ya estaba un tanto aburrido de la insulsa cotidianidad que embarga el ambiente de la vida norteamericana por la ausencia del país por una docena de días del gran “entreteiner” que es el Presidente Donald Trump.
¡Ha vuelto el circo! Y a reírse tocan.
Les habló para Réplica de Radio-Miami, su director Max Lesnik











