En noviembre hay elecciones para elegir presidente en Los Estados Unidos de América. Los pronósticos son reservados, de acuerdo con la opinión de los expertos en la materia.

En general las elecciones especiales para elegir representantes a la Cámara han sido buen indicador, según analistas, para proyectar cuál será el candidato triunfador en las elecciones generales de noviembre. Otro factor que ha servido como indicador, han sido las primarias.  Pero resulta que, en esta oportunidad, se hace más difícil esa ecuación, por cuanto la mayoría de los electores ya tenían su intención de voto definida cuando los candidatos de los partidos Demócrata y Republicano fueron escogidos en sus respectivas primarias.

Según la encuestadora 538, fundada por el especialista en estadística y también periodista Nathaniel Read Silver, el 95% de la ciudadanía tenían en ese instante opiniones positivas o negativas de Trump y el 95% opinaba en ese mismo sentido, sobre la gestión del presidente Biden. Existía por consiguiente y continúa existiendo, un empate que hace difícil anticipar los resultados, con lo cual quedamos sin espacio para una especulación seria sobre lo que pudiese suceder.

Como resultado de este empate, hay un brote de fanatismo que viene conformándose desde la presidencia del errático presidente Trump, a favor de uno y otro candidato. Adquiriendo a veces sentimientos radicales y en ocasiones despiadados.

Una conjunción de factores contribuyó a la formación de esas pasiones. Por un lado el movimiento Our Revolution (Nuestra Revolución), alcanzó fuerzas alentado por las propuestas del socialista demócrata Bernie Sanders. Del otro lado, criterios controvertidos expuestos por Steve Banon y otros ideólogos conservadores y la política marcada por Donald Trump en la práctica de su presidencia alimentaron el pasional choque.

Esas coincidencias hicieron florecer el fanatismo como flores silvestres en tiempos de primavera.

Estoy obligado a observar que, aunque he tildado a Trump de errático por su tendencia a improvisar veleidades y asumir incluso actitudes infantiles, insustituible estilo como medio de manipulación, no podemos desconocer que tiene varios criterios políticamente trascendentes, los cuales mostró durante su presidencia, haciendo esfuerzos públicos y de cabildeo entre los congresistas para imponerlos. Entre ellos puede mencionarse su insistencia en quitarle independencia al Banco Federal (equivalente al banco central existente en la mayoría de los países). Trump considera que esta institución debe estar bajo el control del Ejecutivo. También forma parte de su programa personal su controvertido y peligroso afán por aumentar la autoridad del Poder Presidencial, en materia del uso presupuestario y las decisiones militares.

De salir electo, hará lo posible para que estos planteamientos centrales de su ideario sean puestos en práctica de algún modo.

También estarán sobre el tablero asuntos constitucionales sensibles, que no son sólo ideas del expresidente, sino que han sido compartidas por un número de juristas y políticos desde hace muchos años, y cuyos criterios se apoyan en el sentir de Thomas Jefferson expresado en su controversia con James Madison, durante la cual el primero siempre mantuvo el criterio de que cada generación debía evaluar la constitución y adaptarla a sus circunstancias y necesidades, mientras Madison consideraba que la Carta Magda debía tener un carácter más permanente.

Por otra parte, el aumento de regulaciones apoyadas por la presidencia de Biden, y su política exterior que muchos consideran que está reñida con los intereses nacionales, son caldo de cultivo para las controversias públicas irracionales y violentas.

El apoyo a la guerra de Ucrania, enviando miles de millones de dólares, es visto por un gran público como contrario a los intereses del país. Existe además un sentido anti-estado y anti-gobierno que ha venido desarrollándose entre las nuevas generaciones, que no alcanzan a entender las banalidades de las luchas partidistas, enerva las pasiones y los enfrenta al actual gobierno, a despecho de su oposición a Trump.

La actitud del gobierno de Joe Biden referente a Israel luego de su brutal ataque al territorio de Gaza como respuesta al injustificado ataque de Hamas a la parte israelí, causando un centenar de muertos y secuestrando civiles, ha reducido el buen criterio de muchos hacia su política.

Los fanatismos se profundizan cuando el territorio se divide en partes iguales y cuando los disgustos sociales, comienzan a contradecir sus propios sentimientos llevados por la pasión y la conducta competitiva que va más allá de la razón.

Cuentan que, en el devenir de la política estadounidense, enmarcada desde su comienzo por la existencia de dos partidos de igual ideología, pero criterios contrapuestos, nunca habían existido condiciones semejantes.

Existen muchas expectativas respecto a estas elecciones. que van desde la ocurrencia de desastres naturales o cualquier otro creado por el ser humano, hasta algunos más aventurados que hablan de la posible aparición de seres extraterrestres.

Para los demócratas la elección de Trump significa el fin de la democracia como la ha entendido el país desde su fundación hasta la fecha, y para los partidarios del expresidente la reelección de Biden le permitiría llevarlo a la cárcel o que se produzca incluso una situación más luctuosa de enfrentamientos y conspiraciones.

En medio de estas incertidumbres el fanatismo continúa su crecimiento imparable y la solución definitiva no la pueden avizorar los santeros, los brujos ni los políticos de café con leche. El único consuelo es que en un instante la ecuanimidad se imponga.