Le da cuerda a la izquierda
Traducido desde el más allá por Max Lesnik
Dice un viejo refrán que no hay mal que por bien no venga. Y en el caso de América Latina se confirma la contradictoria sentencia al tener paradójicamente la izquierda continental, como su mejor aliado, al ultraderechista Donald Trump en la presidencia de Estados Unidos.
La ultra derecha política en todos los países de América Latina ha tenido por años a Washington como punto de referencia tanto en lo político como en lo económico y lo ideológico, puesto que por ser lobos de la misma camada tienen intereses comunes, si bien los vecinos derechistas del sur han sido siempre los perritos falderos del “norte revuelto y brutal que nos desprecia”, parafraseando aquí las proféticas palabras de José Martí al referirse al entonces naciente imperialismo norteamericano de fines de pasado siglo diecinueve.
Para los gobiernos y Partidos políticos de derecha de América Latina la alianza con Donald Trump es algo así como el beso de la muerte, puesto que nunca antes en la historia ha habido un Presidente norteamericano más impopular en el continente que el actual mandatario Republicano, cuyo discurso anti latino y racista hacen muy difícil, por no decir imposible que alguien pueda, en cualquiera de nuestros países decir para su bien que son aliados o amigos del controvertido de Donal Trump.
Claro que no hay regla sin excepción. Los únicos latinos que se proclaman “Trumpistas” son los cubanos y los venezolanos de la extrema derecha de Miami que cifran sus esperanzas políticas en que Trump invada a Cuba y a Venezuela con su Infantería de Marina para llevarlos a ellos al poder y así servir lacayunamente los intereses del peor capitalismo salvaje.
¿Será acaso el derechista Donald Trump el mejor aliado- sin quererlo por supuesto- de la izquierda latinoamericana? La respuesta a esta interrogación nos las darán las elecciones presidenciales en dos países claves de América Latina : De ganar López Obrador en México y Lula Da Sila en Brasil comenzaría en América Latina un nuevo ciclo de esperanzas.
Habría que decir entonces, mil gracias Míster Trump.
Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fria. Bambarambay.











