Trump, amenaza con cambiar el curso de la civilización*

Trump y compañía en la cristalería, Jorge Gómez Barata

*TITULAR DE LA REDACCION
De un virtuoso bailarín se dijo que destruía con la cabeza lo que hacía con los pies; mientras Donald Trump  aniquila con bombas el mundo convertido en estado de derecho o como se dice, basado en reglas que Roosevelt, Stalin y Churchill concibieron a la vez que conducían la II Guerra Mundial.
La Carta de la ONU y la organización, el Tribunal Internacional de la Haya, los Acuerdos de Bretton-Woods, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT), junto con la descolonización y otras acciones, aproximaron lo que ellos querían: un mundo en paz, sin guerra entre las potencias que, desde el Consejo de Seguridad de la ONU pondrían orden.
Ese orden que auspició la democracia, las libertades, la institucionalidad y el multilateralismo que en teoría defienden, permitió una formidable era de paz y prosperidad económica que duró casi un siglo en la cual Estados Unidos consolidó su liderazgo y preponderancia económica, tecnológica, militar, cultural y política en occidente mientras, en su espacio geopolítico, la Unión Soviética hacia lo mismo, consolidando la coexistencia pacífica. Con ayuda norteamericana y soviética, Europa se reconstruyó a sí misma.
Fue un período estelar para la humanidad en el cual la Unión Soviética se consolidó como potencia económica y militar alternativa y como líder del llamado campo socialista y del movimiento comunista internacional formado por unos 150 partidos comunistas y grandes organizaciones internacionales. Bajo esas reglas se produjo el despertar de China que en cuarenta años pasó de ser un gigante empobrecido a segunda potencia económica mundial.
Bajo esas reglas, India, Turkiye, Corea del Sur, Indonesia, Taiwán, México, Brasil, Argentina, Sudáfrica, Arabia Saudita, Pakistán y otros países tercermundistas, además de Israel, debutaron como potencias emergentes a las que luego se sumaron países ex socialistas como Polonia, Hungría y otros que fueron llamados a formar parte del G-20. La postguerra, a pesar de la Guerra Fría fue una era floreciente para el mundo, incluido el socialismo real y la Unión Soviética en la cual desaparecieron las dictaduras y las colonias.
En ese período el Tercer Mundo se sintió protagonista y, en alguna medida fue reconocido como tal y varias generaciones de líderes de Asia África y América Latina cuyo protagonismo dejó una impronta eterna y los cuales crearon poderosas organizaciones de representación, entre otras muchas, la Liga Árabe, la Unión Africana, el Movimiento de Países No Alineados y el grupo de los 77.
Obviamente no todo fue perfecto. Abusivamente, al amparo de la ONU se dividió Palestina y se creó allí el estado de Israel, hubo guerras como las de Israel contra árabes y palestinos, agresiones y arbitrariedades como bahía de Cochinos y el bloqueo a Cuba, guerras como las de Corea y Vietnam, intervenciones como las de Iraq a Kuwait y de la coalición liderada por Estados Unidos contra Irak y debacles como el colapso del socialismo real, incluida la Unión Soviética.
En aquel proceso más de 30 países cambiaron de régimen, sin que se derramara una gota de sangre. La humanidad, el capitalismo y el comunismo mostraron tolerancia y una ecuanimidad y un civismo que se extraña.
No dudo que el saldo de aquellos 80 años podía ser mejorado, pero cuando menos se le esperaba, en Europa que resistió todas las pruebas, sobrevivió a dos guerras mundiales y a la Guerra Fría y vivió con ecuanimidad la conversión de Rusia de rival a aliado, se desataron los demonios en una guerra que pudo ser evitada.
El primer resultado de esa nefasta contienda en la cual no habrá ganadores fue que al enfrentar a cuatro de las cinco potencias del Consejo de Seguridad de la ONU: Estados Unidos, Reino Unido y Francia contra Rusia, el Consejo de Seguridad fue anulado y desarticulado los mecanismos de seguridad colectiva internacionales.
Donald Trump el más notorio de los líderes contemporáneos, jefe del más poderoso e influyente estado que ha conocido la humanidad, ha asumido posiciones que no sólo han alterado el devenir contemporáneo, sino que amenazan con modificar el curso de la civilización. No se trata únicamente de que prefiera la guerra, sino de que no conoce otro modo de conducir la politica que no sean el autoritarismo y la belicosidad.
Trump quien ignora que Estados Unidos gana más con los dones de la paz que con las guerras ha invadido la cristalería. Lamentablemente no está solo. Allá nos vemos.

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