El debate político en Cuba es magnífico y enriquecedor, tanto por sus reiteraciones como por sus novedades, la más reciente es la iniciación en la topografía política, útil para dibujar curvas de nivel, destacar relieves y perfiles, estimar distancias y profundidades y fijar hitos.
La izquierda, la derecha y el centro político existen. La mala noticia es que también existen los extremos y los equívocos, uno de ellos es traer al presente cubano debates que el tiempo y las mutaciones políticas han trascendido en todas partes.
Esa metafórica topografía funciona como una escala asociada al radicalismo de las propuestas políticas surgidas en tiempos en que, se suponía que la lucha de clases simplificaba las estructuras sociales, absorbiendo grupos y castas y dejando en la escena a proletarios y burgueses cuyas contradicciones eran antagónicas y no admitían espacios para alternativas intermedias, fórmulas de compromiso ni alianzas.
El término derecha ha identificado a las tendencias y fuerzas políticas conservadoras, refractarias al cambio y defensoras a ultranza del status quo. Por su parte, la izquierda se asocia con lo joven, lo popular, lo renovador y lo revolucionario y en ocasiones con lo aventurero. La izquierda es de naturaleza progresista y avanzada, aunque a veces excesivamente teórica, soñadora y hasta utópica. No es extraño que arriesgue demasiado y demande de sus seguidores sacrificios extremos.
Ese esquema, siempre aproximado, califica como centro a fuerzas políticas moderadas o reformistas, generalmente liberales que habitan zonas de confort en las cuales hay menos radicalismo, es posible alternar, dialogar, bordar alianzas y levantar consensos.
El centro no es necesariamente un fenómeno de indefinición o travestismo político, sino a veces una apuesta por la gradualidad y un credo según el cual “La verdad es mezcla”. La socialdemocracia y las formaciones socialcristianas solían ubicarse en esos espacios, mientras comunistas y burgueses ocupaban los extremos y aun después de ellos se colocaban los “ultra diestros y siniestros”
En Cuba, donde como resultado del intercambio y confrontación de ideas asociado a la evolución política interna y la posición del presidente Raúl Castro que protege la pluralidad de opiniones, prospera un positivo ir y venir del pensamiento crítico, ha surgido una confrontación que tiene como eje a la plataforma ideológica denominada Cuba Posible, criticada por asumir lo que algunos participantes del intercambio, consideran una posición políticamente centrista.
En una sociedad, una parte de la cual pugna por desprenderse de una herencia ideológica donde a partir del predominio de un pensamiento único y oficial se limitaron los horizontes de la cultura política, semejante debate que recuerda acusaciones como las de “revisionistas” “reformista”, “social reformista”, incluso “creyente”, “diversionista”, o pseudo revolucionario, tal discusión no es solo extemporánea, sino inútil y perjudicial porque puede convertir las ideas en fronteras.
Tampoco en el plano internacional la confrontación se dirime hoy entre dos contrarios ni la pregunta del momento es quién vence a quién, sino que se trata de procesos mucho más matizados y complejos que es preciso estudiar y comprender con luces nuevas.
Obviamente, carezco de atribuciones para juzgar, pero hasta hoy no he encontrado en las reflexiones de Cuba Posible argumentos para condenarla, tampoco me parece ofensivo que se les califique de centristas y, por lo que ellos cuentan, sus relaciones con instituciones norteamericanas son abiertas, transparentes y realizadas con conocimiento de las autoridades cubanas.
Debido a que conozco a algunos de los protagonistas de la polémica con cuyos juicios no siempre me identifico, pero respeto y cuyos valores comparto. Al menos en este caso me he corrido al centro. Confieso que ahí me siento cómodo. Los extremos han perdido atractivo. Allá nos vemos.











