
Todos y cada uno de los días de nuestras existencias ocurre algo que nos afecta, mucho o poco individualmente. Sobre todo cuando se vive en una sociedad tan cambiante y tan inestable en sus acostumbradas operaciones cotidianas. Todo depende de algo tan simple como los intereses especiales dejando a la opinión pública como último recurso.
Los estadounidense, y en esto incluyo a todos los más de cuarenta millones de extranjeros que vivimos aquí también, hacen de sus vidas un tumultuoso andar hacia destinos inciertos. Cada día que pasa deja abierta la real posibilidad de que nos encontremos con sorpresas en el periodo siguiente.
Hoy, por ejemplo, la notica del día es que el precio de los combustibles para el transporte, subirá nuevamente. Y así la noria aumenta en cada vuelta de 24 horas. Hoy se pagan 46 centavos más por galón que el año pasado en estos mismos tiempos. Esto es un 17 % más a sacar de nuestros bolsillos, por cada galón que mentemos dentro de nuestros carros. Y esto curre y ocurrirá por mucho tiempo, gracias este poderoso sistema de oferta y demanda que llevamos acuestas. Si tenemos en cuenta que las entradas económicas son similares para cada núcleo familiar a las recibidas el pasado año, esto representa un desvío muy grande de las mismas y una reducción de los gastos en otros rubros para la subsistencia familiar, para así poder mantener nuestro transporte andando.
Lo que hace que nos cohibiremos de satisfacer otras determinadas necesidades tanto materiales como espirituales. Todo en aras de poder echar más combustible a nuestros carros. Estas son las cuentas que son tan fáciles de realizar, que hasta los antiguos bodegueros de los barrios en Cuba, hacían en sus papeles de envolver las mercancías. Como recuerda el refranero cubano,, “chenche por chenche, guanajay por tierra”. La gente regularmente no experimenta esos cambios de nuestras costumbres cuando tenemos menos dinero para ejercerlas. Tl es así que casi nunca se cambian los planes de paseos en autos a lugares, debido al alto costo del combustible, esto nos se tiene en cuenta regularmente, solo el paseo programado vale y sobre todo cuando hay niños en la familia a los que se les ha prometido esos placeres. Nunca entenderían que no podemos ir allá porque la gasolina está muy cara.
Mucho se ofrece en este sistema económico y social pero no coincide con la demanda, que cada vez es menor por obvias razones.
Lers habló, “Desde Miami”, Roberto Solís Ávila










