Los asuntos relacionados con la mayor isla del Caribe, Cuba, siempre despiertan curiosidad sobre todo de los agoreros. Así se ha construido esta especie de fábula de Esopo.
Nuestra patria ha acogido infinidad de sublimes imaginarias tertulias para opinar sobre este, considerado por algunos, ombligo de mundo. Desde los tiempos de Ñañá Seré, hasta los días de hoy, los púlpitos y las tribunas han favorecido a ejemplares de una fauna que podría ya considerarse en extinción y por lo tanto parece que se debe conservar. ¡ Inaudito !
Los enemigos jurados del pueblo cubano, desde Weiler pasando por dictadores y politiqueros vende patrias de una seudorepública dependiente del imperio, hasta como Jorge Mas Canosa (El chairman soy yo ) dejando a los herederos de mayor semejanza: los batistianos y sus descendientes, como los Díaz – Balart, mantener esa postura que podría considerarse altruista si se tratada de su antónimo, hoy se yerguen triunfadores como Pirro.
Hoy, al cabo de mucho tiempo, aun se enriquece esta teoría de que Cuba debe ser lo más importante ante los designios de la Casa Blanca, aunque ésta esté ocupada por un nuevo y curioso ser que no se asemeja a sus anteriores en casi nada. En otras palabras, los miembros de la sublime élite cubanoamericanamiamense, se consideran que deben seguir dirigiendo la política exterior del gran imperio norteño, en cuanto a los cubanos se refiera. Para vergüenza del mundo entero que observa esta táctica – estrategia tan enferma y obsoleta.
Ahora ya después se despide el presidente Obama, con sus decisión de deshacer la política de privilegios a los cubanos en cuanto a la aplicación de “pies secos / pies mojados “, dejándole una papa caliente al entrante presidente designado, Donald Trump, que por tratarse de cubanos, no los tenía, en sus planes, incluirlos en su agenta anti emigrante y de pronto le cae encima.
Este hijo de papá batistiano, Mario Díaz – Balart, representante de Miami, ante el Congreso, llama hipócritas a los que protestan por millares, contra la exclusión de siete naciones por su condición religiosa, en el otorgamiento de autorizaciones de entrada el país y además las disposiciones internas contra los otros emigrantes que ya se encuentran asentados, por años, trabajando, contribuyendo a la economía y a la sociedad americana, con su tiempo de esfuerzos y sudor, incluyendo brindando hijos nacidos en el país para el futuro, queriéndolos sancionar por solo existir, y devolviéndolos a sus naciones de origen por no contar con un estatus legal, que bien podrían resolverse con unos pocos trámites normales y burocráticos.
Este nuevo ejemplar anticubano, el Mario, agrede a la inteligencia ajena comparando las protestas contra la salvajada internacional y agresiva de Trump, con la que no se llevó a cabo cuando Obama sacó del juego los privilegios increíbles que se le daba a los criollos, por encima de otros inmigrantes, por el solo hecho haber nacido en esa bella isla. El representante está más que ofendido pues las protestas con el nivel de éstas pro emigrantes de todos los lugares, no se desarrollaron a favor de los que lo hacían desde la isla de Cuba. El pobre ya prueba una vez más cuan incapaz de pensar y actuar racionalmente, puede llegar a ser una persona cuando el fanatismo y la dependencia política y social, le ciega. Esto, amigos, solo es posible verlo y sentirlo en este Miami “revuelto y brutal” que sufrimos.
Cuando recorro en mi memoria, como lo hice personalmente algunas veces, en la cuadras de Broadway, en New York, y veía a las largas colas de personas en las decenas de teatros que allí existen, para disfrutar de importantes obras en sus tablados escenarios, me daba cuenta que la cultura de una sociedad como la neoyorquina, no podría jamás comparase con las fantasías y estupideces que se muestran en sus homologas salas de teatros bufos de este Miami inculto. Así se justifica en parte que este lugar solo pueda producir ejemplares políticos del nivel de este señor de las moscas, Mario Díaz – Balart y compañía.
Aquí se cacarea mucho que Miami lo construyeron los cubanos ya que era una aldea hace algunas décadas atrás. Pues bien esta cultura de pacotilla también forma parte de esa “gloriosa edificación” que se arrogan algunos criollos.
Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.