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“¡SE ACABA EL MUNDO!” Y EL CONGRESO DEL PCC.

 

Douglas Calvo Gaínza.

Hoy sesiona el Congreso del Partido único en Cuba y se levantan las voces cáusticas en su contra, desde la derecha pluripartidista. Es natural.

Por demás, a menudo oímos a las personas buenas decir: “¡Cómo anda el mundo!” Eso también es obvio. Y citaremos tres evidencias:

I. EVIDENCIA I: Interesantemente, aquí y allá hay súper-producción, y hasta se destruyen alimentos. Por otros lares hay hambruna.

II. EVIDENCIA II: Aquí y allá hay “exitosos mega-millonarios” que tienen suficiente plata como para desarrollar dos países pobres con su fortuna. Por otras latitudes hay niños sin agua potable, servicios médicos, ni escuela; durmiendo en la calle, prostituidos, con los órganos extirpados para contrabando.

III. EVIDENCIA III: Aquí y allá hay unos caudales inconcebibles destinados a producir armas de última generación, con capacidad de aniquilar dos planetas Tierra y más. Por otras extensas zonas hay infantes-soldados, e incluso esclavos. ¿Y en donde se prueban los novísimos armamentos que enriquecen a los “magnates de las bombas”? Pues en los pobres del Tercer Mundo y en sus escuálidos retoños.

Esos crímenes no los está cometiendo un sistema “socialista-unipartidista”. No los ejecutan ni Stalin ni Pol-Pot[1], y ciertamente, muchísimo menos Fidel o Raúl Castro. Lo hace el bloquecito privilegiado donde el 20% se queda con las riquezas del 80%, mientras produce con indolencia lujos innecesarios y contaminantes del medio-ambiente. A este paso, algún día lo poquito que quede del Homo-Sapiens habrá tenido que evolucionar hasta poder respirar CO2.

En dicho bloque, hay disímiles partidos. Pero, ¿hay democracia? Democracia es “poder del pueblo”, y el poder real en dicho sistema son los monopolios, consorcios, “Grupos Bilderbergs” y compañía. Éstos son cualquier cosa, menos poderes populares. ¿Cuándo en la vida la población famélica del Tercer Mundo elige a los ejecutivos del FMI, el BM o la OMC? ¿Y quién con ansias serias de que los tercermundistas no se pudran en vida, llega al poder ejecutivo en dichos pluripartidismos sin correr la suerte de los Arbenz, los Gaitán, los Lumumba, o los Allende?

¿Y de veras funciona bien ese sistema? Sí, para algunos. No es lo mismo el latifundista que el campesino sin tierra. Es perfecto para el individuo-individualista que con el lema “yo y mi bienestar” logra acaparar y atropellar, domeñando las fuerzas del mercado, y convirtiéndose en el lobo predominante de la manada: un Rockefeller, un Bill Gates, un Donald Trump. Es bueno para los “machos Alfa” del darwinismo social capitalista y nada más. Pues sólo “Los hombres secundarios, que son aquellos en quienes el apetito del bienestar ahoga los gritos del corazón del mundo y las demandas mismas de la conciencia, pueden vivir alegres, como vasos de fango repintado, en medio de la deshonra y la vergüenza humanas.” (Martí).

Para la mayoría, no habrá acceso a tales “triunfos”. Y de ahí nacen las revoluciones, eternas como el cielo (pues no provienen de la astucia de un “iluminado” sino de las necesidades no-resueltas de la gran humanidad explotada); y si no hay Revolución que destrone a los plutócratas, sólo permanece un genocidio continuado.

En el famoso “Holocausto” del Partido Único Hitleriano pereció una docena de millones de desdichados en Europa[2]; pero, ¿cuántos millones de seres humanos excluidos, en Asia, África y América Latina, han sucumbido y seguirán extinguiéndose silenciosamente (sin soluciones reales más allá de exiguos paliativos), mientras el Sistema Pluripartidista Euro-Yanqui monta sus shows electoreros? ¿Y cuántos seguirán muriendo como anónimos “sub-hombres de estadística”, por no existir una unificación de toda la política rumbo al humanismo, prefiriéndose el rescatar a los relegados del orbe en vez de montar espectáculos politiqueros, los cuales preserven intacto ese estatus quo donde las sanguijuelas usureras endeudan más y más al pobre, y empoderan más y más al rico?

Ojalá que un “Partido Único” les quite el feudo universal a los ricachones y se lo dé a las masas.

Estoy absolutamente en contra de mil cosas que aprecio muchísimas veces en Cuba: la burocracia, la desorganización, la corrupción, la inercia social, las desigualdades crecientes. Las ineficacias para resolver problemas elementales (de vivienda, transporte, agua); el amordazamiento de noticias importantes en los medios; la auto-represión y falta de consciencia constitucional ciudadana. Los bajos salarios, la adulonería pública cuando hay que plantear verdades y no repetir lemas. En una palabra: la falta de democracia socialista. Pero sí puedo decir que con todo lo malo que hay en este país dirigido por el PCC, al menos éste ha vencido innúmeras agresiones para eliminar la mayoría de los flagelos crónicos e irreparables del capitalismo, salvando a una cantidad indeterminada de cubanos de verse involucrados durante medio siglo en ninguna de las Tres Evidencias citadas supra.

Al contrario, este Partido ha aunado toda la política rumbo a la filantropía y la generosidad, y hemos tenido acá una legión de personas con la inteligencia y fuerza de carácter de un Che Guevara o una Tamara Bunke, y miles más, quienes en vez de aplicar su talento a conseguir una mejor cuenta bancaria, prefieren la calumnia, las torturas, o la muerte más siniestra, con tal de ver que un niño aprende a leer en el Amazonas o una anciana en un bosque apartado de África recibe una operación de la vista o sobrevive al Ébola. Los guía el alma de Martí quien afirmara: “Los hombres que vienen a la vida con la semilla del porvenir y luz para el camino, sólo vivirán dichosos en cuanto obedezcan a la actividad y abnegación que de fuerza fatal e incontrastable traen en sí.”

Baste con decir que el Apóstol no temió a crear un solo Partido (como Gandhi a una sola India, Bolívar a una sola Gran Colombia, Mahoma a un solo Islam, Cristo a una sola hermandad de creyentes, el Buda a una sola Sangha, Moisés a un solo Israel, etc. – todas las cuales comunidades-ideologías-doctrinas indivisas fueron fraccionadas sólo para su debilitamiento o ruina). El Maestro sabía, como cualquier humanista, que la unidad hace la fuerza, cuando hay objetivos nobles y urgentes que cumplir.

Durante la última guerra de Independencia de Cuba, por el lado colonialista mandaba una monarquía bipartidista (con Cánovas y Sagasta alternándose), y en la propia colonia existían el Liberal Autonomista y el de Unión Constitucional. Por el lado cubano peleaba sólo el PRC martiano. Para expulsar al conquistador extranjero, había que unirse.

Por la suerte de los pueblos africanos, colonizados y oprimidos, se enfrentaron un país pluripartidista favorecido por USA e Israel: Sudáfrica (donde había Partido Nacionalista, Partido Afrikáans, Partido Progresista Federal, Partido Laborista, Partido Nacional Conservador y demás) y Cuba, con su único PCC. Este último, a costa de la sangre generosa y voluntaria de nuestro pueblo, ayudó a cambiar la suerte de África, apuñalando en el corazón al neo-fascista Apartheid para desmayo de Washington. Sin la intervención cubana en Angola, la discriminación organizada hubiera durado mucho más tiempo, y quizás Mandela hubiera muerto en presidio.

Y así podríamos seguir citando ejemplos de lo necesario de unirse ante un peligro inexorable. Éste sería hoy librar al mundo de la hecatombe social y ambiental masiva (con el Tercer Mundo como basurero tóxico de Euro-USA) a la que nos conduce el monolítico “Partido Único del Gran Capital”.

En situación de crisis (y el planeta afronta una sistémica y destructiva) la unión es un imperativo, y las frivolidades políticas son un lujo criminal. Salvemos a la humanidad primero, y luego divirtámonos politiqueando.

Concluyendo. No hay naciones oprimidas por Cuba en este planeta. En vez de quitarles a los demás, nos quitamos de lo nuestro para darles. Si unos cuantos países ricos que nos señalan con el dedo imitaran nuestro altruismo, las Tres Evidencias citadas arriba no existirían y las personas buenas no dirían a diario: “¡Se acaba el mundo!”

Quiero que mi Patria cambie; anhelo más democracia socialista; pero no ferias politiqueras que en Cuba nunca resolvieron ningún problema social acuciante. Hasta que llegó el programa del Moncada.

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