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Por que Trump podría ser la mejor carta de Cuba para poner fin al embargo

Por qué Trump podría ser la mejor carta de Cuba para poner fin al embargo*

Por Tracey Eaton, 8 de octubre 2026

La amarga disputa entre Estados Unidos y Cuba se ha prolongado durante 67 años. Donald Trump es el presidente número 13 que se enfrenta a ese escenario, pero tiene una oportunidad única de lograr un avance histórico, afirmó el excongresista de Florida Joe García.

«Donald Trump es probablemente el único presidente en la historia de Estados Unidos que puede levantar el embargo», dijo García en una entrevista. «El momento de cerrar un acuerdo es ahora. Y estoy firmemente convencido de que Trump ofrece una mejor posibilidad de acuerdo —y esto lo dice un demócrata— que lo que se presentaría si los demócratas tomasen ambas Cámaras» del Congreso en las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre.

El anticomunismo de Trump le otorga credibilidad en la derecha política, en un eco de la histórica apertura de Richard Nixon hacia China en 1972. También cuenta con el Secretario de Estado Marco Rubio, nativo de Miami y con profundos vínculos con el exilio cubano de línea dura.

«Donald Trump ha estado en la cocina, él solito, cocinando esto de Cuba con Marco Rubio, y ha sido muy inteligente, y Marco Rubio ha sido muy inteligente también. Su presión, te guste o no esa política, ha funcionado», señaló García.

«Así que aquí hay una oportunidad. Si esta administración lograra concretarla, sería un hecho histórico. No hay duda de que el fin pacífico de un conflicto de 67 años es el material de los sueños, ¿verdad? Y, bueno, el guion se escribe solo».

Rubio es el cubanoamericano más poderoso de la historia política de Estados Unidos, y ocupa los cargos de Secretario de Estado y Asesor de Seguridad Nacional a la vez, algo que no ocurría desde la época de Henry Kissinger.

Con la ayuda de Rubio, Trump ha esquivado al Congreso para desatar devastadoras sanciones económicas contra Cuba. Pero si la Cámara de Representantes cambia de manos, perderán ese dominio, advirtió García.

«Creo que hay elementos del gobierno cubano que sí quieren cerrar un acuerdo con Trump. Lamentablemente, están en una posición en la que la opción es o encontrar una manera de llevarse bien con los estadounidenses, o deslizarse lentamente hacia una anarquía al estilo haitiano. Creo que están contra el reloj. Pero ahora mismo, Marco Rubio y Donald Trump… controlan literalmente cada pieza del tablero. Llegado enero, si la Cámara cambia de manos, habrá otros cocineros en la cocina».

García espera plenamente que los demócratas ganen la Cámara. «No hay duda de que en noviembre los demócratas van a tomar la Cámara. Creo que ya es bastante seguro».

Gregory Meeks, líder del Caucus Negro del Congreso, está en posición de presidir el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara, mientras que el representante Joaquín Castro probablemente encabezará el Subcomité del Hemisferio Occidental.

«Si traes a la derecha de Miami a la mesa, traes a los republicanos, traes a Joaquín Castro y a Gregory Meeks. O sea, ¿quién queda que no esté en la mesa? Se logra una paz duradera cuando todos están involucrados».

Los demócratas buscan avances en derechos humanos y la liberación de presos. También tienen preocupaciones en otros frentes, como el destino de miles de millones de dólares en ingresos petroleros venezolanos incautados tras la captura de Nicolás Maduro.

«Cuba no será lo primero en la agenda del Partido Demócrata si llegan a la mayoría en la Cámara, y posiblemente en el Senado. Los líderes del Partido Demócrata han mantenido conversaciones continuas con Cuba, pero también se han sentido frustrados por las dificultades de lograr cambios en la isla», explicó García.

«Hay elementos de nuestra extrema izquierda que quieren pensar que Fidel Castro es Santa Claus, así como hay elementos extremos de la derecha que piensan que no importa quién esté en Cuba, que solo hay que venderles productos y maquinaria agrícola, ¿verdad?».

Los líderes cubanos están abiertos a un diálogo respetuoso, pero rechazan un cambio de régimen mientras Estados Unidos intensifica las sanciones.

«Si los cubanos solo quieren aferrarse al poder, no creo que la llegada de los demócratas ofrezca nada», apuntó García. En cambio, afirmó que Rubio puede ayudar a mediar un acuerdo.

«No hay nadie mejor posicionado para tratar de encontrar lo que sería una victoria aceptable para Miami. Y tiene que hacerlo, porque si no consigue una victoria, pierde Miami, y necesita a Miami de cara a su futuro, que podría ser postularse a la presidencia o ser un factor en la próxima ronda de elecciones».

Rubio entiende que la política hacia Cuba en el sur de Florida es «un sistema de creencias, una religión. Es algo así como cuando oyes a los cubanos hablar de la política hacia Cuba: dicen «yo creo en el embargo», de la misma manera que dirías «creo en la inmaculada concepción», o «en la multitud de dioses que hay en la religión hindú». No puedes probar nada de eso, porque, obviamente, si yo hubiera entrado en la oficina de John Kennedy en 1962 y le hubiera dicho: «Señor presidente, si impone un embargo, en 70 años lograremos sacar a esos cubanos del poder», me habrían tirado por una ventana, ¿verdad? Porque eso es una locura. Ninguna política se establece para durar 67 años. Así que claramente no es una política, es un sistema de creencias, y hasta cierto punto los cubanoamericanos se han adherido a dicho sistgema por falta de una alternativa viable. Y Marco Rubio y Donald Trump han creado una alternativa viable».

En junio, los legisladores cubanos aprobaron 176 reformas económicas para ampliar el sector privado y atraer inversión extranjera.

«Es una reestructuración de toda la economía cubana, y hay que darles crédito a los cubanos —dijo García—, y no hay duda de que Trump se lleva al menos parte del mérito. Ciertamente, Obama no logró que hicieran eso».

García también reconoce a Rubio por tener «la retórica más sensata de cualquiera de los actores reales en el frente de la política hacia Cuba dentro de la administración Trump. Ha sido mucho más sensato… ya sabes, cosas como que la economía tiene que ir primero, estamos dispuestos a trabajar con ellos… hay que empezar por la economía y pasar al cambio político después. Si Joe García hubiera dicho esto cuando Joe Biden estaba en el poder o cuando yo estaba en el Congreso, me habrían ejecutado en las calles del sur de Florida. Y sin embargo, Marco Rubio lo dijo y nadie desapareció, nadie murió, y la mayoría de la gente pareció aceptarlo».

Rubio «nació, se crió y se formó en el ambiente de esta religión del sur de Florida, que es la política hacia Cuba, y la entiende».

El expresidente Barack Obama carecía de esa misma credibilidad cuando restableció las relaciones diplomáticas con Cuba en 2014, señaló García.

«Parte del problema que tuvo Obama es que los cubanos de la isla no querían tratar con los cubanoamericanos. Así que no hubo un solo cubanoamericano involucrado en las conversaciones cara a cara. Y creo que eso fue un error enorme… Obama podía cerrar un acuerdo con los cubanos de la isla, pero no representaba a los cubanoamericanos que viven en el exterior. Marco sí. Marco Rubio, para bien y para mal, representa una posición sólida y central de la comunidad cubanoamericana. Pero al final, los cubanos tienen que diseñar esto ellos mismos. Esta es tarea del pueblo cubano, no de los cubanos en Miami ni del gobierno de Estados Unidos».

García, quien cumplió un mandato en el Congreso a partir de 2013, ha abogado durante décadas por mejorar las relaciones con Cuba, pese a las críticas de algunos exiliados de línea dura. Atribuye su pragmatismo a su mentor Jorge Mas Canosa, quien fundó en 1981 la Fundación Nacional Cubano Americana, firmemente anticomunista.

«Todo el mundo necesita una causa. Y, bueno, conocí a Jorge Mas en una etapa formativa de mi vida. Ha sido, si no la figura más transformadora que he conocido, una de ellas. Era un hombre que distaba de ser perfecto, pero era tremendamente pragmático, tremendamente racional. Y no era populista. Despreciaba el populismo. De hecho, decía que una de las grandes virtudes de Estados Unidos era que había matado al populismo».

García recordó la capacidad de Mas Canosa para tender puentes entre bandos opuestos.

Este es el mismo Jorge Mas que podía almorzar con Jesse Helms, uno de los hombres más conservadores y racistas de la política estadounidense, y luego con Robert Torricelli, un tipo que salió con Bianca Jagger y se opuso a la ayuda a la Contra —los rebeldes de derecha en Nicaragua—. Y, de alguna manera, yo podía verlo hacer reír a ambos y unirlos en un mismo tema.

Tras la muerte de Mas Canosa en 1997, García dirigió la fundación de 2000 a 2004. Ha sido testigo de las profundas divisiones entre los exiliados, pues unos quieren diplomacia y otros reclaman una intervención militar.

Los cubanos de la isla y los del exilio «no deberían conformarse con migajas», dijo. «Se van a morir de hambre. La única manera de que Cuba avance es que se levante el embargo».

«Es como un nudo gordiano», señaló García, en referencia a la antigua leyenda griega sobre un nudo imposible de desatar. «Desatas un nudo, pero todo el nudo sigue ahí. Así que simplemente tenemos que levantar el embargo. Eso no disminuye el poder de Estados Unidos, pero abre la posibilidad de que la economía de Cuba crezca y, con ella, la sociedad civil».

Al preguntársele por qué vale la pena Cuba, García respondió: «Cuba no tiene los vastos recursos que tiene Venezuela. Lo que hace rica a Cuba es su gente. El recurso nacional de esa isla es el capital humano. Los emprendedores que se están creando en Cuba son las personas más aguerridas que vas a conocer: muy eficaces, muy eficientes y muy valientes».

Se estima que 500.000 cubanos, entre ellos muchos de estos emprendedores, salieron de la isla hacia Estados Unidos, pero ahora enfrentan riesgos de deportación bajo las redadas migratorias. García cree que podrían ayudar a reconstruir la isla si se les permitiera viajar libremente.

«Y creo que la oportunidad para Cuba es casi de carácter bíblico. Esa idea de que parte de tu población, como los judíos, fue llevada por Babilonia. Y después de 70 años, los babilonios se cansaron de los judíos y dijeron: «Pueden volver a casa». Y, por supuesto, no se fueron a casa. Se pusieron en contacto con su primo, que seguía golpeando la arena y ordeñando cabras en el desierto, y construyeron el Segundo Templo. Y esta es esa oportunidad».

Al preguntársele qué lo motiva, García respondió: «¿Qué opción tengo? Llevo 40 años metido en esta política hacia Cuba, o esta religión, así que soy o un obispo o un cardenal. Puede que no esté sentado en el Vaticano, pero sigo siendo parte de esta religión».

*NOTA DE RADIO MIAMI TODAY
Radio Miami Today reproduce íntegramente este trabajo del periodista Tracey Eaton, por su indudable interés periodístico y por el debate que plantea sobre el presente y el futuro de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.
El texto se publica respetando íntegramente la autoría y contenido del periodista.

 

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