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Perfil de Usa Today sobre el coronel Rodríguez Castro: una propuesta de análisis político

Perfil de Usa Today sobre el coronel Rodríguez Castro: una propuesta de análisis político

TOMADO DE LA JOVEN CUBA
Imagen generada con inteligencia artificial

El día que USA Today publicó su ya bien conocido perfil sobre el coronel Raúl Guillermo Rodríguez Castro coincidió con el último gran apagón nacional al «caerse» la SEN a las 12 meridiano del 6 de julio pasado. En ese momento ya conocía la existencia del artículo, pero por la conexión no lo pude leer ni mucho menos analizar. Por eso tardé unas horas en redactar mis impresiones iniciales al vuelo, que publiqué en mi muro de Facebook ese día por la noche.

No se me escapaba ni se me escapa que el tema del artículo es de suma importancia y sensibilidad para la ciudadanía cubana, pues se trata de un alto funcionario del MININT que, en varias informaciones aparecidas en diversos medios norteamericanos, se proyectó como el principal «negociador» de un posible acuerdo que con el presidente Donald Trump. El propio mandatario norteamericano se ha ufanado de que la negociación con Cuba existe y que llevará a un trato en que logrará su acariciado objetivo final (apoderarse de nuestro país), proclamándolo así «urbi et orbi».

Nunca me he creído ese relato y lo he dicho en distintos escenarios. Pero creo necesario volver sobre el tema, ya que constantemente leo en FB y otras redes «análisis políticos» que se ufanan de tener un entendimiento certero sobre el sistema político cubano y de lo que está pasando. Que le sigan dando vuelta a la noria no es un problema menor, porque ante tanto silencio del gobierno de la Habana, se va asentando en el público cubano esta narrativa calumniosa.

Hay que resistir la tentación de descartar este perfil como una nueva patraña sin mayor trascendencia sobre Rodríguez Castro, a quien se le conoce también como «El Cangrejo» o como el «nieto favorito» del general de ejército Raúl Castro, expresidente de los Consejos de Estado y de ministros, un hombre que por su trayectoria sigue teniendo un peso decisivo en el funcionamiento del sistema político cubano.

Para mayor desazón aún, apenas hace unas horas, Elier Ramírez Cañedo, un académico devenido vicejefe del Departamento Ideológico del Comité Central del PCC, ha escrito en Facebook que efectivamente Rodríguez Castro es el «el interlocutor del lado cubano, designado por la máxima dirección del país». Si esto es así, es lógico preguntarse ¿por qué el propio Elier no lo ha publicado en Granma o Cubadebate y ha elegido una vía informal como la red social de Facebook?

Desde que aparecieron las noticias sobre el coronel Rodríguez Castro como supuesto «negociador» de unas «negociaciones diplomáticas» que no existen ni han existido —según me han explicado varias fuentes del MINREX con acceso directo al tema—, sospeché que todo era una construcción mediática para crear la matriz de opinión de que «la familia Castro» gobierna Cuba como su propiedad personal y que estaba dispuesta a «negociar» la entrega del país a cambio de que se les dejara disfrutar de sus bienes, supuestamente mal habidos en Moscú o en otro lugar.

Por supuesto, ese relato es ridículo. Sólo creíble en algunos círculos calenturientos de la emigración cubana en Miami, quienes se creen que en Cuba hay un Castro detrás de cada árbol, en cada parque, controlando todo lo que hacemos los cubanos.

Fue notorio que en una de esas noticias se dijera que la parte norteamericana había insistido en la renuncia y salida del presidente Miguel Díaz Canel y que «el Cangrejo» lo había aceptado. Hasta ahora, nada parece indicar que eso sea cierto.

Como se recordará, fue inmediatamente después de esa nueva «filtración», que se proyectaron por la Televisión Nacional dos clips de intervenciones del primer mandatario ante dirigentes del partido y del gobierno y ante periodistas reconociendo que se habían sostenido conversaciones y que las mismas estaban bajo la orientación del expresidente Raúl Castro y suyas, como jefe de Estado en propiedad. Paradójicamente y sin aclarar nada, el coronel estuvo sentado en ambas reuniones y así lo mostró la Televisión Nacional.

Para cualquier persona con dos dedos de frente quedaba claro que estas noticias «filtradas», en primer lugar, por Mark Caputo citando fuentes anónimas del Departamento de Estado, eran parte de una artimaña mediática en que se intentaba lograr, por vía de una especie de negociación basada en la intimidación lo que se pronosticó que iba a pasar inevitablemente después de los acontecimientos venezolanos del 3 de enero.

Cumpliendo órdenes de Donald Trump, Marco Rubio, el artífice detrás de esta argucia, hacía todo ello con un solo objetivo, obligar al gobierno cubano real, encabezado por el presidente Miguel Díaz Canel, a capitular y rendirse.

Era el libreto de lo que debió suceder a partir del 3 de enero cuando fuerzas invasoras norteamericanas secuestraron al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, asesinando en el proceso a 32 cubanos que actuaban en Venezuela, no como tropas de combate, sino como especialistas de seguridad personal.

Privado del petróleo y del financiamiento proveniente de Venezuela, el gobierno de Cuba seguramente colapsaría, o así debió suceder. Solo que no sucedió ni ha sucedido aún.

Estos elementos obligan a leer el artículo y hacer un análisis de contenido de este, como solía hacer cuando hacía mis pininos como analista de la Dirección de Estados Unidos del MINREX, bajo la dirección de Ricardo Alarcón, allá por los lejanos años 60.

Han pasado varios días y eso me ha permitido hacer un examen más pausado y certero. Pero la posición desde la cual me propongo hacerlo no es la del ciudadano cubano que soy hoy. Me pongo más bien en la posición que tendría un diplomático extranjero en Cuba, obligado a enviar estos análisis a su Cancillería.

Pero antes no puedo negar, por el contrario, reafirmo, que como ciudadano cubano estoy asombrado, apesadumbrado y contrariado por la imagen del comportamiento de este militar cubano.

Puede ser que los periodistas de USA Today hayan manipulado lo que el coronel Rodríguez Castro les dijo en las dos ocasiones en que supuestamente hablaron con él (no hay señales que haya sido en una entrevista formal ni USA Today ha publicado una transcripción). Pero lo que es imposible negar es que los periodistas estuvieron en Cuba y lograron ser recibidos por el coronel.

No me sorprende, aunque sí me escandaliza, el comportamiento que los periodistas atribuyen a Rodríguez Castro durante estos encuentros. No soy ingenuo, sé que esos comportamientos existen y que muchos dirigentes del primer nivel no han sido capaces de criar a sus hijos con los valores de sencillez y modestia de los cuales el Ché fue un paradigma. Ese es uno de los grandes fallos de algunos de los más sobresalientes líderes de la Revolución Cubana, otrora modestos combatientes del Ejército Rebelde y de la clandestinidad.

Dicho lo anterior, también hay que decir, porque es así, que muchos hijos y nietos de dirigentes de los primeros tiempos son hoy mujeres y hombres de bien que sirven a su pueblo donde quiera que estén.

Pero en este caso hay más. Nunca vi un comportamiento similar de parte de un alto miembro de los cuerpos armados cubanos, a los cuales he admirado sobre todo porque conocí de cerca a muchos oficiales que sirvieron con distinción, sacrificando sus vidas y beneficios materiales en misiones internacionalistas de alto riesgo.

No me voy a referir a estas manifestaciones frívolas y superficiales del coronel. Remito a los lectores al excelente texto que Julio César Guanche publicó en Facebook: «El Cangrejo: Somos lo que compramos».

Voy a concentrarme en el análisis político a partir del contenido del texto.

Lo primero que habría que decir es que esta no es una entrevista propiamente dicha, como argumentan los periodistas Romina Ruiz-GoirienaKim HjelmgaardRick JervisFrancesca Chambers, y Nick Penzenstadler. Es un perfil sobre Raúl Guillermo Rodríguez Castro, basado en dos días de investigación en La Habana y dos conversaciones con él, una en un despacho en el Palacio de Convenciones y otra en un restaurante.

Nick Penzenstadler

I’m a reporter on USA TODAY’s investigative team working on national projects. I spend hours each week filing lo…

El texto tiene 4164 palabras, de las cuales solo 262 son de frases seleccionadas y atribuidas por los periodistas al coronel. Me refiero a las citadas entre comillas y no a las parafraseadas. O sea, solo 6.292%.

Por cierto, la mayor parte de esas frases son frívolas y/o superficiales como cuando la entrevistadora afirma que dijo: «Pronto los cubanos podrán encontrar en Cuba todo aquello que buscan en otros países».

Pero quizás la frase más infeliz y que más sorprende sea aquella en la que, según la periodista, el coronel asegura que bajo su conducción Cuba tendrá «tanta prosperidad que es difícil imaginarla». Esto parece sacado del libro de juego (Playbook) de Donald Trump.

Pero las dos frases más importantes del coronel que cita el artículo se refieren a los dos puntos clave de la polémica levantada en el espacio público cubano: ¿qué relevancia o posición tiene el coronel Rodríguez Castro en el sistema político cubano más allá de ser jefe de la Dirección de Seguridad Personal y primer guardaespaldas y probablemente ayudante de su abuelo? Y ¿qué papel está jugando en las conversaciones?

Y si se lee bien lo que dijo, que es bastante corto, queda claro que ni Elier Ramírez ni los periodistas opuestos que constantemente comentan en las redes tienen razón en lo que dicen.

Respecto a lo primero, dijo lo siguiente: «No me considero un político. Nunca me ha interesado la política. Pero si en algún momento la Revolución me lo pide, lo haría».

O sea, según él mismo reconoce, está esperando que lo llamen para jugar un rol en la política cubana. Puede decirse que lo que está diciendo equivale a la famosa frase del refranero popular: «No quiero, no quiero, pero échamelo en el sombrero».

Por supuesto, cualquier buen entendedor cubano sabe que cuando dice que «la Revolución se lo pide» se está refiriendo a su abuelo quien, aparentemente, no se lo ha pedido aún.

La otra frase que arroja luz sobre su posición en el proceso de las relaciones con Estados Unidos es la que sigue, tomada de la versión en español del reportaje de USA Today: «Si me designan puedo negociar con cualquiera seleccionado por el gobierno de Estados Unidos. Dada la oportunidad, claro que con Trump».

O sea, no parece ser cierto lo que afirma Elier Ramírez en su post, en esencia que ya Rodríguez Castro ha sido designado «interlocutor» en las conversaciones preliminares (el concepto que desde el punto de vista de la diplomacia más se asemeja a lo que está sucediendo entre Cuba y Estados Unidos). Al menos según USA Today no es así como se ve el propio interesado.

Por cierto, me siento obligado a aclarar dos elementos justificativos que Elier Ramírez ofrece en su texto. No es exacto cuando dice que en la diplomacia secreta entre Cuba y Estados Unidos los interlocutores elegidos «por lo general no han sido representantes de la diplomacia tradicional». Desde 1962 hasta su salida del MINREX en 1992 trabajé directamente con Ricardo Alarcón, siendo inclusive su asesor el año que ocupó el cargo de ministro, y puedo asegurar que estuvo vinculado a las negociaciones con Estados Unidos desde que el canal secreto funcionó en 1975, siendo Henry Kissinger secretario de Estado.

El otro argumento utilizado por Elier Ramírez para justificar la falta de transparencia del gobierno cubano sobre el rol de Rodríguez Castro se refiere al hecho real de que, como afirma, «estos mecanismos de diálogo se han manejado de manera muy compartimentada por ambas partes», lo que sin duda es cierto.

Lo que no dice el colega doctor en ciencias históricas es que ha sido Estados Unidos por lo general quien siempre ha insistido en ocultar estos contactos, por razones bien conocidas, pues las distintas administraciones que se sucedieron hasta el 2014, se negaron a reconocer la legitimidad del gobierno cubano.

Ramírez sí reconoce que en este caso la administración Trump «ha sido poco seria y discreta durante el proceso» rompiendo con esta práctica ya establecida, marcando así «una ruptura con la historia anterior». Según nuestro orientador ideológico, la parte norteamericana ha provocado filtraciones que «ponen en riesgo y generan incertidumbre en sus propósitos reales».

Sin duda tiene razón, pero ello no explica por qué, en esas circunstancias, el gobierno cubano ha sido omiso en revelar oficialmente detalles tan importantes que desmentirían el relato manipulador que el señor Marco Rubio intenta imponer, lo cual ha logrado en gran medida.

Quizás convenga precisar un punto en el que el reportaje de USA Today pone mucho énfasis como demostrativo del estatus del coronel dentro de la jerarquía política de la Isla y que periodistas alineados a la oposición o al llamado exilio han repetido «ad nauseam». Y es el que se refiere a la oficina donde supuestamente tuvo lugar lo fundamental de la «entrevista» con el coronel.

Es tan importante este elemento que el perfil comienza refiriéndose a ese local cuando en su primer párrafo afirma: «El teléfono fijo junto al escritorio de Raúl Castro sonó́ en la oficina revestida de madera como si el tiempo se hubiera detenido en 1984. Pero esta vez, fue otra persona quien contestó».

Dramático, verdad. Pues claro, ese es el efecto que se persigue. Y se hace no solo con ese párrafo inicial sino con las otras cuatro veces en que se habla de ese local en el texto. «Estuvimos en el asiento del poder cubano, reunidos con el Principe Heredero de la dinastía Castro», parecen querer comunicar a sus lectores los reporteros.

¿Su objetivo? Corroborar la leyenda de que el coronel Raúl Guillermo Rodríguez Castro es el sucesor de la familia reinante, por así decirlo. Utiliza la oficina donde está el asiento del poder en Cuba, así parecen añadir los periodistas de USA Today. Pero hay un pequeño detalle que echa por tierra toda esa imagen. Esa no fue la oficina ni de Fidel ni de Raúl, ni mucho menos lo es de Raúl Guillermo Rodríguez Castro. Esa es una oficina o salón de protocolo que usaron en momentos específicos los dos dirigentes históricos de la Revolución Cubana para recibir a dignatarios o personalidades de otros países que asistían a eventos políticos o académicos que tuvieron lugar en el Palacio de Convenciones.

Sus oficinas reales, donde trabajaban diariamente, están en el Palacio de la Revolución. A 11.5 kilómetros de distancia. Y, en serio, ¿se puede creer que el oficial militar que dirige el servicio de protección personal de los más altos dirigentes cubanos puede tener su oficina tan lejos de los que son los preciados ejes de su trabajo profesional?

Evidentemente la periodista se tragó el relato y no verificó si esa era de verdad la oficina del coronel. Ni siquiera le extrañó que estuviera en un lugar tan apartado y donde no había otra cosa que un salón de convenciones. Nada, que aún los mejores periodistas se pueden «ir con la de trapo» si quieren confirmar la idea preliminar con la que enfocaron una historia.

Además, se sabe perfectamente donde tiene su sede la Dirección de Seguridad Personal del Ministerio del Interior y no es en el Palacio de Convenciones.

Lo que sí llama la atención, si nos atenemos a lo que afirma Elier Ramírez, es que, siendo el interlocutor oficialmente designado, el coronel sea tan descuidado, irresponsable o negligente como para dar detalles de su vida privada a unos periodistas, sin reparar en la posibilidad de que construyeran un relato encaminado a instrumentalizar su imagen.

De hecho, incluso si su rol siguiera siendo solo el de jefe de la Dirección de Seguridad Personal, y escolta y ayudante de su abuelo, sus declaraciones a este medio, asumiendo que son verdad hasta tanto alguien las niegue, son igualmente descuidadas, irresponsables y negligentes.

No puedo terminar este análisis sin hacer referencia a dos apreciaciones que se hacen en este artículo que no provienen del coronel, sino que son frases analíticas de un experto y de un activista político cubanoamericano. Ambas arrojan luz sobre el tema que se está debatiendo, que ha carcomido la esfera pública cubana desde que salió la primera «filtración».

Según los periodistas, uno de los expertos consultados fue Pablo Uchoa, especialista en temas de seguridad latinoamericanos con un doctorado de la Universidad de Londres y 16 años de experiencia como corresponsal de la BBC para América Latina. Uchoa se acerca mucho a la verdad cuando dice, según el texto: «Raulito es poderoso. Tiene acceso. Es alguien con quien la Casa Blanca puede hablar. Pero no puede actuar al margen del sistema político cubano». A mi criterio, esta apreciación es acertada.

Uchoa también se refirió a la importancia que tiene un personaje como el coronel Rodríguez Castro para los objetivos de Casa Blanca y el Departamento de Estado cuando dice: «Raulito les ofrece mayor flexibilidad porque es una figura cuasi oficial. Es un militar. Pero su papel es mucho más amplio de lo que refleja oficialmente».

Esto último se vincula con la opinión de Ricardo Herrero, un cubanoamericano que ha venido jugando un rol importante como director ejecutivo del Cuba Study Group, una organización de centro en el entramado político de la diáspora cubana en la Florida: «Esta administración ha contribuido a crear a Raulito. Ha logrado construir consenso entre los distintos grupos del Estado cubano a favor de una apertura del mercado. Pero eso no basta para quienes rodean a Rubio, que buscan un cambio político, no solo económico».

Y es precisamente ahí donde está el peligro. En esta última etapa del conflicto con los Estados Unidos, los cubanos todos (no solo el gobierno) nos estamos jugando muchas cosas.

Sí, es imprescindible buscar una salida y una negociación exitosa con Estados Unidos puede ser parte de ese proceso si realmente se levantaran todas las sanciones. Pero los norteamericanos, encabezados por Trump y Rubio, no están dialogando con el gobierno cubano de buena fe ni están priorizando el bienestar del pueblo cubano como alegan. Por tanto, la parte cubana necesita tener de su lado los diplomáticos más capaces que dominen el arte de la negociación y conozcan bien a los Estados Unidos. Los hemos tenido y los tenemos.

Entregarle el rol de interlocutor a alguien sin experiencia y con una actitud más bien frívola hacia la vida de los cubanos puede tener graves consecuencias.

Más allá de las intenciones del reportaje de USA Today, seguimos con un problema de fondo del lado cubano. En un momento de crisis extrema, apagones, desgaste social e incertidumbre política, el silencio oficial no protege la soberanía. Cuba necesita negociar con firmeza, profesionalidad y sentido de Estado, pero también con un mínimo de transparencia hacia una ciudadanía que no puede seguir enterándose de asuntos decisivos por filtraciones, rumores o publicaciones informales en Facebook.

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