
Al dirigir estas medidas contra sectores estratégicos como la energía, el comercio exterior, el transporte marítimo, los servicios financieros y el turismo, se intenta cerrar nuevas vías de acceso a recursos indispensables para el desarrollo del país. Sus efectos no recaen únicamente sobre instituciones estatales: repercuten directamente en la vida cotidiana de millones de cubanos.
Cada obstáculo impuesto para adquirir combustible significa mayores dificultades para generar electricidad; cada restricción al comercio exterior dificulta la importación de alimentos, medicamentos, materias primas e insumos médicos; cada limitación financiera encarece las operaciones y retrasa la llegada de recursos esenciales para hospitales, escuelas, centros de trabajo y servicios públicos.
El impacto de estas medidas se traduce en más dificultades para las familias, los niños, los adultos mayores y las personas en situación de vulnerabilidad. Ningún pueblo debería ver limitadas sus posibilidades de desarrollo ni sufrir privaciones como consecuencia de políticas de presión económica destinadas a provocar el colapso de su economía.
La comunidad internacional ha reclamado de manera reiterada el fin del bloqueo y de las medidas coercitivas unilaterales contra Cuba. Sin embargo, esta nueva escalada demuestra la voluntad de profundizar una política que afecta directamente los derechos y el bienestar del pueblo cubano.
Cuba continuará defendiendo su soberanía, su independencia y el derecho de su pueblo a vivir, trabajar y desarrollarse sin el peso de un bloqueo que, por más de seis décadas, ha intentado asfixiar la economía nacional y quebrantar la voluntad de toda una nación.
Cancillería de Cuba
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