Hay en Cuba quienes expresan preocupación por el envejecimiento de los líderes y funcionarios de mayor jerarquía política y estatal, mientras otros se intranquilizan al percibir la ausencia de ideas renovadoras, actitudes innovadoras y planteamientos audaces en la proyección pública de aquellos cuadros jóvenes o relativamente jóvenes que operan en los niveles medios de las estructuras del gobierno, el partido, los parlamentos, el poder judicial, las organizaciones sindicales, juveniles, de masas, sociales y profesionales.
Al respecto varios destacados intelectuales, académicos y diplomáticos cubanos, entre ellos Aurelio Alonso, Carlos Alzugaray y Esteban Morales, casi con las mismas palabras, han comentado que los jóvenes dirigentes aluden constantemente a la continuidad del proceso revolucionario y raras veces al cambio. Otros como Rafael Hernández y el recién fallecido Desiderio Navarro, ofrecen tribunas y crean espacios de perfil teórico e ideológicos avanzados que son más disfrutados y aprovechados por gente de edad provecta que por los representantes de las nuevas generaciones y los líderes emergentes.
La preocupación proviene de la proyección pública de los cuadros jóvenes y de mediana edad, que son la mayoría entre los diputados y ministros, profesores y rectores de las universidades, directores de empresas instituciones de servicios, diplomáticos y directivos de los medios de difusión, en los cuales no se percibe un pensamiento renovador, un esfuerzo por operar con ideas avanzadas y acercarse a los asuntos contemporáneos con argumentos de calidad. Hay incluso quienes temen un empobrecimiento de la cultura política.
En este segmento etario, es visible la tendencia a la repetición de conceptos establecidos, algunos de ellos, obviamente superados por la práctica y la teoría y otros francamente envejecidos y lo que es aún peor, a evadir el tratamiento de complicados problemas sociales, incluso algunos presentes en su radio de acción, a abusar de eufemismos y al debate fraterno con aquellos que se rezagan.
En ocasiones da la impresión de que, sobre todo, en los ámbitos políticos, teóricos, culturales e ideológicos, se colocan en una zona de confort desde la cual se elogia al pasado y se evita considerar las tensiones del presente, así como los desafíos y oportunidades del porvenir.
Aunque hay excepciones, en muchos ejecutivos jóvenes que se aprestan a relevar a la generación histórica, así como entre los periodistas, comunicadores y expertos en asuntos de comunicación social, se extraña la energía, la vehemencia y la audacia de los emprendedores, cuya mejor cualidad es proponer iniciativas y cuya característica es la disposición para asumir los riesgos de pensar con cabeza propia y actuar con independencia.
No se trata de pedir a los jóvenes líderes que actúan en las estructuras del sistema, que se aparten de las políticas, el pensamiento y el discurso oficial que, dicho sea de paso, es el de la Revolución, sino de que lo realicen con creatividad e independencia, lo enriquezcan, lo modernicen y lo dinamicen y, en tiempo lugar y forma, lo critiquen y lo enriquezcan.
Ser innovador no significa ser opositor, hipercrítico ni hereje, pero tampoco ser fiel implica ser dogmático. Ser jóvenes responsables es también ser creadores, audaces y originales y, cuando sea necesario, valientes. El presidente Raúl Castro, educado en la escuela del Concepto de Revolución, es el más persistente defensor del socialismo y el más audaz de los renovadores. Fue él quien primero llamó a “Desempolvar el trabajo político y del Partido” y quien en los difíciles años noventa levantó la consigna de: “Sí, se puede” y fue provincia por provincia, renovando y entregando la bandera a cuadros jóvenes.
Es francamente extraño que en la retórica de los jóvenes dirigentes no se perciba respaldo explícito y entusiasta a la idea de “cambiar las mentalidades” y no se profundice en el contenido de la idea de “Cambiar todo lo que deba ser cambiado”. Al respecto Aurelio Alonso, Premio Nacional de Ciencias Sociales fue preciso al indicar que “Fidel no dejó dicho lo que era necesario cambiar”, cosa que le corresponde averiguar a los jóvenes con responsabilidades.
Desde cualquier punto de vista, es preciso reconocer que las ideas, el diseño y el impulso renovador, plasmado en la actualización del modelo económico y social, provienen de la generación histórica, la cual no puede ser tildada de inmovilista, pero que tampoco puede hacerlo todo y a la cual no basta con elogiar, sino que es preciso apoyar, tanto en la idea de la resistencia como en la del cambio.
En los años ochenta, antes de que Gorbachov apareciera en la palestra pública, el Comandante Fidel Castro auspició el proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas y legó el Concepto de Revolución, síntesis del espíritu renovador que ha de caracterizar al discurso revolucionario en todas sus etapas.
En los últimos años, en medio de tensiones políticas y emocionales tremendas, desde la presidencia, Raúl Castro no solo avanzó en otras rectificaciones, sino que condujo el esfuerzo para encaminar la solución del diferendo con Estados Unidos, en lo cual los resultados están a la vista. Luego les cuento. Allá nos vemos.
…………………………………………………………………
El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por Esto! Al reproducirlo indicar la fuente.










