El Mito miamense de la manos atadas

EL MITO MIAMENSE DE LAS MANOS ATADAS


manos-atadasUn personaje de los tiempos de la pseudorepública en Cuba era el guapo de barrio, casi siempre al servicio de un político de cuarta categoría. Lo vimos caricaturizado en San Nicolás del Peladero, con el cuchillo «matavacas» terciado en la cintura. El guapo «cobraba el barato», «metía frío», o «vestía de jeva» a los infelices; pero cuando se topaba con alguien con los pantalones bien puestos, su frase preferida era «¡No me aguanten, que lo mato!». Nadie lo estaba aguantando ni pretendía hacerlo, pero la frase servía para disimular su cobardía.
Traigo a colación este personaje porque desde hace muchos años (desde Girón, para ser más preciso) los «guapos» de Miami alegan que no han «liberado» a Cuba porque han tenido las manos atadas por las sucesivas administraciones norteamericanas. Bastaría con recordarles, aunque la comparación sería un sacrilegio, que los mambises con José Martí al frente nunca necesitaron permiso de las autoridades estadounidenses para organizar expediciones por la independencia de Cuba. Pero ¿Qué tal si la nueva política de Trump hacia la Isla es la de dar luz verde a los guapos de Miami para que vayan a luchar en Cuba?. «¡No me aguanten!», «¡No me aguanten!» ;se escucharía por todo Miami.

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