Washington, 16 feb (PL) El ministro cubano del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, reiteró hoy en esta capital que el bloqueo de Estados Unidos a la Isla representa el principal obstáculo para progresar en las relaciones bilaterales.
La eliminación del cerco económico, comercial y financiero vigente por más de medio siglo sería positiva para los dos países, señaló al intervenir en un evento en la Cámara de Comercio norteamericana, donde conversó, junto a la delegación que lo acompaña, con directivos y empresarios.
Malmierca comentó a los presentes en la instalación detalles del proceso de actualización de la economía cubana, sus avances y desafíos en el contexto del bloqueo.
En ese sentido, mencionó la recuperación del Producto Interno Bruto tras la crisis derivada del colapso del campo socialista, el auge del turismo y el nivel de calidad alcanzado por productos biotecnológicos y farmacéuticos en la mayor de las Antillas.
A propósito del turismo, un sector muy atractivo para las compañías estadounidenses, consideró que cuando se levanten las restricciones de viaje impuestas a los ciudadanos norteamericanos, Cuba enfrentará un importante reto en materia de infraestructura.
Estamos dispuestos a encararlo, subrayó durante un almuerzo con altos directivos y hombres de negocios en la Cámara de Comercio.
Asimismo, el titular señaló los esfuerzos de la isla para mantener elevados indicadores sociales, como los que muestra en educación y salud.
Respecto a la inversión extranjera, compartió recientes acciones adoptadas, entre ellas la actualización de la normativa, y sus potencialidades.
También abordó lo atractivo del mercado de Cuba, dada su posición geográfica, la estabilidad imperante y la alta calificación profesional de su mano de obra.
Antes de la intervención de Malmierca, el vicepresidente ejecutivo y jefe de Asuntos Internacionales de la Cámara, Myron Brilliant, dio la bienvenida a los visitantes.
Por su parte, el líder del Consejo Empresarial Estados Unidos-Cuba (USCBC), Carlos Gutiérrez, resaltó las oportunidades de negocios para ambos países y lo mucho que queda por hacer para impulsarlas.
Gutiérrez reconoció el impacto de las sanciones (el bloqueo estadounidense) en los vínculos comerciales, el obstáculo que representan para los lazos normales y la importancia del trabajo conjunto de cara a los desafíos, por lo que recordó el papel a jugar por el USCBC, creado el año pasado por la Cámara de Comercio norteamericana para potenciar el acercamiento.
El exsecretario de Comercio durante la administración de George W. Bush valoró la visita de Malmierca al frente de una delegación de funcionarios y empresarios cubanos.
Pese a las amplias relaciones internacionales de esta Cámara, por primera vez en mucho tiempo escuchamos a un ministro cubano, y esperamos que en el futuro vengan muchos más encuentros como este, dijo.
Por: Ismael Francisco, Rosa Miriam Elizalde
Hay mayor distancia entre La Habana y Pinar del Río, que entre el Malecón y el Estrecho de la Florida. Son exactamente 180 kilómetros, que se muestran en el mapa satelital del avión de la Aerolínea panameña Copa, donde viaja a Washington el Ministro del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca.
La ruta que lo lleva a Estados Unidos va primero a Panamá y luego retorna sobre sus pasos para dirigirse al Norte. Dos veces sobrevuela la Isla, que obviamente no se ve desde la altura de crucero que ha tomado el avión. Pero se sabe que debajo de la barriga de la aeronave está la ladera meridional del Pico Turquino y no es difícil para un cubano imaginar el vigoroso relieve de la Sierra Maestra, con valles estrechos abiertos entre los contrafuertes montañosos.
Mirando el mapa con un avión en miniatura deslizándose lentamente hacia el Norte por más de cuatro horas, y a unos pasos de donde se sienta el Ministro de Comercio Exterior de Cuba, tampoco cuesta trabajo pensar en la política absurda que ha impedido por medio siglo las relaciones entre nuestro país y Estados Unidos, y de paso, ha entorpecido el paso natural del comercio en toda la región. Nuestra Isla sobre ese mar mira hacia todos los caminos del mundo, como decía el sabio Antonio Núñez Jiménez, pero entre sanciones y cacerías financieras del vecino poderoso, ese enclave privilegiado ha estado bajo asedio por demasiado tiempo. Un cerco que ha sido contra nosotros y contra los demás.
El archipiélago cubano tiene una posición semejante a la del Japón frente a las costas asiáticas y a la de Gran Bretaña frente al continente europeo. El bloqueo le ha impedido no solo a Cuba y a Estados Unidos, sino al mundo, el tránsito por uno de las vías privilegiadas del planeta, “llave del Golfo”, de ahí la importancia estratégica del Puerto del Mariel, que han visitado ministros, gobernadores y senadores estadounidenses en los últimos meses. Recuperar plenamente ese paso que permite la confluencia de los caminos es quizás una de las mayores esperanzas que deja entrever el cambio de la política del Presidente Barack Obama y el inicio del proceso de normalización de las relaciones entre los dos países.
Aunque no es la primera vez que un funcionario cubano de muy alto rango visita Estados Unidos desde el llamado “deshielo” –lo hizo el Canciller Bruno Rodríguez, cuando reabrió la Embajada de La Habana en Washington-, la presencia, por primera vez, del Ministro del Comercio Exterior de la Revolución tiene en vilo a la prensa estadounidense y es bienvenida en Estados Unidos por políticos, funcionarios, empresarios y ciudadanos comunes y corrientes, hartos de hostilidades y avenidas truncas entre las dos naciones.
Incluso, cuando el avión finalmente se posa en la pista del Aeropuerto Internacional Washington-Dulles, a 32 kilómetros del corazón administrativo de los Estados Unidos, se aprecia cierta distensión y relajamiento al recibir al Ministro y a la delegación que lo acompaña. La temperatura está bajo cero, las lomas de nieve bordean la pista y hay pronóstico de nevada para la próxima madrugada. Pero aquí, en este domingo del Día de San Valentin, el ambiente es cálido.
El camino debe tener dos vías o no es camino
Gail Reed, periodista estadounidense y editora ejecutiva de la revista especializada en salud, MEDICC (Medical Education Cooperation with Cuba), ve con optimismo esta visita de Malmierca y el hecho de que se produzca poco después de las medidas anunciadas por el Departamento de Comercio y el del Tesoro, a fines de enero pasado. Ella cree que este tercer paquete de medidas ayuda al portaaviones de pueblos que es Cuba anclada en el Caribe y lo que más le entusiasma es que potencialmente podría beneficiar la salud de ambos pueblos.
Pero un camino tiene doble vía o no es camino. Y todavía hay restricciones que influyen negativamente para lograr la cooperación en materia de salud entre Cuba y Estados Unidos”, tema que ella conoce como pocos. “Otros cambios requieren acción del Congreso -asegura-. El más relevante, antes de la eliminación total del bloqueo, es la eliminación de la prohibición de la exportación de medicamentos y equipos médicos a Cuba sin licencias específicas otorgados por el Departamento del Tesoro de EEUU”.
Gail asistirá en Washington al encuentro del Ministro Malmierca con empresarios de Estados Unidos interesados en el comercio con Cuba, y adelanta a Cubadebate algunas de sus impresiones. Está convencida de que la empresa cubana en el ámbito de la salud y la biotecnología podrían beneficiar a los estadounidenses, de levantarse las restricciones vigentes para las importaciones desde Cuba a Estados Unidos.
“En particular, los que padecen de enfermedades crónicas como el cáncer y la diabetes, debido a los productos e innovaciones que Cuba ha desarrollado en este sector –por ejemplo con las vacunas terapéuticas contra el cáncer de pulmón, de cuello y cabeza, y de varios pediátricos. Otro ejemplo, por supuesto, es el de Heberprot-P para el tratamiento de lesiones del pié diabético. En EEUU hay más de 70,000 amputaciones cada año por esta complicación de la diabetes, y mayormente entre las minorías y los pobres. Todavía no tienen acceso a este medicamento cubano -que ha reportado disminuir el riesgo relativo de amputación por más del 70%- por las restricciones de la política actual. Es inaceptable que tengan que seguir sufriendo, sencillamente, y que terminen discapacitados por la política exterior de su gobierno”.
También, reconoce, hay estrategias en el sector salud que han contribuido a los indicadores positivos que muestra la población cubana hoy, aún con limitados recursos, que pudieran aprovechar las autoridades y comunidades de EEUU en función de lograr mayor equidad en salud y mejores resultados para todos. “MEDICC ha comprobado que esto no es teoría, ya que ha trabajado con unas 13 comunidades en EEUU que están tomando iniciativas locales a raíz de sus experiencias en contacto con el sistema nacional de salud en Cuba”, dice Gail.
Cada vez que Cuba y EEUU se reúnen a conversar, los caminos se acercan
Pocas personas conocen como Sarah Stephens, directora ejecutiva del Centro para la Democracia en las Américas (CDA), con sede en la capital estadounidense, la difícil trama que mueve los hilos en Washington en el tema de las relaciones Cuba-Estados Unidos, y cuánto afecta el bloqueo a la Isla. A ella acudimos para conversar sobre el contexto en el que se produce esta visita de Malmierca. Por la relevancia de esta conversación la compartimos íntegramente.
-En una nota en nombre del Centro para la Democracia en las Américas (CDA) tras las nuevas regulaciones de los Departamentos de Comercio y el Tesoro, del 27 de enero, usted dice sentirse optimista de que el gobierno hará uso de su autoridad ejecutiva para ir más lejos en las semanas y meses por delante. ¿Exactamente en qué dirección podría avanzar más la administración de Obama a corto plazo?
-En varias reuniones y conversaciones que tuve con funcionarios de la administración Obama, me impresionaron por su compromiso para hacer más y su reconocimiento de que los últimos días del Presidente han llegado –en ellos se mezclan el deseo y la urgencia a la hora de enfrentar los problemas que le esperan. Existe una amplio consenso entre expertos de la legislación y de la política de que el Presidente puede usar sus poderes ejecutivos para permitir viajes no turísticos a los individuos dentro de las reglas people to people; aumentar exportaciones estadounidenses a Cuba e importaciones cubanas a los Estados Unidos; y aliviar a las instituciones financieras de la ansiedad que supone ser objeto de multas si participan en transacciones autorizadas con clientes cubanos.
Las ventajas de hacer esto están claras; será beneficioso para el pueblo de los Estados Unidos y de Cuba, aumentaría actividad comercial, y ayudaría la economía cubana, y así lograr un acercamiento entre nuestros países. Uno de los mayores logros del Presidente Obama en su apertura diplomática hacia Cuba es haber cambiado el enfoque de su política: los intentos de minar la economía y al gobierno cubano, han derivado en acciones que normalizan sus relaciones de tal manera que sirve a los intereses nacionales de los EEUU y beneficia al pueblo cubano.
-Algunos comentaristas han considerado que estas medidas constituyen un paso “gigantesco” en el proceso de normalización de relaciones entre los dos países. Sin embargo, otros consideran que estas regulaciones son limitadas, de difícil concreción y no reflejan una clara voluntad del presidente Obama de blindar con hechos su nueva política hacia Cuba. ¿Cómo lo ve usted?
-Ese cambio de enfoque del Presidente hacia Cuba es de por sí un paso gigantesco. Ahora ha adoptado un camino preciso y paso-a-paso (step-by-step) para lograr lo que él siente que puede lograr dentro de las límites de la ley, en particular las leyes del embargo. Para quienes deseamos la normalización de relaciones, entre los que orgullosamente está el CDA, es importante asumir una perspectiva de largo alcance; cualquier paso individual puede parecer limitado, pero cada cambio en la política vistos de conjunto son audaces y dramáticos comparado con lo que había antes, y deben ser apreciados de esa manera.
-Las autoridades cubanas han expresado que estas medidas se ven dificultadas por la prohibición de utilizar el dólar norteamericano en las transacciones. ¿Tiene facultad el Presidente para cambiar esta regla? ¿Cómo afecta esta circunstancia al empresario estadounidense?
-El Presidente Obama siempre ha operado dentro de la ley; a veces esto ha significado ampliar el derecho de los ciudadanos estadounidenses y los intercambios comerciales con Cuba, y a veces ha significado la aplicación estricta de las regulaciones que están diseñadas para impedir transacciones comerciales y que son consistentes con el embargo. Esto genera temor en muchas compañías norteamericanas, incluyendo instituciones financieras, temor a tratar con consumidores cubanos o a avanzar en contratos con Cuba. Numerosos expertos legales consideran que él tiene la autoridad para cambiar el clima regulatorio en cuanto a las transacciones en dólares y propiciar una actividad comercial más amplia para que empresarios estadounidenses puedan intercambiar con sus homólogos cubanos sin temer a que los vayan a multar. Yo espero que el Presidente tome semejantes decisiones en el tiempo que le queda al mando.
-Diversas fuentes en Estados Unidos han comentado la posibilidad de que el Presidente Obama vaya a Cuba a principios de marzo. ¿Cuál sería el impacto en la isla de una visita del Presidente a La Habana? ¿En Washington? ¿En las elecciones presidenciales y legislativas del 2016?
– He estado viajando a Cuba desde 2001, y jamás he visto semejante emoción en la Isla, al menos cuando se trata de los Estados Unidos, que en los días en que el Presidente Obama y el Presidente Castro se dieron un apretón de manos en el Homenaje a Mandela (en Sudáfrica), o cuando el Presidente Obama citó a José Martí el 17 de diciembre. Lo que el Presidente estadounidense reconoce – a diferencia de sus predecesores– es el valor que los cubanos dan a su soberanía nacional y a la dignidad humana. Él trata a Cuba y al pueblo cubano con respeto – tal como debe ser–, lo que lo aleja de hecho de la política anterior. Éste es la razón por lo cual yo creo que si él visita a Cuba, el Presidente será recibido de forma calurosa por el pueblo cubano, y creo que si realiza esta visita aumentaría el apoyo – ya altísimo – de los estadounidenses a su política hacia Cuba y a todo lo que ha logrado.
-Algunos de los candidatos republicanos para la presidencia del país han criticado la apertura de la Casa Blanca hacia La Habana. Si uno de esos candidatos gana la elección, ¿pudiera darle marcha atrás a esas medidas positivas?
-Mi organización, el Centro para la Democracia en las Américas (CDA), es una institución sin fines de lucro y no toma posiciones políticas frente a la elección. Pero es posible examinar las posiciones de los candidatos sobre la política EEUU-Cuba y concluir que muchos revertirían la política (de Obama). Nosotros creemos que cada vez que un norteamericano visita a Cuba, cada vez que nuestros funcionarios se reúnen para trabajar en los problemas que nos dividían, los argumentos para avanzar en los cambios se fortalecen.
-¿Qué posibilidades hay que el Congreso apruebe legislación este año para eliminar o aliviar el bloqueo?
-Nosotros en el CDA estamos trabajando para fortalecer el apoyo a los cambios del Presidente, defenderlos de las críticas y evitar que puedan ser revertidos, además de educar a los hacedores de políticas y al público sobre la necesidad de completar el proceso de normalización. Estamos orgullosos de que tres veteranos de los viajes del CDA a Cuba – el Senador Klobuchar, y los Representantes Tom Emmer y Kathy Castor – están a la cabeza de los esfuerzos en el Congreso estadounidense para revocar el embargo. Es nuestra esperanza de que esta legislación reciba un creciente apoyo en el Congreso ahora, y nos enfocamos hacia 2017 para alcanzar los votos que permitan revertir el embargo de una vez y por todas.
-El año pasado llegaron 145 000 visitantes de EEUU a Cuba. ¿Cuál ha sido el impacto en EEUU de tantos estadounidenses haber visto a Cuba con sus propios ojos?
-He tenido la suerte de haber organizado varios viajes a Cuba para 112 miembros del Congreso y veteranos asistentes de congresistas, dos gobernadores estadounidenses, más de 50 empresarios privados y cientos de líderes dedicados a la filantropía, asuntos femeninos y de las artes para examinar directamente los impactos de la política norteamericana en el el pueblo cubano. Puedo hablar del efecto que esto tuvo en ellos. Casi todos los que nosotros hemos llevado han regresado a los Estados Unidos con mayor admiración hacia el pueblo cubano, con una mayor comprensión del gobierno y la historia de Cuba, y el deseo de acabar con el embargo y normalizar las relaciones. Más que todo, nuestros viajeros concluyen que, para cualquiera que viva en los EEUU, debería ser totalmente legal la visita a Cuba en sus propios términos, sin tener que rogarle al gobierno estadounidense. Ellos quieren libertad para viajar a Cuba.
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En la primera cita en Washington del ministro cubano de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, la que realizó el martes a la Cámara de Comercio de Estados Unidos, la imagen tuvo tanto o más valor que las palabras. Porque más allá de lo que discutira a puerta cerrada con los líderes empresariales del país, lo realmente inédito era la presencia misma de un ministro cubano en el salón de honor del corazón empresarial estadounidense, haciendo una presentación sobre la economía cubana y las oportunidades de negocio que presenta la isla. Una imagen, como recordaron tanto los anfitriones como el invitado, que hubiera sido inimaginable hace poco más de un año.
Sin embargo, desde el anuncio de normalización de relaciones realizado el 17 de diciembre de 2014, los empresarios estadounidenses y el Gobierno cubano comparten una misión, y una visión: que el hecho de que una empresa norteamericana empiece a producir en Cuba sea algo tan habitual que deje de ser noticia, tal como sucedió con el anuncio, el lunes, de que una pequeña fábrica de tractores de Alabama se convertirá en la primera empresa estadounidense en más de medio siglo que construya una planta de ensamblaje en la isla.
Para ello sin embargo todavía queda «mucho camino por recorrer», como reconoció el martes Carlos Gutiérrez, flamante presidente del Consejo Empresarial Estados Unidos-Cuba, un organismo creado en septiembre del año pasado por la Cámara de Comercio estadounidense para impulsar «una relación comercial fuerte y estratégica» entre los dos países. Gutiérrez, un republicano de origen cubano que como secretario de Comercio del Gobierno de George W. Bush fue en su momento un firme defensor del embargo, se ha convertido en estos últimos meses en una de las puntas de lanza de los esfuerzos políticos y empresariales para acabar con las sanciones comerciales a Cuba y abrir la isla a los negocios y turistas estadounidenses.
«Tenemos una oportunidad histórica para construir una relación económica entre EE UU y Cuba que podrá tender puentes» en otros aspectos de la relación bilateral, subrayó Gutiérrez. Pero para ello hay que mantener los esfuerzos, advirtió. Pese a todos los cambios realizados desde el 17 de diciembre de 2014, «todavía queda mucho trabajo por hacer, y se requiere esfuerzos sostenidos para asegurarnos de que esta oportunidad histórica es aprovechada y no despilfarrada», insistió.
Y ahí hay otro punto crucial de coincidencia entre los empresarios estadounidenses y La Habana: «La normalización es imposible mientras las sanciones sigan en pie», dijo Gutiérrez, una afirmación que podría haber procedido -y lo ha hecho- de cualquier alto funcionario cubano.
Pero los esfuerzos no deben ir en una sola dirección. Si bien el levantamiento del embargo estadounidense es clave, numerosos empresarios estadounidenses llevan tiempo alertando a Cuba de que también necesitan más claridad sobre sus leyes para sentirse seguros realizando los negocios que tanto ansían las dos partes.
«Queremos hacer negocios con ustedes y creemos que hay oportunidades reales de lograr resultados concretos en los próximos meses», les aseguró Malmierca, quien aprovechó su presentación para «invitar» al centenar largo de empresarios que lo escucharon a «trabajar duro para levantar el embargo».
«Nosotros estamos dispuestos a recibir a todas las empresas estadounidenses para hacer negocios, no hay problema», aseveró Malmierca. «Vamos a tratar a las compañías estadounidenses de la misma manera que tratamos a las de otros países. No vamos a discriminarlas ni a hacer el proceso más complicado, en Cuba necesitamos la inversión extranjera. Pero el mayor problema es el bloqueo», insistió en rueda de prensa posterior.
Una postura que respaldó la vicepresidenta de la Cámara de Comercio para las Américas, Jodi Bond. «Las empresas europeas y otras están firmando acuerdos con Cuba. Pero nosotros ni siquiera sabemos si nos van a dar una licencia para ir allá a negociar. Las sanciones (embargo) están reteniendo nuestra capacidad de hacer negocios», lamentó.
A pesar del embargo aún vigente, el comercio es una de las áreas donde más puede avanzar la normalización de relaciones. Por un lado, porque existe interés de las dos partes en impulsar un comercio bilateral con el que, por situación geográfica, ambos países consideran su socio «natural». Y también porque en el área económica el Gobierno de Obama puede seguir flexibilizando las condiciones para que, aunque el embargo siga ampliamente vigente, se aliente el comercio bilateral. Pese a que sigue vigente la preocupación (o una de ellas) de que en menos de un año el próximo presidente de EE UU pueda anular las órdenes ejecutivas de Obama que permitieron el mayor intercambio comercial y político con La Habana, se considera extremadamente difícil que el próximo inquilino de la Casa Blanca vaya a revertir medidas que benefician a empresarios norteamericanos.
La pregunta sobre el interés que pueda tener una isla de 11 millones de habitantes para un gigante comercial como EE UU se plantea de forma reiterada. La respuesta estriba sobre todo en el campo agrícola y en el potencial turístico de una isla que desde que Obama y Raúl Castro anunciaron la normalización de relaciones, en diciembre de 2014, ha visto cómo se disparaban las cifras de empresarios y de visitantes estadounidenses, aunque el turismo esté aún formalmente prohibido para los ciudadanos de EE UU.
De hecho, al mismo tiempo que Malmierca hablaba en Washington, el secretario estadounidense de Transporte, Anthony Foxx, firmaba en La Habana un memorando de entendimiento que abre la puerta a que, a partir de otoño, las aerolíneas comerciales estadounidenses puedan ofrecer vuelos regulares a la isla. Se espera que haya solicitudes para hasta 110 vuelos diarios.
La Cámara de Comercio estadounidense emitió en junio un informe para la Comisión de Comercio Internacional de EE UU sobre el potencial de negocios en Cuba si se aliviaran las restricciones para la exportación de productos agrícolas y se levantara la prohibición de viajes a la isla. De acuerdo con este estudio, el impacto económico total sería de 1.100 millones de dólares, además de la creación de 6.000 nuevos puestos de trabajo en EE UU en diversos sectores.
La visita de Malmierca devuelve la realizada el pasado octubre por la secretaria estadounidense de Comercio, Penny Pritzker, con quien el ministro cubano se reunirá este miércoles en Washington para abrir la segunda ronda de negociaciones sobre las regulaciones bilaterales.
«Tenemos que encontrar maneras de lograr que tengan lugar negocios concretos. Tenemos muchas posibilidades, pero tenemos que demostrar que las cosas están pasando», adelantó Malmierca.













