
Las escuelas y las universidades son templos del saber y la racionalidad, los espacios donde más inocencia, sueños, talento y humanismo se concentran y los sitios donde los ideales de libertad y justicia se manifiestan en estado práctico. Las escuelas donde se enseña, se aprende y se viven plenamente las mejores edades, son las instituciones en las cuales las comunidades depositan cada día sus tesoros más preciados y donde la violencia no debería tener cabida. Permitir que las armas convivan con los lápices, el llanto prevalezca sobre la risa y se entronice el crimen, es diabólico y suicida.
Pocas veces en la historia de los Estados Unidos las escuelas y universidades han sido escenarios de conflictos políticos y de violencia, pero cuando se ha llegado a extremos, su aporte ha sido decisivo. Así ocurrió en los años cincuenta y sesenta cuando el debate en torno a la segregación racial se desplazó al terreno escolar.
En 1954 la Corte Suprema declaró ilegal la segregación en las escuelas, orden que en 1957 fue desobedecida por el gobernador de Arkansas, Orval Faubus quien movilizó a la Guardia Nacional para impedir que estudiantes negros ingresaran a los centros escolares, a lo cual el presidente Dwight Eisenhower replicó con el envío de tropas federales. En 1958 el Tribunal Supremo de Estados Unidos, ordenó el fin de la segregación racial en ese estado.
No obstante, todavía en 1960 en Mississippi se negó a la integración escolar por lo cual los tribunales reiteraron la sentencia de la Corte Suprema. En 1962 alguaciles federales y funcionarios del Departamento de Justicia escoltaron a James Meredith, primer estudiante negro matriculado en la universidad del estado.
Otro momento que provocó la movilización estudiantil fue la Guerra en Vietnam, que dio lugar a numerosos disturbios, destacándose el incidente en el cual, en 1970 la Guardia Nacional de Ohio penetró en el campus de la universidad de Kent, disparó contra una manifestación de estudiante matando a cuatro jóvenes.
La actual movilización estudiantil no está motivada por razones políticas ni raciales, sino por la cuestión de la tenencia de armas de fuego en poder de los civiles y las reiteradas matanzas en escuelas y universidades, la más reciente en la secundaria Marjory Stoneman Douglas de la Florida en la cual murieron 17 jóvenes.
La dramática movilización estudiantil en Estados Unidos me recordó otros momentos que dieron lugar a que, en inspiradas coplas, Violeta Parra escribiera “Me gustan los estudiantes”.










