Lo primero de hoy, 30 de agosto del 2,016, es que es día de elecciones parciales, parlamentarias, congresionales y hasta “juezistas”, pues hasta jueces son “elegidos” por los votantes. Ya yo voté en mi colegio electoral, como le llamaban antes en Cuba y aquí se le conocen por “Precintos”.
Después de ponerme listo para las faenas del día, salí hacia mi Precinto. Al llegar había unas personas entregando propagandas de últimos intentos para hacer reafirmar o variar intenciones de voto.
En la primera mesa me atendió una señora muy amable, tomó mi tarjeta de votante y mi licencia de conducir. Ahí vino el primer problemita del día. La cinta negra magnética de mi licencia, no funcionaba al pasarla por la maquinita y después de tres intentos, esa persona decide entrar los datos a mano, cosa que demoró algún tiempo extra. De pronto me dice, “you don´t vote here”- usted no vota aquí- y me pone la nueva dirección en un papelito que sale de la maquinita.
Me voy al lugar indicado, lejos a más de dos kilometros, con ese tránsito espeso de esa hora, 8 am. En la calle donde se supone el nuevo precinto electorero, no había algún letrero, sino dentro al entrar por el camino al nuevo local, costó algún trabajo pues es en un lugar con vías raras que no conducen a lugar directo, dentro de los predios donde radica la Feria. Se repetía la misma escena de los entregadores de tarjeticas con fotos de personajes con todos los dientes afuera en sonrisa de oreja a oreja pidiendo el voto y hablando de lo bueno que son.
Yo era el único votante del lugar, que tenía siete personas trabajando allí. Allí se repite la historia anterior de mi licencia. Me hacen firmar un par de veces, unos papelitos y así me vuelvo a dar cuenta que el voto no es secreto, ya que tengo un número de la gran tarjeta de votación identificado con mis datos y mi firma, comprobable mi preferencia si así alguien lo deseara.
Me indican cómo llenar los espacios para aprobar mi voto en cada caso. Lo hago parcialmente, pues no voté por los jueces pues me opongo a esa forma de elegirlos y además no los conozco, ni tampoco voté por las largas y confusas enmiendas que nadie entiende.
Al depositar la gran boleta, acompañado de una dama de allí, se trabó seis veces y no pasaba. Finalmente pasó y me fui, y claro el regreso fue casi olímpico, los tranques eran tremendos. Así terminó mi aventurita del día electorero.
Cuando el dinero compra el respeto.
Hace mucho tiempo al descubrirse que la inteligencia humana puede ser usada para bien o para mal y que casi todo tiene precio, claro que algunos son muy difíciles de comprar, surge entre otras miles de cosas nuevas, Wikileaks un lugar informantico, acusador, denunciante, manipulador, amenazante, con medias verdades y medias mentiras, con precios por sus indagaciones e informaciones y sobre todo mucha intriga y denuncias principalmente contra Estados Unidos, entre otras naciones. Su creador y jefe Julián Assange., el gran nuevo teórico de la Teoría de la Conspiración.
Este personaje es un australiano nacido en 1,971 con profesiones de programador de computación, publicista y periodista, graduado universitario y con tremendas habilidades y talento para introducirse desde el bajo mundo hasta la cima de Everest.
Este sujeto que es admirado por unos y odiado por otros, al menos se le respeta por saber informar cosas que de otra forma no se hubieran sabido jamás.
Según sus datos públicos en la Web en tipo vale unos $ 300 mil, cosa que es una bicoca hoy en día para hacer lo que él hace. Pero lo que sorprende es que Assange pone precio a informaciones sobre determinadas cosas en el planeta, desde $ 20 mil hasta $ 100 mil por cada una. Con su escasa fortuna se desprende que detrás hay manos ocultas que ponen la plata.
Hablando de esto, nos ha sorprendido que se esté por ahora dedicando a desprestigiar la figura de la aspirante demócrata a la presidencia, Hillary Clinton, sacándole trapos sucios además de otros que ya tiene. Tenía algún respeto por este individuo, pero ya lo he perdido. Sus acciones a favor de Trump me lo han demostrado.
No cabe duda alguna que los tentáculos verdes como los dólares y multicolores como los euros, de Mr. Trump ya llegan hasta la embajada ecuatoriana en Londres donde este tipo se refugia desde el 2,010. Por algo es que durante todo este tiempo el presidente de Ecuador, Rafael Correa, no ha tomado cartas en el asunto. Como dije al comienzo, todo tiene precio y este parece ser que no es tan alto como para comprar al señor de Wikileaks.
Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.










