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Lecciones para todos

Los capitalistas convirtieron en dogmas políticos las tesis científicas de los clásicos del liberalismo
Alguna vez leí que los grandes pensadores económicos clásicos, entre otros Adan Smith, David Ricardo y Karl Marx, se plantaron grandes problemas a los que no pudieron dar respuestas. Obviamente en los problemas sociales las respuestas no provienen de la teoría ni de los científicos, sino de los líderes y de los gobernantes.
Al respecto quien más lejos llegó fue Marx que expuso el elemento que constituye la mayor contradicción del desarrollo social, expresada en el carácter social del proceso productivo en el cual se crean las riquezas, pero es cooptado por la apropiación privada por parte de los dueños del capital, es decir los capitalistas.
En esa andadura, los capitalistas poseedores del dinero, participan en calidad de individuos, mientras los trabajadores lo hacen como masa o colectivo. El capitalista aporta capital, maquinaria y herramientas, medios de producción, materias primas, instalaciones etc. También decide lo que se fabricará y cómo hacerlo, ejerciendo en su totalidad, la dirección del proceso productivo, mientras los trabajadores aportan su fuerza de trabajo y sus habilidades.
En este punto es preciso acotar que, en el proceso productivo, al transformar las materias primas y materiales en bienes útiles, les añaden valor y valor de uso, incorporándoles el talento de quienes rigen el proceso en su conjunto, así como las energías y las habilidades de los obreros que los lo realizan.
De joven cuando comencé a estudiar economía política por medio de manuales soviéticos uno de cuyos méritos era la sencillez y la brevedad, descubrí que, tanto los promotores del capitalismo como los del socialismo real, habían soslayado las conclusiones de los liberales clásicos y de Marx para hacer los que coyunturalmente convenía.
Los capitalistas convirtieron en dogmas políticos las tesis científicas de los clásicos del liberalismo minimizando hasta ignorar el papel del estado en la economía, mientras los marxistas de inspiración soviética, estatizaron la economía, cosa que hicieron extensiva a todas las instituciones y la actividad social. Ambos erraron. La verdad es mezcla.
Debido a que el fracaso del esquema soviético basado en una lectura errónea del pensamiento de Marx iniciada por Lenin y prolongada hasta el colapso de la URSS, basada en la estatización de la economía es, teórica y prácticamente una página vuelta, quedan las opciones de investigar el desoído credo de Marx de que el socialismo llegará desde el desarrollo del capitalismo, “…Cuando la sociedad haya crecido en todos sus aspectos…”.
Se trata de algo que se percibe en las sociedades europeas y asiáticas de bienestar en la cuales, el capital y el trabajo han pasado del antagonismo extremo a la coexistencia pacífica (cosa por investigar), dando lugar a nuevas proporciones en la distribución de la riqueza y a la paz social, fruto de la reducción de las contradicciones de clases y por ende de la lucha de clases.
Al respecto, haciéndome cargo de las dudas que estos planteos generan tanto respecto a los tirios como a los troyanos, les cuento momentos de una anécdota muy a propósito del momento actual.
Si fuera cierto que el presidente Franklin D. Roosevelt tuvo tendencias socialistas, lo cual los conspiranoicos de la administración comparten, habría que admitir que las medidas socialistas de involucrar el estado en la economía, salvaron al capitalismo. Ocurrió así:
Cuando en 1933 Franklin D. Roosevelt fue electo presidente de los Estados Unidos, la crisis económica y la Gran Depresión estaban en su apogeo. La coyuntura era particularmente crítica. En Europa se abría paso el fascismo, Hitler había sido electo canciller de Alemania y se libraba la Guerra Civil Española y el país parecía hundirse.
Roosevelt respondió utilizando los enormes poderes presidenciales (los mismos de los que Trump abusa), involucró al estado en la economía y comenzó el New Deal que entre otros decenas de medidas de carácter económico, incluyó la creación de la Administración Nacional de Recuperación (NRA) (1933), una poderosa entidad gubernamental que, acrecentó la influencia de los sindicatos y del gobierno en la conducción y regulación de la economía, reguló al alza los salarios, redujo la jornada de trabajo y avanzó en la fijación de determinados precios.
El mismo año, mediante la Ley Nacional de Recuperación Industrial, se creó la Administración de Obras Públicas (PWA), una magnífica agencia gubernamental bajo cuya dirección se construyeron decenas de miles de grandes obras económicas y sociales, infraestructuras viales, hidráulicas, energéticas, aeroportuarias, así como escuelas y viviendas y se avanzó en la electrificación del inmenso país.
Esas obras absorbieron a buena parte de los 50 millones de desempleados de entonces, inyectaron alrededor de un billón de dólares a la circulación y consumieron la mitad del concreto y un tercio del acero de toda la nación. En esa época se promovieron los primeros proyectos de viviendas económicas para los trabajadores y se fundaron comunidades.
De la época datan también la Corporación Federal de Seguro de Depósitos, la Administración Federal de Vivienda, la Autoridad del Valle de Tennessee y la Comisión de Bolsa y Valores. Entonces se realizaron acciones sociales como los cupones de alimentos, el desayuno y almuerzo escolar u otras políticas sociales.
Roosevelt, antifascista convencido que adornó su administración con la tesis del Buen vecino (no importa si lo fue o no, lo importante fue la intención) reconoció a la Unión Soviética, declaró que “Estados Unidos no administra países” y cesó las ocupaciones en Haití y Filipinas y descargó a  Cuba del aplastante peso de la Enmienda Platt, no fue socialista, pero, con su desempeño se asomó.
Alguna de sus más decisivas acciones, combinaron el intervencionismo estatal que detestan los liberales con acciones de justicia social que promueven los socialistas, algunos de los cuales, los más dogmáticos, retrógrados e inmovilistas, demonizan el capital y al sector privado.  Luego les contaré más, no de lo mismo. Allá nos vemos.

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