
La Voz del Níquel: la escuela donde aprendimos a hacer radio… y a hacer vida.
Hay lugares que nunca se abandonan. Permanecen en la memoria como un faro que ilumina el camino recorrido. Para mí, uno de esos lugares es La Voz del Níquel, la emisora de Moa, que hoy celebra 47 años de fundada.
Llegué a Moa con apenas 19 años. Era un muchacho lleno de sueños, con la ilusión de hacer radio y de encontrar mi propio camino en el periodismo. Integraba un grupo de jóvenes —y también de profesionales con mayor experiencia— que asumió el reto de fortalecer una emisora llamada a convertirse en la voz de un municipio que crecía al ritmo de la industria del níquel y del esfuerzo de su gente.
Con el tiempo fui locutor, periodista y director. Pero, por encima de cualquier cargo, fui un aprendiz permanente.
Creíamos que íbamos a enseñar. La realidad fue mucho más hermosa: aprendimos. Aprendimos de los trabajadores del níquel, de los campesinos, de los maestros, de los médicos, de las familias de Moa.

La Voz del Níquel fue mucho más que una emisora. Fue una escuela de periodismo, de comunicación y de valores. Allí comprendí que un micrófono no es un instrumento para hablar más alto, sino una responsabilidad para servir mejor.
Muchos de los que pasamos por sus estudios seguimos llevando a Moa en el corazón. Cada experiencia vivida, cada cobertura, cada programa en vivo, cada madrugada de trabajo y cada amistad construida fueron dejando una huella imborrable en nuestra vida profesional y personal.
Hoy, al acercarse la emisora a su medio siglo de existencia, siento una profunda gratitud. Gratitud hacia mis compañeros de entonces y hacia quienes han continuado escribiendo esta historia durante casi cinco décadas. Gracias también al pueblo de Moa, que nos abrió las puertas de su comunidad y nos enseñó que la radio solo tiene sentido cuando pertenece a la gente.
Las emisoras no solo transmiten noticias. También conservan la memoria de un pueblo, acompañan sus alegrías y sus dificultades, forman generaciones y fortalecen la identidad de una comunidad. Esa ha sido, y sigue siendo, la misión de La Voz del Níquel.
Cuarenta y siete años después, sigo convencido de que una parte importante del periodista y del ser humano que soy nació entre aquellos micrófonos. Por eso, cada aniversario de esta querida emisora también es una celebración personal.
¡Feliz 47 aniversario, querida Voz del Níquel!
Gracias por haber sido escuela, hogar y punto de partida. Gracias por demostrar que la mejor radio es la que se hace con profesionalidad, con humildad y, sobre todo, con amor por la gente.
