
El autor de la masacre humana se llama Nicolás Cruz y por su nombre y apellido se trata de un joven hispano, lo que dará pie para que los fanáticos xenófobos de la extrema derecha blanca y racista que conforman la base electoral que apoya al Presidente Donald Trump utilicen como argumento absurdo el hecho de que el autor de tan horroroso crimen sea hijo de un inmigrante, para que se cargue contra estos una vez más toda una catarata de insultos descalificadores como esos de que del otro lado de la frontera mexicana lo que viene a Estados Unidos de América Latina son inmigrantes todos delincuentes y asesinos.
Nada más lejos de la verdad. Lo cierto es que estas masacres en las escuelas norteamericanas nada tienen que ver con el origen racial de los perpetradores de esos actos criminales. El mal no hay que buscarlo afuera porque está en la misma sociedad norteamericana, un mal que viene de muy atrás, de un pasado no muy lejano glorificado por el cine de Hollywood con sus películas del violento Oeste donde matar “Indios Pieles Rojas” era una práctica común de los blancos “civilizadores” de origen europeo en su carrera expansionista hacia el Oeste del territorio continental para hacer lo que es hoy los Estados Unidos de América.
A lo que se añade el fervoroso culto a la posesión de armas de fuego, práctica que forma parte de la cultura norteamericana alimentada por supuesto por los fabricantes de rifles y pistolas que compran la voluntad de los legisladores del Congreso de Washington para que no aprueben leyes que controlen el uso de estos instrumentos de guerra que causan tanto dolor en el pueblo norteamericano cada vez que se produce una tragedia como la que acaba de ocurrir en un pequeño pueblo del Estado de La Florida.
Habría que preguntarse si alguna vez en un país de América Latina aun incluyendo al violento México alguna vez se ha producido una masacre humana de esta naturaleza como estas que ocurren tan frecuentemente en Estados Unidos.
Lamentablemente estos hechos de sangre de violencia indiscriminada en las escuelas- que nada tienen que ver con el terrorismo- solo se producen en Estados Unidos.
Es la horrible pesadilla que mancha con sangre inocente el llamado “Sueño Americano”. Ahí se las dejo y los pongo a pensar.
Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.










