
Los mexicanos están de fiesta con el triunfo arrollador en las elecciones de ayer domingo del candidato a la presidencia de su `país el líder izquierdista Andrés Manuel López Obrador.
Esta victoria electoral de AMLO- así le llaman sus compatriotas por las iniciales de sus nombres y apellidos al líder de Partido “Morena”- una organización política moderna que tiene profundas raíces con la histórica Revolución Mexicana. Es como si las sombras fantasmales del Presidente Madero, de Pancho Villa y de Emiliano Zapata regresaran a la escena actual para barrer con la corrupción, la violencia y las tantas amenazas interiores y exteriores que viene sufriendo el país azteca a lo largo de estos últimos años.
El reto para Andrés Manuel López Obrador no solo está en vencer la corrupción y la violencia que azota a su país sino que también tendrá que enfrentar la hostilidad que le viene del norte representada por la política y la retórica antimexicana del Presidente de Estados Unidos Donald Trump.
El triunfo de López Obrador es algo así como una nueva Revolución Mexicana que también representa un aire alentador, una nueva esperanza para el resto de América Latina que sufre hoy los bandazos de una ola derechista que intenta barrer del continente latinoamericano las conquistas sociales alcanzadas por los pueblos de la América nuestra.
De ahí la rabia y el odio que hoy destila la internacional de la derecha reaccionaria que también tiene en el Miami cubano uno de sus principales bastiones. Las Cloacas aquí están desbordabas de excrecencias. Es que en México han mordido el amargo sabor de la derrota.
Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.










