
Sin embargo no es así cuando se trata de un ser humano del común, es decir de alguien que nunca su nombre ha salido en los periódicos, la radio o la televisión, cuya mejor virtud y no la única, es la de haber pasado por la vida haciendo el bien a los demás, sin ambiciones bastardas de riqueza material, de poder político o de notoriedad y fama, que estas son las tres pasiones que más pierden a los hombres en su paso por el mundo terrenal.
Acaba de morir en Miami uno de esos hombre buenos que en vida se llamaba Frank Enrique Cordero, “Paco” para algunos de sus viejos amigos, o Frank para los compañeros de la Alianza Martiana, que bien le conocíamos por su amor y lealtad a Cuba, su patria única que defendía con pasión de revolucionario juvenil, aún ya él entrado en años.
Mi amigo Frank, que se ganaba la vida como masajista profesional me visitaba todos los sábados en la mañana antes de “andar” el “Pulguero”- de la calle 36 del noreste de Miami, costumbre que tenía por años, un periplo caminante que le servía de preámbulo para sus recorridos a pie por el mas opulento de los barrios de Miami, paseando un perrito de raza de una amiga suya, por la glamorosa avenida de Brickel donde viven los ricos y adinerados extranjeros que se han adueñado de esa zona de la ciudad. Buscaba el contraste entre el Miami rico y poderoso y el Miami de los pobres desheredados de la fortuna.
Frank era un amante de los animales. Protegía a perros y gatos de su vecindad, a los que alimentaba todos los días. Así lo hizo menos este pasado domingo en la mañana, porque había muerto en la madrugada. Me cuentan que esos gatos de la barriada de Frank despertaron maullando extrañados de que su amigo no apareciera esta vez como siempre hacia para darles comida, agua y cariño. Lo gatos con sus maullidos también lloraron la muerte de Frank.
Murió un hombre bueno. Frank Enrique Cordero, mi amigo entrañable era un asiduo lector de quien esto escribe con dolor estas líneas de pésame. Quizás en el más allá mi amigo Frank pueda leer esta columna de El Duende. Todo es cuestión de creer sin hay vida en el más allá. El así lo creía. Ojalá, digo yo, para decirlo con la canción Silvio Rodríguez. ¡Ojalá!
Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.











2 respuestas
Muy conmovedora esta nota y si lo recordaremos un hombre bueno rodeado de buenos Amigos.gracias max el los quería muchísimo a ustedes formaban parte de su día a día un abrazo su hermano José
Frank para los compañeros de la Alianza Martiana y para todos los cubanos amante de la livertad de los pueblos libres. Muestro más setido pesame.
Sienpre estaras en el corazón de tus hermanos de lucha.