Sin dudas que el discurso de despedida del presidente Barack Obama, dista mucho del agresivo ejemplar de oratoria incendiaria del recien llegado Donald Trump.
Tanto para los miamenses como para cualquier otro ser viviente de la tierra, el fin de etapas significa el comienzo de otras. Con la divisa de cada fin logrado es otro punto de partida, nos enfrentamos ahora al final de la presidencia de una persona decente y comienza la nueva era de todo lo apocalíptico – como le he bautizado – nuevo ejemplar de la supremacía blanca.
Muchos son los preocupados por los proyectos de este señor Donald Trump, quien ha manifestado y prometido muchas cosas que irían en contra a la fuerza razón para empezar con la razón de la fuerza contra todos.
Sin lugar a dudas que nos esperan tiempos peores para nuestras vidas. Aun no nos acabamos de convencer que el nuevo presidente de la nación más poderosa del mundo, sea un megalómano a la perfección. Para los estadounidenses será muy duro pero para el resto de la humanidad afrontará un nunca vivido nuevo estado de cosas.
Para los cubanos de ambos lados del mar, el presidente saliente se retira con algunas decisiones propias que, independientemente de haber sido ejecutadas con fines de intereses especiales, han llevado consigo el riesgo de mostrar un acercamiento hacia la isla, nunca visto desde las épocas del presidente Jimmy Carter hace casi cuatro décadas atrás.
Este nuevo señor, elegido con tres millones de votos en desventaja contra su opositora – gracias a un extraño sistema electoral vigente aún – presenta un horizonte muy difícil de evitar. Sus proyecciones se vislumbran más tremendas que otras cosas, tildando con lo macabro, para nuestro pueblo cubano.
El presidente cubano, general Raúl Castro, ha manifestado y advertido que nos espera un año muy difícil a enfrentar y ha sido detallado en sus pronósticos las razones de este panorama para los 11.3 millones de cubanos de la isla aunque no incluyó a la diáspora, que también sufrirá las dificultades como parte de ese, su pueblo.
La presencia ejecutiva del nuevo ejemplar de hombre, Donald Trump, sin dudas estará agresivamente enmarcada con un contenido de trabajo muy diferente a la mayoría de sus antecesores.
“¡ Prepárense que por ahí viene un ciclón…!, auguran algunos. No muy pocos son los que se predisponen ante lo que ocurrirá en una semana, cuando tengamos oficialmente al nuevo mandatario.
Repito que los cubanos debemos prepararnos para lo peor y comenzar desde ya a planear qué debemos hacer ante el inminente torbellino que nos podrá arrastrar a muchos de nosotros. El famoso muro mental que desarrolla este multibillonario, ya está construido en sus ideas aunque el real de concreto que se pretende en sus planes, está por realizarse aún. Y es precisamente ese muro ideológico que lo mueve, al que debemos enfocar nuestros esfuerzos en rechazarlo.
Más pronto que tarde se avecinan decisiones ejecutivas que contrastarán con las anteriores y otras que podrían ser eliminadas de un plumazo. Pero aún tenemos la esperanza de que los mismos intereses que movieron a que se ejercieran las primeras, puedan sentar pautas para evitar, aunque sea en parte, el eliminarlas totalmente.
Ya se han desarrollado acuerdos bilaterales comerciales entre ambas naciones y sus ejecutores de este lado del mar, siguen viendo buenas expectativas en un futuro cercano en las nuevas relaciones con la patria de Martí y Maceo. Porque del lobo aunque sea un pelo, esperamos que las presiones empresariales, alivien un poco la velocidad que presenta este presidente, sin dudas el más anticubano de los tiempos recientes.
El contraste entre Obama y Trump será muy sensible ante ambos pueblos, no se trata de que la representación ejecutiva de un agresivo trumpismo, arrase con lo establecido, sino que en sus brincos y trampas a que está acostumbrado este señor, no logre los fines que les han sido inculcados e influidos por la derecha cubanoamericana del gueto y de Washington.
Con la esperanza de un poco de razonamiento, esperamos que el golpe no sea tan duro que dispare una ruptura entre ambas naciones como ocurrió en 1,961.
Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.










