Por Aroldo García Fombellida

Esto es sacado de la cinta testigo de Radio Rebelde porque es una entrevista que la hice totalmente en vivo allá en Sopillar Ciénaga de Zapata, Matanzas hace siete meses…Nemesia Rodríguez Montano.. la flor carbonera. Un día como hoy  17 de abril, pero de 1961, hace 63 años ella viajaba en un camión con su familia y otras familias cienagueras hacia jaguey grande en medio del bombardeo mercenario. Ella recuerda «Un avión atacó el camión donde yo iba, mató a mi mamá, hirió a mis dos hermanos y a mi abuelita. Después, el Indio Naborí entró como periodista, él estaba dirigiendo los alfabetizadores en Varadero y Celia Sánchez habló con él para que hiciera una crónica acerca de lo que había ocurrido a la familia.  Empezó a tirarle fotos a los escombros y ahí encontró los zapaticos blancos dentro de la cajita».

Nemesia, la flor carbonera que inspiró al Indio Naborí a escribir la más triste de sus elegías la entrevistamos para Radio Rebelde

Cuando en medio de la clausura del séptimo congreso del PCC Fidel Castro le pidió acercarse
Pues ella había sido especialmente invitada, allí y junto a Raúl Nemesia conversó con fidel. …esta es la última vez que nos vamos a ver Nemesia…le dijo Fidel…»vine a despedirme de nuestro pueblo….y tu, nemesia, eres el símbolo de la victoria…eres el símbolo de nuestro pueblo».

Les dejo con el audio de la entrvista que le hicimos a Nemecia hace 7 meses.

Elegía De Los Zapaticos Blancos (Jesús Orta Ruiz, El Indio Naborí)

Vengo de allá de la ciénaga,
del redimido pantano.
Traigo un manojo de anécdotas
profundas, que se me entraron
por el tronco de la sangre
hasta la raíz del llanto.
Oídme la historia triste
de los zapaticos blancos…
Nemesia –flor carbonera–
creció con los pies descalzos.
¡Hasta rompía las piedras
con las piedras de sus callos!
Pero siempre tuvo el sueño
de unos zapaticos blancos.
Ya los creía imposibles.
¡Los veía tan lejanos!
Como aquel lucero azul
que en el crepúsculo vago
abría su flor celeste
sobre el dolor del pantano.
Un día, llegó a la ciénaga
algo nuevo, inesperado,
algo que llevó la luz
a los viejos bosques náufragos.
Era la Revolución,
era el sol de Fidel Castro,
era el camino triunfante
sobre el infierno de fango.
Eran las cooperativas
del carbón y del pescado.
Un asombro de monedas
en las carboneras manos,
en las manos pescadoras,
en todas, todas las manos.
Alba de letras y números
Sobre el carbón despuntando.
Una mañana…¡Qué gloria!
Nemesia salió cantando.
Llevaba en sus pies el triunfo
de sus zapaticos blancos.
Era la blanca derrota
de un pretérito descalzo.
¡Qué linda estaba el domingo
Nemesia con sus zapatos!
Pero el lunes… ¡despertó
bajo cien truenos de espanto!
Sobre su casa guajira
volaban furiosos pájaros.
Eran los aviones yanquis,
eran buitres mercenarios.
Nemesia vio caer muerta
a su madre. Vio
sangrando a sus hermanitos.
Vio un huracán de disparos
agujereando los lirios
de sus zapaticos blancos.
Gritaba trágicamente:
¡Malditos los mercenarios!
¡Ay, mis hermanos! ¡Ay, madre!
¡Ay, mis zapaticos blancos!
Acaso el monstruo se dijo:
Si las madres están dando
hijos libres y valientes,
que mueran bajo el espanto
de mis bombas. ¡Quién ha visto
carboneros con zapatos!
Pero Nemesia no llora.
Sabe que los milicianos
rompieron a los traidores
que a su madre asesinaron.
Sabe que nada en el mundo–
—ni yanquis ni mercenarios—
apagarán en la patria
este sol que está brillando,
para que todas las niñas
¡tengan zapaticos blancos!