Por su perfil, amplitud y espectaculares repercusiones mediáticas, internas y externas, la visita del flamante presidente cubano Miguel Díaz-Canel a Estados Unidos, recuerda la realizada en abril de 1959 por Fidel Castro. Entre las analogías figuran que ninguno de los dos fue oficialmente invitado. Ahora, como entonces lo hiciera el presidente Eisenhower, Trump se mostró descortés.
Entre las diferencias, figura que Fidel dio varias conferencias de prensa, compareció ante un programa de la cadena de televisión NBC y tuvo cinco accesos a los círculos oficiales, oportunidades de la cual el actual mandatario no ha disfrutado y, como entonces lo hizo, Raúl Castro, no voló a Norteamérica para hacer precisiones. Tampoco Díaz-Canel viajó en tren como lo hizo Fidel.

Aunque existen referencias de una visita a Miami en 1949, la cual no he podido confirmar, en 1955, desde México, Fidel volvió a Estados Unidos en viaje dedicado a la recaudación de fondos para para el futuro desembarco del Granma. En esa oportunidad habló en el Flagler Theater. En otra ocasión, en calidad de indocumentado, es decir sin visa, viajó hasta la ciudad de MacAllen Texas, según se afirma cruzando a nado el Río Grande, donde se entrevistó con el ex presidente Carlos Prio.

Como hizo ahora Díaz-Canel, Fidel procuró el mayor número de contactos con sectores sociales y personalidades. Con ese fin estuvo en las universidades de Princeton y Harvard e intercambió con estudiantes del Clayton High School y habló ante la Sociedad Americana de Editores de Periódicos. Las mujeres lo invitaron a la Sociedad Femenina de Abogados, participó de un mitin en el Parque Central y se encontró con Bobby Maduro, empresario del deporte profesional, con quien trató sobre la crisis económica que padecía el equipo beisbolero Cuban Sugar Kings.

En dramáticas circunstancias, con la altura de estadista que lo caracterizó, Fidel no se detuvo a considerar que el gobierno que era atacado, mantenía a Cuba en la lista de países que apoyaban el terrorismo. Esa capacidad de soslayar lo coyuntural y accesorio y rescatar las esencias, guió los pasos del nuevo presidente que, en gesto respetuoso y solidario, acudió a homenajear las víctimas y a condenar a los autores.
Ello fue posible porque también Raúl pasó por encima de la hostilidad y el bloqueo para avanzar en la normalización de las relaciones entre ambos países. Se trata de lecciones que es preciso incorporar a la cultura política revolucionaria y de evidencias de que el pragmatismo no desmiente a la firmeza. La exitosa visita del presidente de Cuba a Estados Unidos y su feliz desempeño tendrán repercusiones positivas y duraderas.
Es extraordinariamente provechoso que el nuevo líder cubano haya descubierto la América amable y culta, y que los Estados Unidos hayan visualizado el rostro de la Cuba de hoy lista, como subrayó el presidente, para acercamientos que hablen de paz, comercio, cultura y amistad. La nueva era sigue, ahora con un nuevo impulso. Allá nos vemos.
