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Etapa decisiva

UNA ETAPA DECISIVA

Jorge Gómez Barata
De lamentable pudiera calificarse el debate en la Asamblea Nacional venezolana en el cual la derecha ganadora evidenció poca solvencia para administrar la victoria, alardeando de lo que harían al tomar posesión y la izquierda se apresuró para tratar de atenuar el impacto del revés con apresuradas acciones legislativas. Ambos perdieron la compostura.
Las sesiones finales del poder legislativo, el principal y más representativo de los espacios políticos regidos por elecciones, ofreció un espectáculo que ojalá no sea el anuncio de un desempeño que puede ser fatal para la nación y desastroso para cualquiera de las fuerzas políticas involucradas. Sobre las ruinas del país no habrá ganador y cualquier victoria que desprestigie las instituciones nacionales o sacrifique la tranquilidad y el bienestar popular será pírrica.
mapavenezuelamanoLa historia ha hecho recaer sobre Nicolás Maduro responsabilidades abrumadoras. La primera, fue ocupar el lugar del presidente Hugo Chávez, fallecido en dramáticas circunstancias, ganar unas elecciones apresuradas, enfrentar la violencia y la guerra económica y ahora aprender a gobernar en minoría parlamentaria y popular.
En las elecciones de 2012, cuando el presidente Hugo Chávez fue reelecto para un tercer mandato con una mayoría de diez puntos porcentuales: 55.8 contra 44.30, la victoria reveló la fractura política de la sociedad que, de no ser atajada, podía ahondarse. Con toda probabilidad el líder bolivariano percibió el peligroso fenómeno que hubiera podido neutralizar de no haberlo impedido su fallecimiento en 2013.
El diseño constitucional de 1999, promovido por el propio Chávez, introdujo un mecanismo sucesorio que, a su inesperada muerte, obligó a elecciones anticipadas y precipitadas, efectuadas en abril de 1013, en las cuales Maduro ganó de modo sumamente apretado, 50.61 por ciento contra 49,12 de su contrincante Henrique Capriles.
Pronto se hizo evidente el oportunismo de la oposición y de sus aliados externos que inescrupulosamente aprovecharon el trauma generado por la muerte de Chávez, y explotaron a su favor el vacío creado con su partida. Sin tiempo para reponerse, las fuerzas bolivarianas tuvieron que enfrentar una intensa campaña electoral, seguida del clima de violencia e inestabilidad generado por la oposición perdedora, apoyada por los medios de difusión y finalmente, la guerra económica que consumió energías, obligó a improvisar y generó malestar popular.

Aunque el estrecho margen alcanzado por Maduro, no es una rareza en elecciones latinoamericanas, no confiere capital político suficiente para avalar una revolución y menos aún para avanzar en la “construcción del socialismo”, un proyecto difícilmente realizable con el desacuerdo de la mitad del país.
Probablemente los más importantes errores del proceso bolivariano post Chávez fue no evaluar con suficiente objetividad la polarización social y creer que sin el líder histórico podía sostenerse el mismo proyecto, el mismo discurso y los mismos métodos y estilos de gobernar.
Confieso que esperaba que ante la ausencia del talento, el carisma y el liderazgo de una figura excepcional, hubiera ajustes en el ritmo y en las metas de realización del proyecto bolivariano que pudo tratar de asumir un curso más pausado, procurando alianzas para tratar de reforzar el consenso social.
Obviamente los enemigos internos y externos del proceso maniobraron para dificultar los ajustes necesarios, a lo cual se sumaron errores que los líderes actuales admiten. Los resultados están a la vista. De la escasa mayoría la dirección revolucionaria ha pasado a la minoría. No obstante las oportunidades no están agotadas.
El presidente Maduro, ahora más experimentado, conserva con firmeza y legitimidad el poder ejecutivo, ejerce el liderazgo revolucionario y conduce al PSUV, el mayor y más votado de los partidos políticos del país, ha reconocido la necesidad de “reconstruir la mayoría”. Tan importante como eso es alcanzar consensos que refuercen la gobernabilidad.
Ahora no se trata solo de mostrar firmeza y determinación sino también talento y capacidad de maniobras para afrontar una etapa decisiva y darle otro chance al proceso. Allá nos vemos.

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