Estados Unidos, Los demócratas necesitan despertar

MIAMI. Una encuesta realizada del 19 al 22 de junio entre los votantes de la Florida situó al gobernador republicano Rick Scott con una ventaja de 5% (46 por 41) ante el senador demócrata Bill Nelson en la contienda por el escaño del Senado de Estados Unidos que actualmente ocupa Nelson. A pocos meses de esta importante elección, esas cifras podrían cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Pero para que eso suceda, el senador Nelson debe encontrar la forma de presentarse ante suficientes electores de la Florida como para ayudar a sumar esos cinco puntos a su casilla de votación.

Por lo tanto, no es sorprendente ver al senador Nelson aparecer en cada oportunidad que tiene en los campamentos conocidos como refugios para migrantes, en el extremo sur del condado de Miami-Dade, donde el ICE aloja a algunos de los niños quitados a sus padres en la frontera con Estados Unidos. También en febrero estuvo en Parkland, la Florida, después del tiroteo masivo que cobró 17 vidas en la Escuela Secundaria Marjory Stoneman Douglas. Como se ve, Nelson está tratando de hacer apresuradamente, en los pocos meses que le quedan hasta el día de las elecciones, lo que no hizo durante casi dos décadas.

Resulta que muchos electores de la Florida no conocen a Bill Nelson. Una encuesta realizada a fines del año pasado mostró que casi la mitad de ellos –49%, para ser exactos–, “no saben lo suficiente como para formarse una opinión acerca del trabajo que está haciendo el hombre que ha sido su senador federal durante 17 años”. Eso es según una encuesta realizada por Michael Binder, director del Laboratorio de Investigación de la Opinión Pública en la Universidad del Norte de la Florida.

¡Diecisiete años! Ese es el tiempo que Nelson ha sido senador de EE.UU. Antes de eso, Nelson ocupó cargos como miembro de la Cámara de Representantes de la Florida y la Cámara de Representantes de Estados Unidos. De 1995 a 2001 fue nombrado por el gobernador Lawton Chiles como tesorero de la Florida, comisionado de Seguros y jefe de Bomberos. Y sin embargo, tenemos un hombre que ha servido y ha sido elegido en la Florida desde 1972 y al que la mitad de los electores del estado no conocen.

Bill Nelson parece ser un buen hombre. Pero ha sido un pésimo senador. Y se ha acostumbrado a ser reelegido sin muchos problemas. Nunca ha tenido que probar mucho a sus electores. De repente, en 2018, enfrentará a un formidable enemigo en la Era de Trump, y con eso me refiero a un mentiroso y tramposo probado –y muy rico– que no se detendrá ante nada, incluido al uso de su propio dinero, para vencer a Nelson.

Las encuestas ahora nos dicen que a menos que Nelson realice algún tipo de magia política en los próximos meses, los republicanos obtendrán uno de los dos escaños en el Senado por la Florida. Y esa marea azul de la cual escuchamos se ve cada vez más lejos de la verdad. Por supuesto, la mayoría de los expertos dirán que es la Cámara de Representantes la que se volverá azul en noviembre. Aunque, personalmente, lo veo como un sueño imposible si los demócratas recurren a las Donna Shalala del Partido para que esto suceda.

La gente está harta de la política usual. Y están enfermos y cansados de todos los campos –no es una cuestión de demócratas o republicanos. Es una de las muchas razones por las cuales un idiota retrasado como Trump fue elegido. Él, al igual que Bernie Sanders, fueron los únicos que ofrecieron algo diferente en 2016. Sanders, que estoy convencido de que habría derrotado incuestionablemente a Trump, fue sacado del juego por los demócratas tramposos y que gritan “no hagan olas”.

Nelson siempre ha sido uno de esos tipos que piden que no se  hagan olas. Sumiso y nunca dispuesto a hablar en contra de las injusticias –porque desde la era de Reagan, a veces los  demócratas han tenido miedo de su propia sombra y han temido ser etiquetados como… –ah, no sé, tantas palabras han venido y se han ido– liberales, comunistas, izquierdistas, etc.

La prioridad en la agenda de casi todos los demócratas electos es su propia reelección. Los electores ocupan el tercer lugar, después de los intereses especiales que garantizan su reelección.

Pero los tiempos están cambiando y el Partido Demócrata ha sido lento en mantener el paso. Las razones son muchas. Como he escrito antes, el Partido, al igual que los republicanos, responde a los intereses especiales que los controlan a ellos y el bolsillo, y no quieren hacer olas –porque se están enriqueciendo a costa de la abrumadora mayoría que cada vez es más pobre.

Los republicanos han cambiado. Se han convertido en el partido de Trump y todo lo que él representa. Nada de qué enorgullecerse si uno realmente cree en la igualdad de oportunidades para todos. Pero los racistas y los fanáticos tienen que congregarse alrededor de una bandera. Y la encontraron en Trump.

Ahora, si los Demócratas tan solo se pusieran al día…

Ejemplos de cómo hacerlo están ahí. Si solo miraran y escucharan.

El miércoles por la mañana, por ejemplo, me desperté con la noticia de una de las victorias más inverosímiles. Alexandria Ocasio-Cortez, una cantinera socialista puertorriqueña de 28 años, que había colaborado con la campaña de Bernie Sanders en 2016, derrotó al representante de Nueva York Joe Crowley, que ha mantenido su escaño durante 10 períodos, preside el Comité Demócrata de la Cámara de Representantes y controla la maquinaria política en Queens. Aparentemente, a los demócratas que no quieren que se “hagan olas” nunca se les ocurrió que esto fuera posible.

Y es porque se niegan a prestar atención. Bernie Sanders lo explicó mejor: “Ella se enfrentó a todo el establishment demócrata local en su distrito y ganó”.

A estas alturas, creo que es demasiado tarde para Nelson. Él también está acostumbrado a servir como un senador que casi no hace nada. Scott, un hombre malvado que ha demostrado sus credenciales tipo Trump como gobernador de la Florida, lo vencerá y le dará más poder de fuego a un presidente y un partido con todo el poder; un partido que está haciendo que Estados Unidos pierda rápidamente el poco brillo que le queda.

Hay más gente como Alexandria Ocasio-Cortez por ahí. Solo en Miami conocí a muchos. Los incondicionales del Partido Demócrata deben recurrir a ellos y darles la oportunidad que merecen. Es hora de que los demócratas en la Florida, y en EE.UU., se den cuenta de que deben convertirse en el Partido de los Muchos, no en el Partido Republicano de los pocos. Si no despertamos rápidamente, los Estados Unidos de Trump seguramente se hará (más) grande de nuevo… para el uno por ciento.

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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