En este artículo: CubaMigración 
Tomado de Cubadebate

Foto: EFE.

La emigración es variopinta en razones, desvelos y visiones.

¡Cuántos dolores el emigrado oculta! Desde el calor que falta, el recuerdo dulce, la memoria amarga, los engañosos espejismos hasta el temor paralizante de un regreso por el miedo al cartel de la derrota.

Así echan anclas, bien, regular, mal o peor y atan el barco al puerto. Un día, tal vez, el retorno, la visita y el destello efímero, conseguido a golpe de trabajo, lágrimas, renuncias y desmayos. El básico salario allí trastocado en bolsillo de realeza en tierra propia. Pasan los días que renuevan energías. Termina la fiesta. La realidad asfixiante al otro lado exige su regreso. Vuelve a empezar la función: el cuerpo exhausto, el plato lleno, el corazón hambriento y la memoria viva. Reinicia el ciclo. Se va la vida en otra parte, alejado del amor que abrigaba en una calle, de un árbol, de una esquina.

Unos olvidan, otros reniegan de sí mismos. Hay los que desplazan las grises consecuencias de partir y posan la culpa y el odio en una geografía, en los hombres, en un pueblo.

Cuando hay quienes estando, ya se han ido, otros se van y se quedan más que nunca. ¡Como duele ver partir a quien se queda! ¡Qué emoción verlos acompañar a la obra y a la casa! Grandes cuando lejos, después de todas las tempestades interiores y del peligro constante en la maleza, logran levantarse, amar y confirmar que se niegan a rendirse, retirarse u olvidar.