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Enigmas persas


Es prácticamente imposible encontrar un conflicto entre estados o países cuyo origen sea genético. Prácticamente todos son circunstanciales, se deben a comportamientos conflictivos, a demandas injustificadas o insatisfechas, incluso a anécdotas desafortunadas. Por esa razón, cuando predomina el pragmatismo, ninguno es insoluble.
Tres enigmas he encontrado en Irán o Persia. El primero es: ¿Si Irán no planea construir bombas atómicas ¿Para qué quiere uranio enriquecido al 60 por ciento que prácticamente carece de usos civiles? Otro  enigma es por qué Israel e Irán son adversarios y por qué lo son Estados Unidos e Irán.
El diferendo entre Israel e Irán, aunque mediatizado por Estados Unidos, es exclusivamente nuclear y se debe a la intransigencia israelí a permitir que ningún país de la región posea armas atómicas, cosa que no le concierne, pero en lo cual es apoyado por Estados Unidos y por los otros miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
Aparte de la cuestión nuclear, el enfrentamiento entre Israel e Irán, al menos en la virulencia que ha alcanzado, carece de motivos claros y no es insoluble. Irán, separado de Israel por 2.000 kilómetros, es 3.500 años más antiguo que el estado de Israel, casi 200 veces más grande y su población es diez veces mayor.
Debido a que no es un país árabe, sino persa, Irán nunca se involucró en el conflicto árabe-israelí, no participó en ninguna de las guerras entre unos y otros y en 1950 estableció relaciones diplomáticas comerciales e incluso militares con el estado judío y las mantuvo hasta 1979.
El conflicto se tensó y las relaciones se rompieron a partir de 1979 cuando los líderes religiosos chitas accedieron al poder en Irán. Los nuevos gobernantes tenían profundas y justificadas reservas contra Estados Unidos, que en los años cincuenta participaron en el derrocamiento del primer ministro Mohammed Mossadegh, en la restauración de la monarquía del sha Reza Pehlevi y en la desnacionalización del petróleo, pero ninguna contra Israel.
Debido a compromisos históricos, el gobierno del presidente James Carter que no era especialmente reaccionario, dio asilo al derrocado sha iraní y se negó a deportarlo, ofreciéndole atención médica paliativa para el tratamiento del cáncer que padecía.
Tales antecedentes explican las enormes tensiones que desde temprano hubo entre la cúpula iraní, profundamente ideológica y los Estados Unidos, agravada por el asalto y la toma de la embajada norteamericana en Teherán, y de unos 50 estadounidenses como rehenes durante 444 días. El hecho de que Estados Unidos realizara una aparatosa y fallida operación militar para rescatar a los rehenes dio perfil militar a la crisis y la enconó hasta hoy.
La solidaridad de Israel con Estados Unidos, creó contradicciones con Irán que se ahondaron con el tiempo, se tensaron con la cuestión nuclear, llegando a la crisis de hoy dirimida a cohetazos y, en la cual la intervención de Estados Unidos hace difícil cualquier acercamiento entre persas y judíos, cosa que, por otra parte, con una visión pragmática, no es imposible.
Por otra parte, Irán es el primer país de Oriente Medio en tener un programa nuclear que comenzó en los años cincuenta del siglo XX, durante el régimen del último sha Mohammad Reza Pehlevi bajo los auspicios de los Estados Unidos que, como parte del Programa Átomos para la Paz, entregó a Irán su primer reactor y las primeras cantidades de uranio. En 1970 firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP)
A partir de 1979, el programa nuclear iraní que contaba con una vasta colaboración occidental, se ralentizó debido, entre otros factores a las dinámicas internas y externas derivadas de la llamada revolución que llevó al poder a la jerarquía islámica chiita y provocó una aguda y, hasta hoy, insalvable contradicción con Estados Unidos que, antes y después del derrocamiento apoyaron al sha. Más tarde la guerra contra Irak prolongada por ocho años (1990-1998) virtualmente paralizó el programa nuclear.
El vía crucis atómico de Irán comenzó alrededor de 2002 cuando se denunció la existencia de instalaciones nucleares secretas para el enriquecimiento de uranio. Después de décadas de sanciones económicas y amenazas militares principalmente por parte de Israel y Estados Unidos, marchas y contramarchas de Irán cuya economía se resintió, no solo por las sanciones, sino también por el esfuerzo nuclear.
En 2013, el presidente Hasán Rohaní pateó el tablero y aceptó negociar su plan nuclear de modo que excluyera las facilidades para crear la bomba atómica. Así en 2015 se llegó al Plan Integral de Acción Conjunta (PAIC), firmado con Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia, China y Alemania.
No obstante, la agresión no provocada de Israel contra Irán, que pudo dar lugar a otra guerra por elección, el recién designado primer ministro de Irán Masoud Pezeshkian que, formó parte del equipo iraní que negoció el acuerdo 5+1, vuelve a hacer esfuerzos y no pone reparos para regresar a la mesa de negociaciones. Ojalá el diálogo vuelva a rendir frutos.
De hecho, no hay entre Irán e Israel ningún problema insoluble y el que existe con Estados Unidos, bien administrado no tiene por qué ser eterno. Allá nos vemos.

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