Traducido del más allá por Max Lesnik
Aunque no vamos a dar una clase de historia de Cuba, vale la pena recordar que para que las tropas de ocupación norteamericanas salieran de la isla después de la derrota militar de España en 1898, la Asamblea Constituyente Independentista cubana reunida en la capital cubana para proclamar la república, tuvo que aceptar la humillante Enmienda Platt del Congreso norteamericano, según la cual el gobierno de Estados Unidos se reservaba el derecho de intervenir militarmente en Cuba cuando lo tuviese asi por conveniente, como lo hizo después en más de una ocasión. Era la Cuba de los generales y doctores, en la que el gobierno del norte tocaba la música que sumisamente bailaban los gobernantes cubanos de entonces.
De manera que se les ha llamado “Plattistas” a aquellos cubanos que antes, entonces y después de la imposición de la Enmienda Platt- aun cuando fuera abolida dicha cláusula en el año 1934 por el gobierno del presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt- han propugnado una especie de subordinación de Cuba a los dictados de Washington. Una conducta miserable y nada patriótica que aún persiste tanto entre algunos cubanos de la isla como también entre los que confirman la extrema derecha cubana del sur de La Florida.
La mentalidad “plattista” pareció ser abolida de raíz al triunfo de la Revolución con la fuga del dictador Batista del poder en 1959.
Pero como “hierba mala” nunca muere, de nuevo sus retoños están en pie. Solo que se han cambiado de nombre a los “Plattistas” de ayer, hoy se llaman “Disidentes”.
Las treinta monedas de Judas están ahí, porque en realidad en Cuba siempre ha habido “Plattistas” dispuestos a vender su alma a sus amos del norte, que bien les paga , pero que también los desprecia.
“Plattistas” o “Disidentes”. Da igual. Como si les llaman simplemente sinvergüenzas.
Y hasta el próximo lunes amigos de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.