
Hoy revisando el texto descubro que es un profundo llamado a la Paz y la reconciliación en medio de tantas guerras y muertes, en un Mundo ahogado por el odio y la soberbia.
En mi entrevista que publico este mensaje del indio norteamericano Jay Lonewolf, llega como un bálsamo. Porque NO es solo poesía, es un llamado directo a cambiar el rumbo histérico de los acontecimientos que amenazan con destruir la especie humana.
Mi entrevistado empieza hablando del viento como su «mejor color»: «Si pudiera ver solo un color, sería el del aire, porque el aire no discrimina, da vida a todo lo que pensamos y hacemos». Es como decir: la naturaleza es imparcial, nos sostiene a todos sin favoritismos para oligarcas, Generales trasnochados o caudillos egocéntricos jugando con la vida de la gente, en el afán de ser los dueños del planeta.
Es elocuente que en el mensaje de mi interlocutor diga que el Mundo debe ser sanado. Y menciona las medicinas ancestrales apaches: «Seguimos aquí, curando con sabiduría de miles de años» asegura. No es magia, es respeto profundo por la vida.
Sobre la guerra: «No quiero pensar en el pasado, porque el pasado fue guerra». Y lo contrasta con el ahora: «Pensamos en paz con todos, no solo con americanos, con el mundo entero. Mantener la paz con todos». Y repite: «La paz es la única forma de existir. Es más fácil vivir en paz y armonía que en guerra».
Recordando los tiempos de antes, trasmite un sabio concepto: Critica el ego de la conquista: «Si ganas, alguien quiere lo que tienes», y usa el símbolo del águila y el cóndor: «Pueden volar juntos si respetan el espacio del otro».
En medio de la entrevista asegura: «La verdad más verdadera es amor». Para él, la paz no viene de tratados, sino de abrir el alma —»el universo interior es 100 veces más grande que el exterior»— y encontrar ahí la paz para compartirla. Dice que el pueblo norteamericano (y cualquiera) es «de paz» si conoce su alma.
En resumen: ante tanta violencia, él propone volver a lo básico —naturaleza, sanación, respeto mutuo— y poner el amor como verdad absoluta. No grita, no acusa… solo recuerda que la paz es posible, y más fácil que la guerra.
No seguiré analizando el texto. Es mejor que usted saque sus propias conclusiones, por si mismos.










