EL ARTE DE LOS ANTISOCIALES
Salvador Capote
El arte nos enseña todo lo que se puede crear maravilloso para enriquecer espiritualmente nuestra existencia. Abre la imaginación de aquel que lo disfruta y le pone en comunicación con el alma del artista. El arte trasciende el tiempo y el espacio para traer al mundo paz, bondad y belleza. El verdadero arte es el que hace mejor el mundo en que vivimos.
El arte rehumaniza y enaltece incluso cuando muestra el lado oscuro de la naturaleza humana, porque nos ayuda a conocer nuestras debilidades, a no repetir nuestros errores y a rectificar nuestro camino hacia el futuro. Los ejemplos son innumerables: Murillo pintó a los niños pordioseros de Sevilla; Velázquez pintó borrrachos sonrientes coronados por el dios Baco, en la España que los despreciaba; en sus “Caprichos” Goya nos mostró aspectos sórdidos de la existencia humana; en “Guernica”, Picasso nos dejó una obra maestra para que no olvidemos los horrores del fascismo y de la guerra; Edvard Munch, en “El Grito”, inmortalizó la expresión de un ser desesperado. Entre los grandes maestros abundan los ejemplos, pero todos ellos enriquecieron con sus obras el acervo cultural de la humanidad. Y no hay que confundir la libertad creciente que han disfrutado los artistas desde la disolución del sistema académico hasta nuestros días más el hecho innegable de que muchas transgresiones de ayer se transformaron en convenciones de hoy, con el libertinaje de antisociales que pretenden disfrazar de arte lo que no es otra cosa que engendros de su mediocridad y de su frustración.