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Eduardo Benavides una vida dedicada a la radiestesia y los misterios de la energía humana

Eduardo Benavides Sarmiento: una vida dedicada al conocimiento, la radiestesia y los misterios de la energía humana.

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Un encuentro que permanece en la memoria

Hay encuentros que no se borran con los años. Entre ellos conservo el que sostuve en Caracas, Venezuela, con Blanca Nidia Guerrero, viuda del doctor Eduardo Benavides Sarmiento, y con Carlos Alberto, su hijo adoptivo. Conversé con ambos el mismo día. Me recibieron con una gentileza que todavía agradezco y compartieron conmigo recuerdos y documentos de un hombre que había consagrado buena parte de su vida al estudio de la radiestesia y de los fenómenos energéticos.

La familia me permitió entrar en la biblioteca personal de Benavides. Aquel espacio, poblado de libros y de huellas de una vida de investigación, fue para mí una experiencia singular. También me regalaron un péndulo de madera que aún conservo: un objeto sencillo, pero de gran valor afectivo por lo que representa de aquella visita.

El libro que me acompañó

Blanca Nidia me habló extensamente de los libros y las búsquedas intelectuales de su esposo. Me obsequió un ejemplar de Huna, la ciencia de los milagros, relacionado con las tradiciones de sanación y las ideas bioenergéticas atribuidas a los antiguos habitantes de Hawái. Desde entonces, ese libro ha sido una lectura de referencia en mi exploración personal de las medicinas complementarias y de la filosofía de la salud.

Recuerdo también la tristeza con la que evocaba la muerte de su esposo. Me decía que, independientemente de su edad, se había marchado joven: lo recordaba fuerte, activo, trabajando día y noche, entregado a sus investigaciones. Su testimonio no fue solo una relación de hechos; fue la memoria amorosa de quien conoció de cerca la disciplina y la pasión de Benavides.

Trayectoria y currículo

Eduardo Benavides Sarmiento nació en Vélez, Colombia, en 1925, y falleció el 23 de mayo de 2006. Su recorrido abarcó actividades jurídicas, diplomáticas y públicas, además de una intensa dedicación al estudio y la divulgación de la radiestesia, la radiónica y otras corrientes vinculadas a la bioenergética.

En 1979 fundó la Sociedad Venezolana de Radiestesia, una iniciativa importante para la organización y difusión de estos estudios en la región. Impartió cursos y participó en actividades de divulgación en Venezuela, Colombia, Curazao y Estados Unidos, de acuerdo con los datos biográficos compartidos por su familia y recogidos en mi publicación de 2009.

Entre los títulos asociados a su labor divulgativa figuran Cursos de radiestesia práctica, Radiónica práctica y Huna, la ciencia de los milagros. Estos trabajos reflejan la amplitud de sus intereses y su empeño en sistematizar las ideas que estudiaba y enseñaba. El currículo detallado entregado por la familia merece conservarse como documento histórico, diferenciando sus cargos acreditados de las interpretaciones sobre sus investigaciones.

Radiestesia, conocimiento y examen crítico

La radiestesia ha sido descrita por sus practicantes como una técnica de percepción mediante instrumentos como el péndulo o las varillas. Benavides dedicó años a estudiarla y a promoverla. Reconocer esa trayectoria histórica no equivale a afirmar que sus postulados estén demostrados científicamente: las aplicaciones diagnósticas y terapéuticas de la radiestesia no cuentan con evidencia clínica sólida que permita considerarlas sustitutos de la medicina basada en pruebas.

Mi interés periodístico por la medicina holística parte del deseo de escuchar, documentar, contrastar y comprender. Una investigación seria puede valorar la historia de estas prácticas, sus protagonistas y su influencia cultural, sin renunciar al pensamiento crítico ni a la protección de la salud humana.

El legado humano

Cuando pienso en Eduardo Benavides, no recuerdo únicamente el nombre de un investigador y divulgador. Recuerdo a su familia en Caracas, la conversación con Blanca Nidia y Carlos Alberto, la biblioteca abierta con generosidad, el libro que me acompañó durante años y el pequeño péndulo de madera que aún guardo.

En mayo de 2009 publiqué en El mundo de la radiestesia una semblanza titulada «Dr. Benavides: un puntal de la radiestesia en América», basada en información facilitada por sus familiares. Hoy vuelvo a aquella historia desde una perspectiva más personal: la de un periodista que cree que preservar la memoria de quienes dedicaron su vida a investigar también exige contar las voces de quienes los amaron y conocieron.

La gratitud es, acaso, la forma más perdurable de la memoria. Por eso estas líneas son también un homenaje a Blanca Nidia Guerrero y a Carlos Alberto, que compartieron conmigo, con respeto y afecto, una parte entrañable del universo de Eduardo Benavides Sarmiento.

Nota de fuentes

Este ensayo he retomado mis propias notas como testimonio personal de mi artículo «Dr. Benavides: un puntal de la radiestesia en América», publicado el 3 de mayo de 2009 en El mundo de la radiestesia. Para una edición documental definitiva conviene cotejar el currículo original entregado por la familia, a fin de incorporar íntegramente sus cargos, fechas y distinciones sin riesgo de errores.

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