Documentales, propaganda, inexactitudes, etc.

   Ayer domingo en horas de la mañana vi un documental en la televisión  que trataba de mostrar algo de la “vida, obra y milagros” de un personaje que intentó formarse en una leyenda aprovechando circunstancias manipuladas en todo momento. Un individuo de una ascendencia normal dentro del típico estadounidense. Este trabajo fílmico le pudieron nombrar  algo así como “La historia del comandante guerrillero americano en Cuba.”, buscando el acostumbrado sensacionalismo de este arte audio visual, estilo John Wayne,  que ya es parte impregnada de estos cerebros de los seres humanos, moldeados a intereses determinados.

Este documental fue realizado por una cineasta llamada Adriana Bosch, de Miami. Claro está que por haberse trabajado con datos procedentes de los amigos y camaradas de otras épocas además de la imprescindible CIA, este film, está lleno de inexactitudes, mentiras y falsas verdades, pero logra su objetivo que es el consumismo de una parte de la cubanada fanática anti castrista y algunos trasnochados estadounidenses que les gustan los filmes del oeste,  las intrigas de guerras y policías contra los malos. El video se vende en $ 24.95, precio como si fuera uno de esos éxitos de la industria cinematográfica estadounidense, aunque dista muchísimo de serlo.

“American Experience”, es una especie de aparato creado en el canal para la cadena de  televisión pública, donde a veces trata sobre temas personalizando personajes conocidos o resucitando algunos viejos enterrados por la historia. En este caso se trata de un individuo clásico yanqui, hijo  de una familia muy americana, quien desde muy joven muestra que es un tipo de esos que a veces, como él mismo lo manifiesta, se convierten por azar de la vida, en “no persona”, llena de boberías banales y otras ni tanto, como haberse  metido en la Fuerzas Armadas de Estados Unidos hasta lograr su deshonrosa baja. Haber cumplido cárcel de varios años, por delitos comunes. Su vinculación con el bajo mundo mafioso de entonces ya desde joven. Hasta llegar a mirar hacia Cuba como escape de sus intríngulis sicológicas y apiracionistas.

Este personaje es William (Alexander) Morgan, nacido en Ohio en 1928. Este documental le realza con hazañas y virtudes que en la realidad fueron muy escasas. Ya una vez decidido a incorporarse a las guerrillas en montes cubanos, con los elementos de  II Frente del Escambray, a quienes conoció en Miami a finales de la década de los cincuenta. Llega a La Habana como turista y se une a ese grupo en al centro sur de Cuba. Bien pudo haberlo con los del 26 de Julio en Oriente, liderados por un legitimo líder Fide Castro Ruz, pero argumentó que “estaba muy lejos y había muchos soldados de Batista por el camino” o con otro grupo que también combatía en el Escambray, el Directorio Revolucionario, pero escogió al de Eloy Gutierrz Menoyo.

En el reportaje fílmico, se narran acciones y cosas donde el “Comandante Americano” intervino así como de una guerrilla compuesta supuestamente  de 500 hombres, cifra no comprobada  que brindan los “veteranos sobrevivientes de aquella etapa”, que forman parte de las informaciones para el filme. El grupo de Faure Chomón, que también compartía historia,  territorio y acciones en ese amasijo montañoso contra los soldados de la tiranía batistiana y que en su mayoría procedían de la lucha en las ciudades, principalmente La Habana, donde se escenificaron grandes hechos heroicos, como el taque al Palacio Presidencial y la toma de una estación de radio, acciones estas y otras tantas donde cayeron heroicamente jóvenes combatientes cubanos,  que nunca se mencionan en el documental dedicando un solo objetivo, ensalzar la vida de Morgan y su II Frente.  Nunca existió otra “fuerza” fuera de ellos en esa ni en otra zona de Cuba, según esta  obra de la documentalista.

Después viene  la letanía de su participación en otros hechos junto a dirección cubana seguido al triunfo insurreccional de primero de enero de 1959, Morgan trabaja en asuntos relacionados con un Centro de Repoblación Fluvial de peses de agua dulce,  en El Dique,  en la salida del Cotorro hacia el este habanero. Recuerdo que deambulaba en su Land rover, descapotado con una Tompson .45, agarrada en el parabrisas medio abierto, como en plena campaña de guerra, pero ya en la paz, alardeando de su afición al excentricismo militaroide,   lo cual tampoco  se menciona en este trabajo, solo su vinculación con la explotación de ranas y su posible comercialización.

Lo real fue su conspiración contra la Revolución, tan pronto como fue instruido por la CIA incluyendo una pantalla para hacerse más confiable, sobre la supuesta oferta, no aceptada,  de asesinar a Fidel Castro por un millón de dólares, en aquel entonces, cosa que como fin llevo a contársela al líder de la Revolución Cubana. Así mismo intervino en una conspiración fraguada desde Santo Domingo bajo la protección del dictador Rafael Leonidas Trujillo, acción que es desarticulada bajo la dirección personal  de  Fidel Castro, cuando se arrestan a los participantes  al aterrizar en la ciudad de Trinidad, como comienzo de la fraguada contra revolución que intentaría derrocar a la legítima,  hecho que le gana más  confianza junto a otros miembros del II Frente.

Claro que no fueron suficientes los créditos obtenidos y decide, como dije antes, seguir su aventurerismo personificando en la conspiradera, convirtiéndose en un super agentazo de CIA, contrabandeando armas para el recién creado movimiento de esa organización yanqui, con los alzados en el Escambray. En eso es descubierto y arrestado, juzgado y condenado a la pena de muerte por traición a la patria, pues aun ostentaba el grado de comandante en su traje verde olivo. La sentencia fue ejecutada a comienzos del año 1961.

Este documental, con toda esta marañera vida del “comandante americano”, ha sido uno de las menos sonadas y más ridículas maniobras del anticastrismo de esta “República Bananera de Miami”, por su baja calidad histórica, aunque valga señalar que es algo más del gran montón de intentos y pequeños logros en las campañas para desacreditar esa Revolución Cubana, que tanto les duele a los impotentes que nada han podido lograr para combatirla con alguna efectividad durante los últimos 56 años.

Nada amigos, que me entretuve una hora viendo la televisión como si hubiera visto un programa de muñequitos animados.

Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.