
En mi criterio el diferendo entre Cuba y Washington está en un hilo porque es tratado como si no existiese una guerra para lo cual sólo faltan las bombas que a lo mejor están más cercanas de lo esperado. Esto sería una tragedia de enormes proporciones. Mientras Cuba alarmada teme por un baño de sangre, otros elementos perciben la tragedia con suma frivolidad.
Cuba aboga por la paz, no quiere confrontación de ningún tipo y propone el diálogo civilizado, aunque no ha encontrado el modo de hacerlo atractivo al agresor. Los Estados Unidos de Norteamérica le declararon la guerra indirectamente, cuando a principios de los sesenta le aplicó la Ley del Enemigo de 1917, que ahora cobra plena actualidad, con las más recientes declaraciones del secretario de estado Marco Rubio, donde alude a una vasta y tenebrosa conspiración de Cuba para minar el pensamiento estadounidense y convertir el socialismo en parte del juego político de la democracia en su país.Por todo lo dicho considero que cualquier enfoque y propuesta de diálogo debe partir de esa realidad: estamos frente al fuego enemigo, avisado de antemano.
Uno de los aspecto que más dificulta un acuerdo de paz es algo que ya he mencionado anteriormente: el gobierno de Los Estados Unidos de América no quiere hablar con el gobierno cubano. Tengo la impresión que esta actitud está generalizada dentro de las instituciones de poder estadounidenses e incluso individualmente entre representantes, senadores, gobernadores y altas figuras del llamado establishment.
Si mi criterio tiene algún grado de certeza, la única solución que le interesa a la actual administración estadounidense para la desolada Isla, la cual sufre ataques arteros con las sanciones que a diario le imponen y la devastación genocida que éstas han ocasionado, es la rendición incondicional del gobierno o la entronización de reformas que, en los hechos auspicien un cambio de régimen. Hace poco alguien me preguntó qué avenidas podrían evitar un final tan diabólico y mi respuesta fue tajante : NO SÉ.
Uso el término “diabólico”, porque ante semejante vejación, injusta, depravada y ruin, el gobierno de Cuba, pero también el pueblo mejor informado, al margen de las discrepancias que una parte pueda pueda albergar con el gobierno, van a oponerse resueltamente y eso ocasionaría una situación impredecible.
Tiempos atrás, conversando un día con mi amigo el ya fallecido, el abogado Ricardo Alarcón de Quesada, quien fuera presidente de la Asamblea Nacional, Ministro de Relaciones Exteriores, embajador de Cuba ante la ONU. miembro del Buró Político del PCC y figura destacada dentro del proceso de la Revolución Cubana, comiendo junto con mi señora en un restaurante de La Habana, nos dijo:
“los estadounidenses pueden bombardear la Isla a su antojo, pero un día tendrán que desembarcar y aun cuando ocupen los principales sitios estratégicos, se hallarán con un país ingobernable, porque las fuerzas clandestinas que surgirían lo convertirán en un infierno. Pasará el tiempo y las conspiraciones convertirán el país en una zona de desastre. Por consiguiente, (decía esto y lo escribía en la servilleta) lo mejor será hallar puntos de entendimiento y firmar una paz duradera”.
Evaluando las informaciones que tenemos por las diversas declaraciones de ambos gobiernos y criterios de especialistas en la materia, estoy convencido que no hay negociación en curso. Cuba dice que existen contactos entre las partes y Washington manifiesta que han existido conversaciones. En general cada vez que los dos gobiernos se han reunido a conversar asuntos de los cuales los mortales nunca hemos tenido conocimiento, ambas partes informan de su ocurrencia y nada más.
Las informaciones sobre la posible temática tratada en esos breves eventos, han sido vagas y apuntan a que no hay agenda alguna ni propuesta, lo cual es lógico, porque si Washington no quiere hablar, y los representantes cubanos no adelantan propuestas interesantes que estimulen el diálogo, no hay modo de avanzar.
En situaciones como estas siempre recuerdo las palabras de mi abuelo materno, hombre trabajador, de familia, sin conocimiento académico pero con la sicología práctica de pueblo, que acostumbraba a decir: el hombre pobre no puede ser soberbio, todo lo contrario, debe ser sabio para avanzar en la vida. En este caso el hombre pobre somos nosotros, indefensos militarmene frente al descomunal poderío del contrincante, contra el cual sólo contamos con la sabiduría, la paciencia y la determinación de buscar su lado flaco o mejor aún, su mejor momento de inteligente brillantés para valorar cuál es la mejor opción: el holocausto o un futuro de prosperidad y mutua paz entre vecinos de siempre..
Me parece vital para intentar detener una intervención violenta que el gobierno de Cuba dé un paso adelante y junto a la oferta de diálogo, adelante propuestas concretas y que sean de público conocimiento. Es importante señalar la importancia que a estas alturas, lidiando con un país tan poderoso que ha declarado la guerra a Cuba injustamente, que todo asunto debe ser de conocimiento universal. No se puede tener ni una pizca de confianza en algo tan delicado. No basta con gritar que queremos un diálogo sino hay que hacerlo con propuestas públicas en la mano para que todos sepan y el poderoso no tergiverse en esta época de calumnias.
Hay que mostrar a las claras las soluciones que proponemos para un entendimiento eficaz y eliminar así toda pretensión de conquista y ocupación territorial frente a una administración de una agresividad no emulada por ninguna de las anteriores. Para esto Cuba debe asumir compromisos para deponer toda hostilidad frente a Los Estados Unidos de Norteamérica, excluyendo cualquier alianza con sus adversarios. Esto último no es difícil porque los principales adversarios de Washington, China y Rusia, hace decenas de años dejaron de ser los aliados incondicionales de antes.
Aunque a estas alturas, siendo realistas y reconociendo las oportunidades perdidas, generalmente por razones puramente ideológicas, los márgenes de negociación se han estrechado al punto que entre el uno y el otro, apenas cabe el filo de una navaja, todavía existen oportunidades para detener la hecatombe.
Las circunstancias actuales reducen los márgenes de negociación que hubo en otros tiempos, especialmente en los años noventas y luego durante la administración de Barack Obama. No obstante de nuevo hay que reiterar asuntos de seguridad, las expropiaciones de las grandes compañías estadounidenses, el pago de las deudas y otros elementos para los cuales existen bases. En el pasado Cuba elaboró legislaciones creíbles y viables para saldar aquellas expropiaciones.
Sin embargo, con las 176 medidas aprobadas por el gobierno cubano y aún en proceso de una legislación seria y universalmente reconocida, donde empresas extranjeras pueden adquirir territorios, activos, establecer negocios y participar del comercio internacional y nacional, sería fácil hablar de aquellas deudas y de otros muchos asuntos para los cuales existen respuestas perfectamente aceptables.
Cuba cuenta con valiosos activos inmobiliarios turísticos y de otros tipos, con los cuales pagarlas. Acción que a su vez desencadenaría la actividad de servicio. Existen también grandes valores económicos, entre ellos el conocimiento científico técnico de miles de hombres y mujeres que pudieran ser valiosos productores de riqueza en el sector manufacturero de tecnología avanzada, los cuales seguramente serían magníficos activos para las grandes empresas tecnológicas que pueden establecer allí bases de importancia como las hay en Singapur, Hong Kong y otros sitios. Campo para negociar sobran a partir de las reformas aprobadas hace tiempo y listas para ser puestas en marcha luego del reciente paso donde aprobaron las mencionadas 176 medidas económicas.
Considero que aún faltan por hacer reformas en otros órdenes como serían el establecimiento de un estado de derecho, algo que fue aprobado hace tiempo pero necesita ser legislado e instrumentado jurídicamente siguiendo procedimientos al uso dentro del derecho cubano. Son todo un conjunto de aspectos que requerirán de otras 176 medidas (por decirlo de algún modo algo jocoso) que lleven al establecimiento de un estado confiable para los inversionistas grandes y pequeños, lo cual incluye en parte el balance de poder y formas diáfanas de elección donde existan diversos programas políticos, aun cuando se limiten al amplio ideario socialista que hoy se va definiendo con más claridad y amplitud de criterios. Pero es una ventana más amplia para el perfeccionamiento del proyecto social, base del estado cubano y enriquecer la diversidad de criterios puestos a disposición del público.
Cuba puede redactar una agenda pública de entendimiento y conversar con Los Estados Unidos de América. Sobre todo ante la negativa de Washington de hacerlo, lo cual ha sido evidente.
No me parece saludable esperar hasta saber qué pretende el vecino del Norte (algo que ya nos imaginamos), sino tomar la ofensiva en ese aspecto y hacerlo públicamente para que el pueblo cubano y el mundo en general sepa claramente que Cuba quiere una solución al conflicto y ahora más que nunca antes está dispuesta a hacerlo de modo respetuoso y civilizado. Donde las arengas y la retórica de “soberanía” sobran. Hay que ser pragmáticos.
Las recientes medidas aprobadas por Cuba y la puesta en marcha de asuntos que ya fueron planteados, pero no desarrollados, en las reformas constitucionales anteriores y acuerdos de la Asamblea de diputados, al margen de ser algo necesario que el estado cubano viene valorando desde hace tiempo como un ingrediente esencial y beneficioso para el desarrollo económico y otros pendientes que serán beneficiosos para el resto de la sociedad civil, coinciden también plenamente con los reclamos de países con un régimen capitalista de gobierno. La diferencia es que los mismos procedimientos no se administran de igual modo en ambos regímenes. Aunque parecidos en la forma, entre uno y otro, son esencialmente diferentes en su significado y especialmente en sus resultados.
Sin ofensas, considero que gran porcentaje de la iniciativa puede estar del lado cubano, porque la otra parte se retiró del juego hace tiempo y en vez de valorar propuestas, ha optado por ofensivas violentas, violatorias de los más elementales derechos humanos. Por consiguiente hay que atraerlos de nuevo al terreno.
Entre la incertidumbre que vivimos y la debacle que se anuncia, prefiero escoger el camino seguro de plantear firme y convencidos, como ha sido característico de Cuba, que entre ambos países se puede fojar un entendimiento, sobre todo si las partes se atienen a los intereses mutuos. Y es necesario firmar una paz duradera. No queremos armisticios. Hace falta que retiren la declaración de guerra que hicieron hace más de sesenta años. Pero urge la propuesta cubana porque el reloj sigue marcando sus segundos implacables.
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