Cuba y las negociaciones

Desde el ataque a Venezuela, Cuba aparece en la mirilla de los halcones del  establishment estadounidense y no ha dejado de aparecer en múltiples declaraciones de Donald Trump y especialmente de su asesor principal en asuntos del hemisferio americano, el secretario de estado Marco Rubio, quien ocupa también los cargos de: Asesor de Seguridad Nacional (National Security Advisor) y Administrador interino de USAID.

Cuba comenzó su proceso de revolución en la época que nada en el hemisferio se movía sin la aquiescencia de Washington y por ende estuvo en la mirilla desde esa época siendo incluso motivo de ataque directo de los poderes militares estadounidenses desde su comienzo. Aquella política que respondía al Corolario de la Doctrina Monroe iniciada por Theodore Roosevelt, fue menguando, especialmente luego de la invasión a Santo Domingo en el año 1965. Aun así, se implementó en el caso de Antonio Noriega en 1989, aunque estuvo disfrazada por la participación de este general panameño en el tráfico de droga, lo cual estuvo plenamente verificado, aunque eso no legalizaba una acción llevada a cabo de modo inconsulto con el Congreso.

Ahora vuelve a revivirse aquel Corolario, pero de un modo más agresivo aún y con diversas variantes que han culminado en su ampliación, lo cual lo podría convertir en política de estado. En palabras de Trump: “hemos superado aquella doctrina”.

En mi opinión, estamos ante una situación que no es momentánea. En primer lugar, porque a Trump le quedan tres años de gobierno. En segundo porque no sabemos hasta dónde pueden cambiar una serie de mecanismos legales y estructurales si los republicanos mantienen su estatus después de las legislativas de este año 2026.

Venezuela al parecer está negociando y ya Washington aprendió que el mejor gobernante es quien tiene el conocimiento y control del país, lo cual es algo que requiere el plan Trump para forzar a Rusia y China a aceptar un mundo regido por áreas de influencia. Por consiguiente si el gobierno venezolano actual logra dirimir las divisiones internas que parecen existir entre los mandos y sobre todo cualquier corriente ortodoxa desfazada, la cual puede crear un oleaje indeseado, Delcy Rodríguez puede negociar los intereses estadounidenses con un mínimo de pérdidas para el proyecto social que representa y adecuar convenientemente las reformas requeridas para gobernar sin enfrentamientos con Donad Trump.

Respecto a “democracia” estilo USA o algunas de las pantomimas que en Latinoamérica se denominan con el socorrido término, quedará en segundo plano, porque los políticos serios incluyendo a quienes gobiernan las pantomimas mencionadas, saben que el término “sistema democrático” es un juego para la retórica dirigida el gran público que desprecian; sobre todo si son de procedencia indígena, el sector menos considerado por los políticos del sur del hemisferio americano, incluso cuando muchos de esos políticos son de igual procedencia. En todos los países que componían la URSS gobiernan las mismas caras. Sólo han cambiado los procedimientos y el sistema ha sido reformado, con altas y bajas (como en todos los países) pero funciona bien.

Esto está claro. Lo que aún no está definido es el estado de esas negociaciones para que todas las partes estén tranquilas. Se trata de un nuevo escenario en la política hemisférica y el orden internacional. Hay que salvar lo salvable y más importante eliminar los escenarios que lleven a pérdidas humanas para los venezolanos, cubanos y los otros países que han sido objeto de indiscriminadas críticas y sabotajes indirectos de los servicios especiales de Washington, incluyendo el ataque militar a suelo venezolano el cual ha quedado impune, excepto por cuestionamientos de congresistas demócratas e independientes estadounidenses, los cuales tienen poca sustentación para ganar, especialmente porque no hay tiempo para desenredar una madeja legal elaborada con el propósito de ocultar trampas y en la cual se han sustentado Donald Trump y el abogado Marco Rubio, el gran artífice de esta aventura.

Si en algún momento de los últimos 65 años, Cuba ha tenido imperiosa necesidad de negociar, es ahora.

Entre 1961-1963 ocurrió el primer llamado back channel o canal diplomático informal. O sea, una negociación extraoficial entre Washington y La Habana. Los protagonistas fueron Fidel Castro y John F. Kennedy con motivo de la Crisis de los Misiles y sentó un precedente porque en lo adelante todas repetirían ese patrón. Algunos especialistas llaman a este tipo de procedimiento “negación plausible”, con lo cual se evitan presiones internas y los riesgos de parecer débiles, al tiempo que se mantiene el control político.

Curiosamente la negociación terminó antes de comenzar porque la última reunión de Jean Daniel con el gobernante Fidel Castro se realizó el 22 de noviembre de 1963.

Según Fidel Castro le contó a mi gran amigo ya fallecido, Max Lesnik, mientras conversaba con el emisario de Kennedy se le acercó un funcionario, pidió permiso y con discreción le susurró algo a Castro. Fidel miró a Jean Daniel (con quien tenía muy buena relación) y más o menos le dijo, “creo que se terminó la reunión. Acaban de asesinar a Kennedy en Houston, Texas”.

Entre los años 1977 a 1981, se realizó otro de esos “canales diplomáticos informales” cuando el presidente Jimmy Cartes autorizó contactos directos con altos funcionarios cubanos. Estos tuvieron lugar en New York, Washington y La Habana donde se llegaron a acuerdos migratorios y en temas de pesca y aviación.

En 1993 el más activo de todos antes de Obama, tuvo en épocas del presidente Bill Clinton, siendo los actores principales, Ricardo Alarcón de Quesada por Cuba y Peter Tarnoff y Thomas “Mack” McLarty por EE.UU.

Las conversaciones llegaron a algunos acuerdos sobre temas migratorios, se negoció la visita del Papa Juan Pablo II, en la cual tras bambalinas jugó un papel importante el amigo Max Lesnik y se coordinaron temas de seguridad.

En abril de 1998 Fidel Castro le pidió a Gabriel García Márquez, que llevara una carta al entonces presidente Bill Clinton, aprovechando que su amigo el escritor y periodista iba a encontrarse en Martha´s Vineyards, en Dukes County, Massachusetts, con el entonces presidente estadounidense. Clinton era gran admirador de García Márquez, cuyas novelas había leído.

La carta le explicaba una serie de atentados contra Cuba que se gestionaban desde territorio estadounidense.

Entre 2009 y 2016 se realizó otro de esos canales informales que fue el más importante porque llevó al deshielo de las relaciones entre ambos países y al establecimiento de embajadas, las cuales no existían desde 1961 en que EE.UU rompió relaciones.

Fue el más secreto de todos y se desarrolló en Canadá y el Vaticano. Los actores principales fueron: Ben Rhodes y Ricardo Zúñiga por Washington y Alejandro Castro Espín y Josefina Vidal por Cuba. El resultado fue el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la devolución de tres de los cinco agentes cubanos que aún permanecían en prisión. Los otros dos ya habían cumplido condena. Cuba liberó a cambio, al agente de la CIA Alan Gross.

Después del derrumbe de la URSS Cuba quedó sin apoyo comercial y económico en un hemisferio hostil al sistema tipo soviético que habían establecido. Con el deshielo en época de Obama surgieron oportunidades que no se supieron aprovechar como resultado de discrepancias entre moderados y ortodoxos dentro del gobierno cubano. En aras de una unidad que el gobierno consideraba muy necesaria, establecer medidas más liberales, algunas de las cuales existen actualmente excepto en lo político, donde persiste una rigidez no compartida en el hemisferio, ni siquiera por los gobiernos más autoritarios, se optó entonces por seguir el ritmo económico y político existente hasta el momento que Obama extendió aquel ramo de olivo. Le sucedió entonces el gobierno de Biden quien volvió a imponer sanciones separándose de la política de su predecesor, con la obvia razón de que la actitud de La Habana había sido muy pobre comparada con las difíciles decisiones tomadas por Obama frente a un establishment inconforme con aquella acción.

Anterior a esto, la llegada de Chavez al poder en 1999 fue como un balón de oxígeno para el gobierno de Cuba que, en parte y según algunos estudiosos del tema, contribuyó al atrincheramiento parcial de la dirección cubana en las antiguas ideas soviéticas, desechadas hacía años por países supuestamente comunistas como China y Vietnam. Venezuela fue el último eslabón de agarre para mantener a flote una economía sancionada, bloqueada por Los Estados Unidos de Norteamérica y atacada por la desinformación de la prensa internacional, la mayoría controlada por Washington a base de los dineros que se destinan con ese propósito de desacreditar al gobierno. Una política que ha ido quebrando la infraestructura general del país y castiga duramente a su población.

En el presente todo indica que la dirección venezolana se encamina por otro rumbo que, aunque no sea un rompimiento total con el proyecto social iniciado en 1999 (algo que aún es muy prematuro de vaticinar), se alejará de la práctica política del internacionalismo, mediante el cual ayudaba a Cuba, especialmente por ser una de las condiciones de Donald Trump para cesar ataques militares y mitigar las conspiraciones de la CIA. De consumarse dicha negociación, la Isla quedará en condiciones, doblemente desfavorables a las actuales. Y esa situación requiere un remedio quirúrgico urgente.

No se trata de renunciar al proyecto social, pero dado que la actitud agresiva de Washington es una realidad con la cual hay que lidiar, no existe más remedio que buscar soluciones que puedan complacer los planes estratégicos del gobierno estadounidense, sin renunciar en su totalidad a los objetivos sociales de más valor del proyecto cubano. Estas apreciaciones sobre posibles pasos a seguir por Cuba, las hago partiendo del criterio que Rusia ni China se van a buscar la escaramuza nuclear que he mencionado, para defender Venezuela. Tampoco esa Rusia y la China de Xi Jinpin practican la dadivosidad de la antigua URSS, ni siquiera la que Venezuela en menor escala ha estado practicando en el acuerdo de intercambio estilo trueque establecido con Cuba.

Si es así, hay que negociar con la conciencia de que vamos en desventaja de igual modo que la dirección venezolana en estos instantes, con la cual se acaba de reunir una comisión del departamento de estado, quien además tomó la decisión de abrir nuevamenete la embajada que cerraron en el año 2019.

Hago este análisis confesando que no creo en los holocaustos, los cuales forman parte de otras generaciones y otros tiempos. No comparto el suicidio de Salvador Allende y sí concuerdo con la actitud de Hugo Rafael Chávez Frías, quien no se resistió al frustrado golpe de estado de que fue objeto y escuchó la opinión de Fidel Castro cuando le dijo que por encima de todo defendiera su vida. En el lenguaje del revolucionario que yo conocí, se decía, “el revolucionario vive para la Revolución no para la muerte”.

Las próximas semanas traerán preguntas y respuestas. El caso venezolano tendrá alguna influencia en la estrategia de las negociaciones Cuba-USA. Pero además de estos elementos diplomáticos y de supervivencia frente a la actitud imperialista que intenta venderse a veces de paternalista, está saber qué quiere la población. No aquellos que ciegamente y de un modo más radical que ortodoxo juran “morir de pie antes que vivir de rodillas” (algo que estaría por verse si realmente existiera una circunstancia en la cual tuviésemos que vivir de rodillas), sino con el hombre, las mujeres y los infantes de a pie, los que desean vivir en paz y claman por tener el pan que ya les falta en la mesa y la leche del niño, la medicina de urgencia no disponible hoy en las farmacias, la escuela con techo para que el niño religiosamente asista a clase todos los días y convierta esa práctica en disciplina inviolable. Además, hay que llegar a consenso en el entendimiento entre los pocos que integran el poder real, decisorio del gobierno, algo para lo cual la presencia de Raúl Castro me parece que es imprescindible porque Cuba vive en una concepción política de verticalidad de mando que limita en gran medida a muchos, al margen de retóricas, decidir sin saber previamente qué piensa el líder. Y en Cuba sólo ha habido dos líderes: el mayor que es Fidel Castro y el otro que es Raúl Castro.

La suerte está echada y hay que ver cómo se mueve el tablero.

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