Cuba: Qué periodismo necesitamos?. Por Rodobaldo Martínez Pérez

Entregamos nuestra columna hoy al  colega holguinero Rodobaldo Martínez Pérez

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El reto para el perfeccionamiento de la prensa cubana requiere de total ética, competencia profesional y la mayor vocación revolucionaria, que defienda la justicia social, fomente el pensamiento crítico, el constante diálogo con conciencia, voluntad, talento y responsabilidad.

La creatividad requiere fomentarse, conjuntamente con la garantía de mantener la dinámica cotidiana de la noticiabilidad, para la correcta comunicación y control popular en la sociedad.

Ahora en los medios cubanos hablan de autofinanciamiento, inédito en la Revolución, que exige no solo mantener la sostenibilidad, sino en cómo hacerlo sin finanzas de terceros, para salvaguardar el poder del medio, además de resolver la casi nula cultura económica reinante en el sector.

Según la política para este sostén hay tres posibilidades: presupuesto del Estado para la prensa pública, formas presupuestadas con tratamiento especial y la posibilidad de constituir empresas de comunicación.

Hay que recordar al investigador Doctor Julio García Luis, presidente de la UPEC por varios años, lamentablemente fallecido: “… tenemos que avanzar hacia un modelo más autónomo, autorregulado, con una mayor capacidad de los medios para tener autonomía editorial y económica.”

Tal propósito requiere consolidar los mejores métodos y estilos de dirección organizacional de medios- empresas- industrias culturales, con creativas formas y dinámicas maneras de hacer y vencer las lógicas resistencias al cambio de las rutinas productivas, con redacciones integradas, diversificación de productos, servicios, referentes para una política de comunicación propia, con economía y reajustes salariales.

La organización multimediática exige conocimientos renovados, aprendizajes diarios, capacidades, entrega, competencias, dinamismo, innovación, creatividad, liderazgo, trabajo en equipo, total profesionalidad en correlación con perfiles diferenciados en nuevos procederes de pensar-hacer-exponer, así como eliminar los galimatías entre periodismo y propaganda.

Es mantener una combinación entre destrezas en el constante aprendizaje, investigación y experimentos continuos con un ascendente pensamiento crítico y los fundamentos clásicos del buen periodismo, para consolidar la integridad profesional en un quehacer ético y de competencia siempre al servicio del pueblo.

Con la decisión de elevar al tope la profesionalidad e intencionalidad en la planificación editorial y su expresión para cada soporte, como ejemplo de prensa incondicional a la Revolución y fiel al legado Martiano y Fidelista, máximos expones de cómo hacer periodismo, aun en los tiempos de mayor peligrosidad.

La desafiante realidad convoca a la inteligencia colectiva y unidad en la construcción de los productos comunicativos para las audiencias cubanas, las cuales acceden a otros medios según sus intereses.

Todo el andamiaje de modernización su primera herramienta es para patentizar que la noticia es absolutamente inmediata, de lo contrario prenden focos sociales nocivos.

El nuevo escenario infocomunicacional solo triunfa con un periodismo protagónico y equilibrado, en un ascendente espiral para eliminar cualquier dañino zigzagueo.

Debe primar la consolidación hacia el quehacer crítico, reflexivo, investigativo, polémico y audaz en una visión de todo el andamiaje comunicativo cubano, sin culparse unos a otros ni regulaciones externas, solo la real responsabilidad de los directivos mediáticos.

El pueblo que manda en Cuba no puede esperar la noticia y exige el oído activo y pegado en la agenda mediática, para el reflejo de la realidad cotidiana, sin censura, autocensura o prolongada prudencia insostenibles en la actualidad.

Las redacciones deben estar dotadas de la mayor autorregulación, fidelidad a sus audiencias metas, con una constante capacidad de diálogo, creatividad, originalidad para robustecer la menguada confianza mediática de hoy.

Es hacer un periodismo comprometido, valiente, culto, respetuoso, conocedor de los complicados temas de la actualidad, desde una posición de perfeccionamiento, respeto, sin secretismos ni vacíos noticiosos.

Los temas impactantes, que son tan frecuentes, requieren previos análisis en equipos para adelantarse a discrepancias, irritaciones y la correcta inmediatez, como exige la democracia cubana para la participación en las tomas de decisiones del pueblo.

“El periodismo jamás puede callar…” nos dice Martí, porque “La verdadera función del periodismo es educar a las masas, no para satisfacer sus gustos…” alerta García Márquez. “Nuestra prensa será más importante en la medida en que el pueblo sea cada vez más exigente”, sentencia Fidel.

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