¿Críticos de arte?

Todavía la escultura que se levanta frente a la Embajada de Estados Unidos no está terminada y ya algunos se apresuran a calificarla negativamente o a cuestionar que se haya utilizado en su edificación “gran” cantidad de concreto que, según ellosmejor podría haberse destinado a construir o reparar viviendasEstos criticones, que lo mismo critican la selección del equipo nacional de pelota que el arte escultóricohubieran sido famosos pistoleros en el viejo oeste americano, pues desenfundan con sospechosa rapidez.

El argumento del gasto de concreto lo hemos escuchado más de una vezcuando, por ejemplo, se construyeron las instalaciones del Parque Lenin, o las esculturas monumentales, bajo la dirección de Rita Longa, en la ciudad de Las Tunas. Pero, por mucho concreto que se haya utilizado en esas obras, que son de beneficio públicosu magnitud es insignificante en relación con las cantidades que se necesitan para resolver los problemas de vivienda de toda la población. Sin embargo, siguiendo con estos ejemploscuánto no ha disfrutado la población habanera de su Parque Lenin y, pregunten a cualquier tunero si no está orgulloso de que a su ciudad la llamen “la capital de la escultura”. Esto, sin contar el valor de estas obras como atracciones turísticas, lo que se revierte en mayor ingreso de divisas que, a su vez, en un país socialista como el nuestro, van directamente a mejorar la calidad de vida de la población.

Las obras de arte monumentales en espacios públicos siempre son objeto de críticas muy variadas, no solo en Cuba sino en todo el mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, la escultura gigantesca construida por Alexander Calder, considerado el escultor norteamericano más importante del siglo XX, en Grand Rapids, Michigan, en 1969, con el título “La Grande Vitesse”, fue dura y ampliamente criticada como demasiado grande, demasiado costosa y de un color rojo demasiado chillón. Criticaban también la selección de Calder para realizar la obra debido a que éste pasaba más tiempo en Francia que en Estados Unidos. No obstante, la escultura, de 41 pies de alto y 42 toneladas de peso, se convirtió rapidamente en símbolo de la ciudad y orgullo de sus ciudadanos. En la plaza donde se ubica la escultura, se celebran cada año el Festival de las Artes, las exhibiciones de “ArtPrize” (el encuentro artístico con mayor asistencia de público en el mundo), el Festival Hispánico, y el “Pride Festival”, además de magníficas presentaciones de teatro y de música sinfónica. Las críticas, por supuesto, reposan desde hace cinco décadas en el olvido de las páginas amarillentas de periódicos de la época, en las bóvedas de la Biblioteca Municipal y, de los criticones, ya nadie se acuerda.

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