Convocar sin pueblo: Llamados a la violencia en Cuba desde las redes

Por: Observatorio de Medios de Cubadebate

Entre el 1 y el 15 de febrero de 2026 han circulado en redes sociales decenas de publicaciones que llamaron abiertamente a la violencia o a la desobediencia civil en Cuba.

Proceden mayoritariamente de perfiles ubicados fuera de la Isla, se difundieron sobre todo en Meta Platforms —a través de Facebook, Instagram y WhatsApp— y comparten un mismo desenlace: ninguna logró traducirse en movilización real dentro del país.

El fenómeno revela un patrón reiterado de agitación digital de baja capacidad organizativa, orientado más a producir clima emocional que a generar acción colectiva efectiva.

Un contexto de presión externa permanente

Cuba lleva años sometida a un entorno de alta hostilidad informativa y política, marcado por el recrudecimiento de sanciones, campañas de descrédito internacional y operaciones comunicacionales orientadas a erosionar la legitimidad de su gobierno.

En ese contexto, las plataformas digitales se han convertido en un terreno privilegiado para la proyección de narrativas de colapso, urgencia y ruptura, impulsadas desde el exterior.

Febrero de 2025 coincidió además con un momento de especial sensibilidad social, atravesado por dificultades económicas objetivas y una intensa cobertura mediática internacional, con una escalada de las amenazas del gobierno de los Estados Unidos. Ese caldo de cultivo fue aprovechado por actores radicados principalmente en Estados Unidos y otros países para lanzar mensajes que apelaban al levantamiento inmediato, al “todo o nada” y, en varios casos, a la violencia explícita.

A esa arquitectura de agitación se suman otras técnicas —menos visibles pero igualmente decisivas— para intoxicar el escenario digital cubano, que hemos descrito en el Observatorio de Medios de Cubadebate. Una de ellas es la fabricación de señales de inminencia mediante rumores sincronizados, “alertas” sobre supuestos despliegues de fuerzas, cortes de internet o “noticias muy grandes” a punto de estallar, que buscan crear ansiedad colectiva y predisponer a la audiencia a interpretar cualquier incidente como prueba de colapso.

Otra práctica recurrente es el astroturfing, es decir, la simulación de apoyo social espontáneo mediante cuentas coordinadaspáginas espejo y perfiles que replican el mismo contenido en grupos de compraventa o comunidades locales para aparentar capilaridad territorial.

También, operan campañas de amplificación algorítmica basadas en picos artificiales de interacción —comentarios, reacciones, compartidos en cascada— para empujar contenidos a las recomendaciones de Meta, combinadas con microsegmentación (contenido adaptado a públicos específicos, por municipios, edades o intereses) que intenta convertir malestares reales en vectores de polarización política.

A ello se añade la reutilización de iconografía estandarizada (rostros encapuchados, fondos rojos, estética de cartel, consignas cortas) diseñada para funcionar como meme, avatar o sticker y convertirse en símbolo portable, más allá de la veracidad o de la capacidad organizativa real detrás del mensaje.

Otra técnica central es la convergencia de plataformas: un mismo relato se despliega en formatos distintos —capturas para WhatsApp, placas para Facebook, reels para Instagram— con plantillas que facilitan su réplica (“kits” de convocatoria, guías, instructivos), lo que permite mantener la narrativa viva aunque se borre el post original.

En paralelo, se usan marcos de atribución para desplazar responsabilidades: se presentan daños económicos como “pruebas” de incompetencia interna, mientras se invisibiliza el impacto de sanciones, o se promueven lecturas de “intervención salvadora” que normalizan la idea de tutela externa.

Finalmente, aparece la provocación por sobreexposición, una táctica que busca que actores institucionales o medios reproduzcan el contenido para denunciarlo y, al hacerlo, lo legitimen implícitamente y lo multipliquen en alcance. Intentan deliberadamente convertir un post frágil en un referente, un meme marginal en un símbolo.

Treinta llamados, un mismo patrón

Portadas de las convocatorias analizadas. Fuentes: Facebook/ Instagram/ WhatsApp.

El grupo de convocatorias analizadas —30 imágenes y publicaciones difundidas entre el 1 y el 15 de febrero en Meta— presenta rasgos comunes muy claros:

Emisión externa: los perfiles que originan o amplifican los contenidos están localizados fuera de Cuba.
Baja réplica interna: apenas se detectan interacciones orgánicas desde usuarios dentro de la Isla.
Ausencia total de correlato físico: ninguna convocatoria derivó en protestas, concentraciones o acciones concretas en el espacio público.
Un caso emblemático fue el de una página en Facebook que opera bajo el seudónimo de Fulgencio Batista, nombre del dictador derrocado en 1959. Desde ese perfil se difundieron imágenes de alto contraste —rostros encapuchados, fondos rojos, consignas maximalistas— acompañadas de textos como “esto llegó a su fin” o “fuego por la libertad”.

El análisis técnico del material muestra que no se trata de convocatorias organizativas reales. No hay puntos de encuentro alternativos, ni canales de coordinación, ni responsables identificables, ni medidas de seguridad. El lenguaje es apocalíptico y performativo, diseñado para provocar impacto emocional, no para articular acción colectiva.

Viralidad de nicho, no movilización social
En términos de alcance, algunas de publicaciones (11) lograron cifras llamativas de comentarios —del orden de cientos a poco más de mil—, pero con un dato clave: el ratio comentarios/reacciones fue alto y los compartidos relativamente bajos. Esto indica polarización y consumo pasivo, no propagación activa.

Técnicamente, estamos ante lo que analistas describen como viralidad de nicho: circulación concentrada en burbujas políticas hostiles al gobierno cubano, sin transversalidad social. No aparece el eco cruzado habitual de las convocatorias reales (Telegram, X, canales coordinados), sino posteos aislados replicados de forma mecánica en grupos de compraventa o páginas sin capital movilizador. PINCHE AQUI MAS DETALLES 

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