Con los acostumbrados bombos y platillos, dio comienzo la nueva Convención Demócrata, con la fatal experiencia de la recién terminada, la republicana. Esta de los autollamados progresistas de Estados Unidos, al menos en sus primeras horas, no estuvo desprovista de desajustes emocionales que dieron rienda suelta algunos de los participantes, como en al caso de la asistencia y recién legado del ex aspirante a la candidatura de ese partido, Bernnie Sanders, quien con su sola presencia mostró entre parte de los presentes, una división inicial de este evento.
Al extremo de desalojar espacios y sacar fuera a recalcitrantes seguidores quienes hasta el punto de las lágrimas, expresaban su incondicional apoyo al derrotado Sanders, pese a que este pidió respaldar a Clinton contra Trump.
Pero para no alargar este comentario, solo puedo agregar, a manera de resumen, que fue realmente impresionante la elocuencia de la Primera Dama, Michele Obama, con un memorable discurso muy bien elaborado que mostró su calidad política, totalmente contrastante con la esposa del desagradable Donald Trump y hasta con este sujeto también, dándole la nota de excelencia en oratoria muy objetiva y aclaratoria al conclave demócrata.
La señora Obama mostró buenos augurios entre muchos de los partidistas y no son pocos los que hoy han sacado prematuras conclusiones de que podría ser una continuación futura a la segura presidenta Hillary Clinton, a años vista después de su periodo en el cargo. Claro que solo es mi compartida opinión, digo yo.
Al cierre de ayer el experimentado esposo y aspirante a Primer Caballero del país, Bill Clinton, (se dirá así pues no hay experiencia previa a este caso de un marido de una mujer presidenta), cerró con brioche de oro describiendo las cualidades personales, familiares, profesionales y políticas de su esposa Hillary, como única alternativa para continuar y mejorar aún más, la obra de su Partido en la presidencia.
Era la mañana de la Santa Ana…
Aún a solo unas horas de haber concluido y brindado homenaje en este aniversario 63, a los héroes y mártires del Moncada, el 26 de julio de 1953, no nos podemos despedir de esta fecha sin recordar al querido y nunca olvidado Indio Naborí – Jesús Orta Ruiz – quien nos regaló unos versos dedicados al evento, y como a la madre de la Virgen María, que compuso en honor a los hechos de aquel hecho histórico que cambió para siempre la historia de nuestra patria.
Aquí aquel memorable poema.
“Era la mañana
de la Santa Ana,
mañana de julio pintada de rosa.
Nadie presentía que saldría el Sol
por la silenciosa
granja de Tizol.
Santiago el Apóstol, marchito, dormía
como derribado por la algarabía
de conga y charanga, locura y alcohol.
Era la mañana
de la Santa Ana…
¡Oh, la incubadora
de la redentora
granja Siboney!
¡Qué gloriosos gallos dieron a la aurora
viejas y olvidadas posturas de Hatuey!”
Iban decididos por la carretera…
Por todo el paisaje se abrió la bandera.
En la caravana de los inmortales
iban dos mujeres de pureza estoica:
también procedían de la granja heroica,
de la incubadora Mariana Grajales.
Eran soles previos que con su alborada
rasgaron las nieblas del cuartel Moncada
La Patria en tinieblas vio sus rumbos claros
a la luz precisa de urgentes disparos.
Era la mañana
de la Santa Ana.
La sangre vertida no fue sangre vana.
……
¡Qué ciegas estaban las manos de aquel
que arrancó los ojos, los ojos de ensueño
los ojos de Abel!
¡Los ojos de Abel!
que ahora son estrellas de un cielo risueño
y alumbran el paso triunfal de Fidel!
Los mártires todos invaden el día,
alegran ciudades, liberan el monte…
Ya escucho los cantos de Gómez García
en rápido tránsito de flor a sinsonte:
-26 de Julio: heridas
por donde surgió la aurora:
alta fecha vengadora
de las fechas ofendidas.
Caliente sangre de vidas
rotas por el heroísmo
cuando traición y cinismo
bailaban sobre un calvario…
¡Oh, rocío necesario
a la flor del patriotismo!
….
Es la voz de toda la tierra cubana:
-¡Gloria a la mañana
de la Santa Ana!
Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.










