CHOQUE DE TRENES
Una confrontación militar entre Arabia Saudita e Irán constituye un peligro global, puede provocar un desastre ecológico, desestabilizar el comercio petrolero mundial, y motivar una crisis energética. Sin que nada de eso haya ocurrido todavía, la tensión originada socava los esfuerzos por pacificar el Oriente Medio, y fortalece las posiciones de Israel y del Estado Islámico. Algo es seguro, no habrá ganadores.
Arabia Saudita e Irán son dos de los más antiguos, solventes, y militarmente poderosos estados del Oriente Medio, y descartando a Israel, se han convertido en las mayores potencias del área. Uno es árabe y persa el otro. El primero es sunita, el segundo chiita. Además los separa y enfrenta el hecho de que Arabia Saudita es el más antiguo y firme aliado estratégico de los Estados Unidos en la región, mientras que, desde 1979, Irán es un decidido adversario.
Con 2. 240.000 km² Arabia Saudita supera en territorio a Irán, que cuenta con 1.684.000 km². La población de Irán sobrepasa los 65 millones de habitantes, mientras su vecino alcanza unos treinta millones. Entre 1906 y 1979 Irán fue una monarquía constitucional, y es ahora una república islámica, mientras que Arabia Saudita ha sido siempre un reino. En los dos países más del noventa por ciento de la población es musulmana, chiitas unos, sunitas otros.
Con asistencia de las transnacionales británicas y norteamericanas, los dos países son potencias petroleras desde los años cuarenta del pasado siglo. Arabia Saudita cuenta con las segundas reservas certificadas, mientras el suelo iraní contiene la quinta. En ambos casos los hidrocarburos son la principal fuente de ingresos, con cifras que rondan el noventa por ciento.
En los últimos 70 años, a la vez que fortalecieron las relaciones con otros estados de la región, con distinto protagonismo los dos tomaron parte en los procesos políticos del área, entre ellos el panarabismo y la confrontación con Israel, ambos países adoptaron políticas de aproximación y dependencia a Estados Unidos, a los que apoyaron durante la II Guerra Mundial, Irán sirviendo como base para hacer llegar suministros a la Unión Soviética, y Arabia Saudita, abasteciendo de petróleo a los aliados.
En febrero de 1945 Franklin D. Roosevelt, a bordo del acorazado USS Quincy, se reunió con el rey Abdulazis (Ibn Saud), sellando una alianza estratégica todavía vigente, por la cual Estados Unidos se comprometió garantizar la seguridad del reino, mientras los saudís asegurarían el suministro de petróleo a Norteamérica, que lo pagaría en dólares.
Las fuerzas armadas sauditas están integradas por unos 200.000 efectivos, 150 000 de los cuales pertenece al ejército de tierra, que posee unos 18.000 carros de combate entre blindados y otros vehículos militares, una poderosa artillería, cohetería, y armamento antiaéreo. La Marina de Guerra cuenta con unos 40.000 efectivos, más 12.000 en la Infantería de Marina. La fuerza aérea, con más de mil aviones y helicópteros, es de las más voluminosas y mejor equipadas del mundo.
Entre tanto, el impresionante ejército de tierra de Irán cuenta con unos 350.000 efectivos permanentes, a los que puede sumar otro tanto de reservistas. La Marina de Guerra cuenta con 20 000 efectivos, 14 bases navales, y unos 500 navíos de diferentes destinos, entre ellos 24 submarinos, y fragatas dotadas con misiles. Su fuerza aérea posee más de 50.000 efectivos, 17 bases aéreas, y más de mil aparatos de combate.
El hecho de que la mayoría de los estados de la región se alineen con Arabia Saudita, que tiene como aliado y garante a Estados Unidos, e Irán lo haga con Rusia, añade dramatismo. Seguramente todos saben que la única manera de ganar una guerra es evitándola. Allá nos vemos.