La visita de Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos a Taiwán no es la primera provocación que soporta China y no la empujará a una ruptura ni a una guerra con Estados Unidos, tampoco la hará asumir derroteros que no son los suyos. El gigante asiático escoge sus batallas y no irá donde la quieran llevar, sino donde ella quiera ir.

Durante la II Guerra Mundial, Estados Unidos, China y la Unión Soviética fueron aliados. Entonces la República Popular China y el problema de Taiwán no existían. En 1945, representantes de Chiang Kai-shek, en nombre de los Aliados, aceptaron la rendición de las tropas japonesas en Taiwán, lo cual, se asumió como la reincorporación de la isla a China, cosa después no fue reconocida por Estados Unidos.

El fin de la guerra que dio paso a una auspiciosa era que significó la descolonización, una etapa de prosperidad económica sin precedentes, un ambiente de paz, restablecimiento de la democracia y las instituciones con imperio del derecho; no obstante, dejó cicatrices como la división de Vietnam, Alemania y Corea.

El caso de China y Taiwán es diferente porque la situación creada, aunque tuvo relación con la II Guerra Mundial, no se derivó directamente de ella, sino que fue resultado del enfrentamiento de corrientes políticas nacionales que dieron lugar a una guerra civil en la cual resultaron triunfantes las fuerzas encabezadas por el Partido Comunista dirigido por Mao Zedong, que en proclamaron la República Popular China, mientras las fuerza nacionalistas encabezadas por Chiang Kai-shek, se replegaban a la isla de Taiwán donde establecieron una entidad que, convencionalmente denominaron República de China, hecho reconocido por Estados Unidos.

Chiang no asumió la independencia de la Isla como programa porque su meta era la reunificación del país bajo su égida. De hecho, para todas las partes se trataba de una situación provisional.

Durante la Guerra de Corea (1950-1953) la administración de Harry Truman incrementó los vínculos con Taiwán, incluida la ayuda económica y militar, la presencia militar en la Isla y el patrullaje de la Séptima Flota. En 1954 se firmó un Tratado de Defensa Mutua entre Washington y Taiwán, momento en que Zhou Enlai, primer ministro de China, declaró que la liberación de Taiwán era uno de los principales objetivos de su país.

Un momento crucial en las relaciones entre Estados Unidos y Taiwán fue en junio de 1960 cuando el presidente Dwight D. Eisenhower visitó la Isla donde fue recibido por una multitud y por Chiang Kai-shek en calidad de presidente de la República de China. En 1961 el presidente John F. Kennedy y el vicepresidente Lyndon Johnson se reunieron con el vicepresidente de la República de China.

Asumida con pragmatismo por todos los tres actores vinculados con ella, el 25 de octubre de 1971 la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 2758 la cual reconoció a la República Popular China como “único representante legítimo de China ante las Naciones Unidas”, con lo cual, automáticamente cesó la presencia de Taiwán en el Consejo de Seguridad y en todos los organismos de la ONU.

Ello no significó la ruptura de Estados Unidos con el gobierno de Chiang Kai-shek. El 10 de abril de 1979, el presidente Jimmy Carter promulgó la Ley de Relaciones de Taiwán y creó una entidad gubernamental para la conducción de relaciones no oficiales con ella lo cual incluye el comercio, y el suministro de material militar. En 1982 Ronald Reagan ofreció garantías a Taiwán de que Estados Unidos no aceptaría el reclamo de China de soberanía sobre la Isla y en 2001 el presidente George W. Bush declaró que Estados Unidos haría lo necesario para ayudar a Taiwán a defenderse.

En 2002, el ministro de justicia de Taiwán Chen Ding-nan fue el primer funcionario de alto rango del gobierno de Taiwán recibido en la Casa Blanca después de que los Estados Unidos dejaran de reconocer a Taiwán.  En 2012 el subsecretario de defensa Hash Carter saludó al representante de Taiwán en los Estados Unidos Jason Yuan. En 2015, la administración de Obama autorizó la venta de armas por casi dos mil millones de dólares y dos años después la Cámara de Representantes aprobó la Ley de Relaciones con Taiwán y la de Transferencia de Embarcaciones Navales. En 2018 Estados Unidos realizó nuevas ventas de armas.

En 2016, el presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump aceptó una llamada de felicitación de la presidenta de Taiwán y en 2018 firmó la Ley de viajes de Taiwán, permitiendo intercambios diplomáticos de alto nivel entre funcionarios taiwaneses y estadounidenses.

 En todos los casos, oportunamente República Popular de China ha expresado su desaprobación y emitido las correspondientes advertencias.

 Provocada y ofendida, China resiste y decide continuar su avance, esperando no tiempos mejores para la venganza que no es su estilo, sino exhibiendo una madurez que cuando sea alcanzada por otros actores hará del mundo global una entidad viable. Allá nos vemos.