Un enfoque erróneo es considerar que los problemas de salud constituyen problemas individuales o, cuando más, confinados al campo de la medicina. Sin embargo, los problemas de salud están íntimamente vinculados al funcionamiento de toda la comunidad y a los problemas sociales en todas partes del mundo. Muchas enfermedades están ligadas directa o indirectamente a la pobreza o al hecho de pertenecer a una minoría racial o étnica. El SIDA, o la drogadicción, por ejemplo, requieren para combatirlos no sólo una coordinación global sino también el encontrar soluciones a los problemas sociales que favorecen su aparición y diseminación.
Existe sin duda una relación inversamente proporcional entre la salud y la clase social a la que se pertenece. En el sector de la población que se encuentra por debajo de la línea de pobreza, la mortalidad infantil es más alta y se presenta una mayor incidencia de toda una serie de patologías como afecciones respiratorias, diabetes, deficiencias nutricionales, artritis, incapacidades físicas, enfermedades infecciosas y mentales. Por otra parte, mientras más abajo en la escala social mayor es la probabilidad de ser víctima de accidentes y de actos criminales.
La esperanza de vida aumenta cuando se tiene mejor acceso a servicios médicos de calidad, a una dieta más variada y nutritiva y a una más amplia información sanitaria; cuando se vive en casas más confortables e higiénicas, se realizan trabajos menos agotadores, peligrosos y alienantes, se dispone de más tiempo para el descanso y la recreación, y se poseen los medios para viajar y disfrutar de los deportes, el arte y la cultura en general.
Los servicios de salud en Estados Unidos se corresponden con el sistema de estratificación de la sociedad. La distribución de los servicios médicos y su calidad siguen una pauta comercial y se fundamentan eminentemente en el lucro y no en la necesidad. La ganancia como base de las prestaciones de salud es mucho más notable en Estados Unidos que en el resto de los países desarrollados.
Las desigualdades de clase se acentúan en relación con la pertenencia a minorías étnicas o raciales. Las minorías reciben generalmente cuidados de salud de menor calidad que la población blanca, incluso en aquellos casos en que los ingresos son similares y sus seguros médicos ofrecen, en teoría, la misma cobertura.
Los amplios recortes a los programas de asistencia social realizados por la administración Reagan dejaron trágicas secuelas ya que los trabajadores de bajos salarios no pudieron pagar el alto y creciente costo de los seguros médicos privados y, al mismo tiempo, quedaron excluídos de la ayuda gubernamental.
El que carece de seguro de salud puede, en caso de emergencia por enfermedad o herida grave, acudir a los hospitales estatales o del condado. El problema consiste en que estos hospitales suelen quedar muy lejos de donde vive el paciente, están siempre abarrotados, carentes de personal y sus presupuestos no alcanzan para cubrir todas las necesidades. No es de extrañar, por tanto, que los hospitales a donde van los pobres tengan las tasas más altas de mortalidad.
Cualquier intento de reforma se enfrenta a la oposición de poderosas corporaciones médicas, farmacéuticas (“Big Pharma”), empresariales y de compañías de seguros, principalmente. Las tímidos cambios intentados por la administración Clinton en 1993 fueron bloqueados por los intereses que actúan a través del Congreso.
La reforma de salud de la administración Obama tendrá que superar todavía muchos obstáculos, y existe el peligro de que una administración republicana, de ganar las elecciones de noviembre, la revoque. La ley es muy importante porque aumenta notablemente la cobertura de los servicios médicos y es un alivio para la población más necesitada pero, no exageremos su potencial de cambio, la nueva ley no resuelve ninguno de los graves problemas estructurales del sistema de salud, problemas que se derivan de una estratificación social altamente polarizada, una injusta distribución de la riqueza y desigualdades institucionalizadas.
En el mejor de los casos, si la reforma logra al fin consolidarse, estará todavía muy lejos de satisfacer el principio de que el pueblo tiene derecho a recibir servicios de salud universales y gratuitos, principio que sólo en la pequeña isla asediada del Caribe se aplica de manera integral y consecuente.










