Las dificultades que se generan en el sistema capitalista en muchas áreas, son previstas en los manuales de economía, pero hay traquimañas que solo son de costumbres y se aplican donde también el usuario y consumidor no nota que están pagando más por lo mismo o menos. Hace pocos años un diario local en español costaba 25 centavos ya hoy vale $ 1.25 entre semana y $ 2.00 los domingos.
Otro ejemplo en el caso de la prensa. Recuerdo las épocas en que el diario de mayor circulación local, era abundante, sobre todo los jueves y domingos, cuando se publicaban las páginas de propaganda. Una vez pesé esos periódicos en esos días y ambos pesaban cerca de dos y tres y media libras respectivamente. Hoy vemos que el mismo, es más reducido de tamaño y tiene unas escasas páginas, incluyendo muchas de anuncios y no de noticias
Desde que comenzaron estas dificultades que en casos llegaron a ser crisis y que son cíclicas en el sistema capitalista, hace unos escasos años, los negocios de atención al cliente, como los restaurantes, comenzaron a recortar la cantidad de comida a servir haciendo ver que se brindaba lo mismo sin subir los precios. Me explico, por ejemplo, se redujo el tamaño de los platos en una pulgada o más de diámetro, aunque se servía menos comida, los clientes al ver los platos rellenos como antes de la reducción, nunca notaron la diferencia, pero la realidad es que se comenzó pagar lo mismo por menos, claro no se aumentaron los precios y la cosa pasó inadvertida y así se ha quedado.
Inclusive los productos enlatados. Las latas son más pequeñas que antes, el precio es parecido, pero la cantidad es menor. Los más frecuentes y que sirven de ejemplo, son las latas de leche, condensada y evaporada y las salchichas, que a simple vista se notan más pequeñas que antes.
Todos estos son los trucos para explotar más el sistema de oferta y demanda. El pueblo es quien paga “los platos rotos” siempre.
Se acerca la hora en que se nos hacen contar
La emigración de cubanos es un hecho con mucha trascendencia. Es un grupo muy importante que habita fuera de la patria. No dispongo de una cifra certera, pero siguiendo a más conocedores del tema, puede considerarse que la presencia de cubanos por todo el mundo puede superar los dos millones de personas, incluyendo sus descendientes.
Las autoridades cubanas desde hace mucho tiempo, y de comienzo por los años 1978 y por iniciativa del propio Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, buscaron las formas de acercamiento de esa diáspora y su nación, con encuentros periódicos realizados en La Habana y otros en el mismo Washington D.C y New York, cada año. En estos se trataban con mucha camaradería y respeto mutuo entre los invitados y los representantes oficiales de Cuba.
Pero ahora mismo, con la discusión y posterior aprobación de la Nueva Constitución de la República de Cuba se da participación a esa amplia diáspora cubana, sobre todo donde más cubanos hay después de La Habana, en Miami, Florida.
Este gesto es de suma importancia pues se cuenta con “los que se fueron” y no solo con “los que se quedaron”, como detalla el querido escritor y periodista cubano ya ausente, Luis Baez en su libro de similar título.
Es una gigante verdad que nadie puede tratar de ocultar, que el solo hecho de haberse quedado a construir esa difícil nueva sociedad, tiene un peso, mucho mayor que cualquier otro evento. Pero tampoco, sin entrar en competencias, podemos sacar de esta cuenta, que pasarse décadas defendiendo esa Revolución Cubana dentro de las capitales del terrorismo anti cubano, Miami y Washington, es algo que por sus meritos, tiene también que tenerse muy en cuenta para la historia. Al menos algunos nos sentimos como aquellos emigrados cubanos que seguían a Martí en este territorio en el siglo XIX.
Así que todos los nos leen y escuchan, a acudir a nuestro local de la Alianza Mariana este domingo 26 de agosto a la una de la tarde a comenzar a aportar con nuestra presencia, discusión y atención a esta nueva Constitución de la República de Cuba. Recordando siempre que es una muestra de confianza a nosotros, de parte de “los que se quedaron”
Les habló, Roberto Solís Ávila










