Bernie Sanders la muestra del cambio
No apostamos entonces por una ganancia segura de Bernie Sanders como el candidato definitivo a la Presidencia por ese Partido, pero de no ser el designado, indicamos la necesidad que tendría quien fuese electo para la contienda, de pactar con la izquierda demócrata y la de los independientes.
Ahora las cosas han cambiado aún más y para muchos analistas, la seguridad de que Hillary resulte la candidata para la continuidad de la política tradicional, se pone en dudas. Algunos ya aluden a la posibilidad de que Joe Biden reconsidere su candidatura por el Partido, obstruyedo así la designación de Sanders. Esta opción nace del último debate entre Hillary y Sanders, donde la primera defendió a capa y espada la política integral de Obama, mientras Sanders abogó por controlar y regular Wall Street, juzgar si es necesario a los especuladores, reducir el tamaño de esas compañías que en el dicho de la “política correcta” “ son muy “grandes para dejarlos hundir” y universalizar el seguro de salud, controlando los precios de las medicinas, los cargos médicos, los precios hospitalarios y la actividad bursátil de las aseguradoras. De acuerdo a todos los críticos y a nosotros, el debate de ideas lo ganó Sanders.
Las diferencias de opinión mostradas en este debate, lo cual no es nuevo, pero que nunca había sido expresado con tanta claridad, marcó un punto de no retorno en cuanto a coincidencias se refiere en relación a los anteriores. Y Sanders ha mostrado estar lejos de quienes en un momento dicen haber dicho “digo” donde dijeron Diego. Incluso sobre el derecho a portar armas, lo cual sus defensores genuinos y tradicionales no lo defienden por la necesidad ciudadana de protegerse de los delincuentes, sino como parte del deber cívico de rebelarse contra el gobierno cuando éste asume conductas que contravienen las libertades públicas, es un asunto que Sanders defiende a su manera y en contra del credo del Partido Demócrata. Estamos sin dudas ante un animal político diferente y no precisamente ante la disyuntiva entre evolución o revolución como también quieren interpretarlo algunos analistas, porque la Revolución estadounidense comenzó en 1783 y evoluciona a través de la propia maquinaria creada. La Constitución aprobada en 1787 y sus primeras diez Enmiendas, conocidas como la Declaración de Derechos, sentó bases para lo que ha sido y vaticina seguir siendo una Revolución Permanente, salvando la distancia con la definición de León Trotsky Se trata en este caso, de un proceso evolutivo que se renueva por etapas y que, en mayor o menor tiempo, intenta resolver las contradicciones, siempre con relativo éxito. La conciencia ciudadana haciendo uso de políticos, también evolucionados con el tiempo, es la que hace posible esa renovación.
La conciencia estadounidense está en un proceso de cambio acelerado que muy probablemente mostrará resultados en poco más de una década. La juventud actual no es la misma. El propio fenómeno Trump, quien tampoco representa la línea del conservadurismo del Partido Republicano, es otra muestra de esta aseveración y representa la desesperación de una maquinaria política envejecida.
Desde 1783 en adelante el país ha ido evolucionando recurriendo por momentos históricos a sacudimientos socio – políticos y económicos, que han afinado el rumbo y cuyo resultado, en cada una de esas oportunidades, ha otorgado más beneficio para un porcentaje de ciudadanía cada vez más amplio. Aun cuando la concentración de la riqueza en la famosa cúpula del uno por ciento ha continuado, aunque paradójicamente es hoy porcentualmente similar a la década del veinte*, la formación y crecimiento de una capa intermedia no ha cesado. Esos temblores socio-políticos han sido muchos, algunos de ellos tan dolorosos como la Guerra Civil de 1861.
La llegada del Siglo XXI, con el cambio cualitativo de la ciencia y la tecnología y a las puertas de una Tercera Revolución Energética; la amplia información existente, extendida a las universidades y otros medio académicos y laborales, al margen de las distorsiones de una prensa que aún dista mucho de estructurarse en función de los mismos y cuyo mercantilismo no termina por apagarse a pesar de las redes sociales, están poniéndole los últimos clavos al ataúd del pasado y dándole la bienvenida a una nueva criatura. Ha ocurrido a lo largo de los tiempos y con la elección de Obama y a partir de ella, parece haber comenzado una de esas etapas. Elegir a un negro Presidente de Estados Unidos, la sociedad que por más de 200 años ha sido impunemente racista y excluyente; quien expresaba además un discurso progresista, tendió puentes para salvar obstáculos ideológicos y comenzar el desmonte de infraestructuras y maquinarias políticas contraproducentes.
Bernie Sanders difícilmente resulte electo como candidato del Partido Demócrata, mucho menos Presidente de Estados Unidos. Para evitarlo se pondrán en marcha los mecanismos más conservadores, pero su presencia pública, su éxito aglutinando mayorías, a contrapelo de un honesto discurso que habla de socialismo y revolución, que no ha aceptado financiamientos de los poderosos para su campaña, es ya suficiente para indicar que hay movimientos al interior de las capas teutónicas de la sociedad estadounidense.