Desde hace mucho, pero mucho tiempo que las leyes se han ido creando para preservar las sociedades y estas casi siempre han sido a favor de los habitantes, ya sean desde sobre el medio ambiente, hasta como las simples violaciones de tránsito.
Pero así mismo han habido baches o espacios no cubiertos por las mismas, que en al andar del tiempo han resultado causantes de problemas y que después se tratan de resolver a la carrera.
Así es al caso de los graves asuntos relacionados con los edificios de propiedad apartamental, más conocidos por “condominios” en el argot anglo hispano.
Estos dueños de los espacios individuales de los grandes edificios que fluyen en las localidades urbanas, hoy, o mejor dicho desde hace muchas décadas, han sido objeto de abusos por los que integran las asociaciones de las barriadas privadas. El oportunismo, el fraude, los “beneficiosos” contratos para algunos servicios, como techos, pintura exterior, reparación de calles y aceras, jardinerías, etc., son varios de los objetivos por lo que grupos selectos encargados de el supuesto “bien colectivo”, abusan de sus representaciones en esos cargos ya que poseen la total autoridad de decidir por todos los residentes y dueños en estas vecindades, en cuanto a determinados negocios se refiere, para los cuales los habitantes pagan mensualidades fijas.
Mientras en esta área se realizan grandes cosas, como la diversión de jóvenes en noches espectaculares que proveen a la vez de centenares de millones de dólares al fisco, los hechos como los “delitos” no calificados aún como tales, se mantienen por centenares de violaciones entre los lugares precisamente donde viven esa cantidad importante de personas.
Las manifestaciones de protestas cada vez son mayores usando este medio social para exigir y tratar de llamar la atención a las autoridades pertinentes. Estos actos junto a otras formas legales de adquirir espacio entre los leguleyos de Tallahassee, han tenido resultados y hoy se platea crear nuevas leyes que protejan a los ciudadanos de esos lugares ante los fraudes y marañas abusadas por los que les representan.
Pero cuidado que ahí están sus abogados del diablo, vigilantes para entremeterse, como es costumbre, en lo que pueda servir de escudo a las malas intenciones, precisamente de las cuales se nutren estos profesionales.
Hoy alertan para que no se deban convertir en delitos, cosas simples como estos abusos de marras y así no se lleven a tribunales ni sean castigadas hasta con cárcel, estas violaciones de los derechos públicos. Estos defensores, de los delincuentes que roban dinero, falsifican firmas y otras “cositas” más, solicitan a manera de exigencia, que sigan siendo tratados con las “leyes existentes” y no como delitos comunes. O sea darles una palmadita en las nalgas y decirles, “eso está mal hecho, no lo vuelvas a hacer” y sigue la noria delictiva girando por sus derroteros como siempre ha sido
Queda por lo tanto en manos de los legisladores del Estado resolver estas demandas de sus votantes lo más rápido y justo posible sin dejarse amenazar por los que se creen dueños del poder por su condición profesional – los abogados – casi siempre vendidos al mejor postor.
Les habló, “Desde Miami” Roberto Solís.